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Redacción

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Cuidado con las “ejecutorias”


  • 13.04.2021 - 04:15 pm

La nación dominicana está siendo desafiada por diversos frentes que de no abordarse de forma coherente, práctica y eficiente, pueden hacer diluir la acción de gobierno, responsable de conducir los destinos nacionales. 

Primero la salud, la normalidad social y económica están desa­fiados por la pandemia del coronavirus, la cual, pese a todos los operativos sanitarios, se mantiene y se mantendrá por un tiempo que luce indefinido. A esa pesada realidad se une ahora la inusitada reaparición de la industria clandestina de bebidas alcohólicas adulteradas, causante de la muerte de decenas de personas y la intoxicación de más de un centenar de ciudadanos.  

La pandemia también acentúa los desafíos para la economía pese a ciertos indicadores que imprimen algún nivel de entu­siasmo. Esos desafíos tienen relación directa con los problemas del empleo y el nivel de ingreso real de la masa trabajadora reducido por la crisis. Los anuncios del gobierno sobre la creación de empleos como objetivo, no es suficiente para modificar ese cuadro preocupante, así como preocupante es la escalada alcista de los precios de los alimentos y productos.

A ese cuadro socioeconómico se le añaden los desafíos generados por la decisión de institucionalizar el país contra la corrupción y la impunidad, así como contra la inseguridad ciudadana, efecto inmediato de la crimina­lidad y delincuencia organizada y no organizada. El gobierno, atendiendo los reclamos de la población y a sus propios compromisos, ha asumido iniciativas para una justicia independiente, en capacidad de combatir esos males y enrumbar a la nación hacia una institucionalidad democrática que asegure el desarrollo y la paz social.

El anuncio de una reforma de la institución del orden público como medio para alcanzar el saneamiento institucional del país, no solo alimenta las expectativas del cambio, sino que al mismo tiempo agrega una línea de acción que podría desembocar, de no ser práctico, en un alto nivel de frustración, si no se cumple el compromiso hecho por el Presidente de “realizar la Reforma Policial cueste lo que cueste” y el “Plan Nacional de Seguridad Ciudadana”.

Frente a esas complicaciones, el Gobierno cuenta con un buen capital: la honestidad y actitud sana del Presidente que le genera aprobación de su gestión. Y puede contar, además, de ciertos recursos provenientes del endeudamiento externo no ejecutado todavía, que pudiera aplicarlo para elevar el nivel de “Ejecutoria”, sobre todo en relación a los grandes proyectos anunciados tales como son “La carretera del Ámbar”; “el desarrollo turístico de Bahía de Las Águilas”, y el Polo de desarrollo de Manzanillo”. A esas ejecutorias se le podría añadir, a través de Obras Públicas y del INDRHI, la terminación de obras inconclusas del gobierno pasado, entre ellas “la Presa de Monte Grande”.

Hasta ahora el gobierno ha puesto a volar a gran altura su “departamento aéreo”, lo que debe complementarse con la “infantería tractoril” que aterrice en “ejecutorias” que sean visibles a los ojos de la población.

¡Qué se “aterricen” las ejecutorias visibles!  


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