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Aquiles Olivo Morel

Aquiles Olivo Morel


El 5 de julio próximo: Pobres contra clase media


  • 01.07.2020 - 12:00 am

Una vieja tradición establece que “nada está escrito sobre piedra”, mas allá de los 10 mandamientos entregados a Moisés directamente por el Dios de los judíos,  en los días de la liberación de la esclavitud y su larga caminata, a través del desierto en su camino a la tierra prometida. Sin importar la certeza de las encuestas, en las actividades humanas siempre queda la brecha para la misma naturaleza encontrar el cauce por donde transitaran los acontecimientos sociales. Las firmas encuestadoras de más prestigios fueron publicadas y apenas 3 días para el cierre definitivo de la campaña electoral los vaticinios parecen apuntar a que en este certamen electoral los dominicanos irán a las urnas en una sola ocasión para decidir quién habrá de dirigir el país a partir del 16 agosto próximo. 

Los estrategas de la oposición confiados en estas perspectivas no creen que el involucramiento del presidente de la Republica repentinamente en el proceso electoral pueda alterar este escenario. Los números -27 puntos porcentuales- expresados por los estudios parecen infranqueables para ser remontados en un tiempo tan breve. 

El Presidente de la Republica se incorporó a este proceso haciendo un llamado a sus principales dirigentes a ir  “a las calles”, en un esfuerzo donde procura compactar a sus principales dirigentes en sus respectivas demarcaciones,  en torno a los colegios electorales, los cuales deben ganar. 

Este “Atípico” certamen electoral viene precedido de unas series de traumas, los cuales por momento hacían imposible conformar un escenario político favorable para el gobierno, quien debió administrar los recursos para afrontar una crisis sanitaria; también, fue sacudido por la interrupción de las elecciones municipales, cuyas causas y consecuencias aún no se han establecidos con claridad; y, por supuesto, la división del PLD, luego de las traumáticas Primarias del 6 de abril, donde el partido oficialista fue incapaz de evitar la partida de sus filas de su presidente, el Doctor Leonel Fernández. 

Cuando finalmente el cuadro electoral de fue conformándose ya la oposición había logrado aprovechar los errores de un PLD dividido, agotado por las energías consumidas en ese fallido proceso democrático interno.  A seguida sufrieron el impacto en las elecciones municipales: Las principales demarcaciones, donde los presupuestos municipales son más significativos fueron arrebatados por una oposición decidida a levantarse después de 20 años sin el manejo de alguna alcaldía significativa.

La crisis sanitaria permito al candidato oficialistas realizar denodados esfuerzos para asumir y fortalecer la debilidad de un partido divido. En una evaluación del Comité Político (CP), en su informe las comisiones establecieron que el impacto de la salida del ex Presidente de la Republica y otros dirigentes importantes,  apenas impactaron al PLD en un 10%, cuantificación que podría ser cierta, no así el aspecto subjetivo causado por quien estuvo al frente del Estado en tres ocasiones seguidas. 

Resulto extraño para el mercado electoral la irrupción de un Leonel Fernández elevando el color de una nueva bandera bajo la consigna: Se van!, un grito de guerra muy llamativo, el cual debía ser asimilado por quienes durante todos estos años les siguieron en sus exitosos recorridos. 

Todas estas situaciones aún siguen latiendo en torno a los electores. Ahora bien. ¿Hasta qué punto podría estar el pueblo dominicano decepcionado del PLD, cuando el Presidente Medina puede exhibir unas de las obras de gobierno de mayor relevancia de toda la historia? ¿Cómo pudo ser posible que un partido de un posición de 41 a 45% hace algunos días atrás,  de repente sufre una caída estrepitosa en el mercado electoral? ¿La intención de salir del PLD guarda algún tipo relación por la distorsión causa por partida del ex Presidente de la Republica, quien de inmediato concertó una alianza en 24 provincias en la boleta senatorial? 

Otra observación importante se refiere a la forma en que el gobierno dominicano logro afrontar la pandemia causada por el Covid19; desarrollo una política de concertación con los sectores empresariales; fue capaz de actuar con celeridad con los planes sociales para mitigar los efectos nocivos sobre los sectores más vulnerables; evitó  el quiebre total de los sectores productivos con el apoyo a las medianas empresas, protegiendo a los trabajadores con sus salarios; dispuso de la dotación de insumos médicos en todos los hospitales y fue rápidamente atender las condiciones de los trabajadores de la salud. En fin, la manera en que el Presidente Medina asumió la crisis sanitaria fue reconocida por amplios sectores de la vida nacional e internacional, incluyendo los organismos responsables de la salud de los países. 

Resulta pertinente suponer que la evaluación, por parte de los electores, muy a pesar de la estadía prolongada del PLD en la conducción del Estado dominicano, no se corresponde con la realidad. Tampoco, resulta juicioso ignorar la existencia de una tercera fuerza electoral emergente –Fuerza del Pueblo (FP)- con suficiente empuje como para succionar electores desde todos los litorales, dado su carácter de novedad en el mercado, y, obviamente el hecho de ser capitaneada por un ex presidente de la república. 

Estas y otras razones ponen en dudas una definición electoral en primera vuelta, muy a pesar de los pronósticos de las encuestas. Sin embargo, las mismas encuestas evalúan la figura presidencial por encima del 60%, sea en su imagen como en su gestión al frente del gobierno. Su incorporación reciente a la campana electoral con su participación directa en las actividades proselitistas constituye otro factor para restar posibilidad a la concreción de una definición el 5 julio próximo. 

En mi opinión: el rápido ascenso de la oposición, en apenas unos cuantos días,  venciendo el estancamiento para alcanzar el 50% + 1 crea una especie de atracción a quienes no tenían claro por quien votarían. A este fenómeno se le denomina efecto de cola, favoreciendo la idea de la primera vuelta. Otro elemento consiste en la fluctuación de la intención del voto; la capacidad del gobierno para optimizar su simpatía, una especie de voto cautivo y decidido acudir a las urnas. Nadie en su sano juicio ignora la eficacia de empujar los electores a las urnas, esa capacidad de movilización del voto podría ser la diferencia. 

Todo conlleva recursos y quien posee la logística para desplegar a toda la capacidad y remolcar a los electores sin dudas algunas se trata del gobierno, quien además conoce a cabalidad que sus fortalezas no se encuentran en la clase media, sino en los marginados los favorecidos con los programas sociales, las ayudas y la tanda extendida, en caso de la educación. La clase media exhibe con firmeza las inconformidades ocasionadas por los temas pendientes, como el caso de Odebrecht entre otros escándalos de corrupción, a los cuales los gobiernos del PLD no le dieron respuestas. 

El 5 de julio próximo: Pobres contra clase media. Un panorama donde la idea de la segundo vuelta no parece, pues, tan remota. Los esfuerzos del gobierno en la mitigación de las condiciones de la gente pudiera revertir la idea de definición el 5 de julio, tal como esperan o abrigan algunos. De todos modos, como ya el domingo se tiene el final de este tortuoso proceso no habrá que esperar tanto para conocer cómo se comportara el pueblo dominicano en esta nueva oportunidad cívica.  


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