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Redacción

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Difícil lucha contra la corrupción


  • 13.10.2020 - 12:00 am

En la agenda de la Sociedad Civil y de algunos partidos políticos, incluyendo el actual partido de gobierno, se tiene como una de las prioridades la lucha contra la corrupción y la impunidad. Esa prioridad comparte los primeros lugares en importancia, junto con la necesidad de que el Estado impulse la economía para su desarrollo, al tiempo de que se fortalezca la instituciona­lidad en base al respeto a la Ley.  

En ese orden, y respondiendo a esas expectativas, el Presidente Abinader recorre las diversas provincias y regiones del país      llevando esperanza, mediante el anuncio de iniciativas para impulsar el turismo y los renglones conexos de la economía, para reactivar el ritmo del crecimiento alterado por los efectos nocivos de la pandemia del Covid-19.

Conjuntamente con esa dinámica oficial, pende sobre el gobierno y todo el Estado, la expectativa del efectivo combate a la co­rrupción y la impunidad, que de acuerdo a ciertos grupos debe comenzar con la persecución judicial a los implicados o señalados en los casos más sonoros de corrupción ocurridos en el pasado y que están pendientes de acción de parte del Ministerio Público, el cual fue constituido garantizándole su independencia, para elevar su efectividad en la persecución del delito y la corrupción.   

Esa labor se hace aun más necesaria para que también se persigan los pequeños y recientes escándalos de eventuales hechos de corrupción, protagonizados por funcionarios perteneciente a la presente gestión de gobierno, de modo que se cumpla el propósito del Presidente de combatir la corrupción pasada y también la presente, de tal manera que se sientan las bases para una fuerte institucionalidad judicial en el país, que es una de las principales falencias de la débil instituciona­lidad democrática de la nación.

Esa misión, no obstante, será sumamente difícil de cumplirla a cabalidad porque la corrupción no solo responde a desviaciones morales de las personas, sino que forma parte de todo un sistema social, sustentado en toda una cultura de la corrupción y en un tejido social que ha penetrado en todo el aparato del Estado.

Esa situación hace que muchos agentes de la corrupción se ex­presen a través del poder mediático, justificándola y dictaminando la dificultad de combatirla por los problemas de las “pruebas” y porque la corrupción define la “realidad” que se impondrá frente al ideal de una sociedad saneada y liberada del cáncer de la co­rrupción.

Sin embargo, la sociedad dominicana y el actual gobierno están compelidos a llevar a cabo una decidida cruzada contra la corrupción y la impunidad, conscientes de que la efectividad en esa lucha, será el mayor legado que habrán de dejar a las futuras generaciones por venir, para que puedan vivir en un clima moralmente saneado y en una sociedad con mayor nivel de seguridad ciudadana y jurídica, y con mayor nivel de equilibrio social y prosperidad para todos.

El gobierno, en consecuencia, tiene por delante dos grandes desafíos: el combate de la pandemia del coronavirus; y el combate de la pandemia de la corrupción pasada y presente.

¡Esas son las dos grandes misiones inmediatas!


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