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José Jordi Veras R.

José Jordi Veras R.


Con el sistema que tenemos


  • 05.08.2019 - 06:42 pm

Haciendo memoria de aquella ocasión en que se discutía la entrada de en aquel entonces el actual Código Procesal Penal que vendría a sustituir el de Procedimiento Criminal Francés que nos había regido por tanto tiempo.  A más de una década mendigo preguntando, qué hace la diferencia de que una ley; normativa; Constitución; pueda ser efectiva más en un país que en otro.  Porque aún con adecuaciones en Francia funciona el sistema; en otros países que se han desarrollado han contado con un sistema que regulado por medio de la dictadura de la ley y el respeto a las instituciones ha sido posible ver una sociedad que se mueve basado en el orden.
  
Para los que pueden discurrirme sobre el vetusto Código Criminal, entonces vamos a voltearle la tortilla, el mismo Código actual, que es utilizado en otras naciones latinoamericanas como modelo, funciona a nivel social y operativo que en nuestro país. Por qué en Perú si fue posible obtener de las delaciones mayores logros en casos como el de Odebrecht?        

Me pueden decir que existe un Ministerio Publico con ciertas prerrogativas que aquí no la poseemos. Pero siempre habrá algo que nos falte a nivel legal, sin embargo, les aseguro que en materia de leyes podemos estar por encima de muchos países y el problema no es de lo que tenemos o no tenemos, es de la voluntad que exista y de querer manera implementamos lo que tenemos a mano.
   
Volviendo al tema del Código De Procedimiento Criminal, no buscamos volver a un sistema penal anterior, sino hacer comprender que nuestro problema fundamental como sistema no ha sido, niña estado básicamente en los estamentos legales, sino en la aplicación y en la disposición que tenemos de voluntad política y social y del deseo qué hay de tener algo mejor.  
   
De ese viejo Código se decía que creaba muchos reenvíos y permitía la violación de derechos humanos al crear la desigualdad.  Pero, con el actual, cuántos reenvíos no se dan; se ha creado la idea de que la normativa tiende más a proteger a los imputados que a víctimas. Entonces es en otro lado que debemos buscar la mejoría, la “fiebre no está en las sábanas”.
   
La semana pasada salió en el editorial del Diario Libre el siguiente artículo que creo era parte de su editorial, expresaba lo siguiente:

“Una Justicia con propósito
31 / 07 / 2019, 12:00 AM
“Lo primero que le enseñan a todo el que estudia derecho, es que la misión de la justicia es restablecer la armonía social.

El crimen rompe “el orden natural” de la vida social y es deber del sistema de justicia restaurarlo. Sea por medio de un juez, de un consejo de ancianos en la tribu, o por un caudillo, la finalidad del orden judicial, sin importar quién lo ejerza, es devolver el orden a la sociedad.

Pero, de buenas a primeras, eso ha cambiado.
Ahora, el primer deber de la Justicia es garantizar los derechos de los acusados, independientemente de lo que le pase a la sociedad.
   
Nadie niega que todo acusado de un crimen o de un delito tiene derecho absoluto a un juicio justo, que esté rodeado de todas las garantías para evitar una injusticia, pero ese objetivo no debe hacernos perder de vista el objetivo último del derecho que no es otro que la paz social.
   
¿Cuáles son las principales críticas que se le formulan a los nuevos códigos “garantistas”? Que ponen primero los derechos de los acusados que los de las víctimas o los de la protección de la sociedad contra los delincuentes.
   
Saint-Exupéry ha dicho que “la justicia es el conjunto de las normas que perpetúan un tipo humano en una civilización”. ¿Qué tipo humano queremos perpetuar en esta civilización? ¿El delincuente que se pasea por la Justicia como en una puerta revolvente, o el ciudadano que espera lograr la paz del justo ejercicio de la justicia?
La Justicia tiene que tener un propósito que no puede ser otro que lograr la mejor sociedad posible por medio de la Ley.”
   
Como podemos ver, nuestra principal debilidad no ha sido la ausencia o falta de disposiciones y normativas que rijan una determinada realidad social, sino, que nos hemos acostumbrado a no vivir, ni tampoco aplicar de manera adecuada lo que expresa precisamente nuestra disposiciones. Hemos carecido de voluntad política, que brinde buenos ejemplos  y este dispuestos a respetar el orden institucional. Y asimismo, no se han creado las bases para que las costumbres sobre el respeto al orden y a cada institución se cumpla entre cada ciudadano. Si queremos una mejor sociedad, debemos darnos cuenta que no solamente está en prometer o exigir, sino, en que se haga dentro del día a día de un país que pide a gritos su mejoría.


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