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Aquiles Olivo Morel

Aquiles Olivo Morel


El capitalismo en una prolongada pausa


  • 02.09.2020 - 12:00 am

La Directora Financiera de Hawái (Meng Wanzhou)) fue detenida en Canadá. Ella hacia un viaje para vacacionar y al propio tiempo enterarse de lo potencial que podría ser establecer una planta de producción, a apenas unos cuantos kilómetros de las fronteras con los Estados Unidos. Cuando su detención ocurrió la discusión internacional giraba en torno a los beneficios que supondría la conexión 5G y se daba por un hecho que la delantera en esta sorprendente tecnología para hacer del internet una herramienta con capacidad insospechada la llevada el Gigante Asiático, tal como se le viene conociendo a China desde hace un tiempo atrás.  

Meng Wanzhou, quien es la directora financiera de la compañía, fue arrestada en Vancouver el 1 de diciembre. Los detalles sobre el arresto no fueron divulgados, pero Estados Unidos investigaba a Huawei por una posible violación de las sanciones contra Irán. 

Además de las pocas informaciones respectos a los cargos jamás pudo conocerse a cabalidad si se trataba de una represalia de Washington para presionar a China en las negociones que sobre el incremento  los aranceles en las importaciones del acero  la administración de Donald Tremp se proponía imponer. 

Al tiempo de la batalla en librada con los chinos, aquí en América  la Administración recién iniciada (Donald Trump) también abrió un frente contra Méjico y Canadá, con quien Estados Unidos tenía desde tiempo atrás un tratado de Libre Comercio. Aunque las negociaciones entre estos tres países culminaron felizmente, ajustando los aspectos en los que los EE.UU entendían estaban siendo perjudicados,  lo propio jamás sucedió con China. 

Por el contrario, en la medida en que desde Washington se apostaba imponiendo nuevos aranceles a los productos que ingresaban al mercado norteamericano en la misma medida China reaccionaba con similares restricciones,  a los de origen Norteamericano. 

En esa se estaba entre las dos naciones, cuando de repente a mediados del mes de diciembre de 2019, las autoridades sanitarias de Wuhan detectaron un conjunto de casos de neumonía producida por una causa desconocida. 

   En ese momento se originó una alarma sobre una nueva enfermedad desconocida hasta el momento. Tres meses después se produjeron más de 150.000 casos y cerca de 6.000 muertos en todo el mundo, según los datos del Centro Europeo para el Control de Enfermedades (ECDC, por sus siglas en inglés).

La movilización de los Sistemas Sanitarios en los Estados Unidos como respuesta a la pandemia fue considerada como tardía. Miles de contagios en todas partes detuvieron la producción de las industrias; los restaurantes y la vida citadina empezó a ser clausurada; la movilización de los recursos para frenar los brotes no se hicieron esperar. 

La adopción de protocolos y la puesta en marcha de ensayos clínicos para afrontar lo desconocido abarcó todo este trayecto recorrido hasta hoy. Las escalofriantes cifras de 25 millones de infectados (contagios) a nivel global retratan la fortaleza del Coronavirus (covid19) para propagarse y dejar a su paso una estela de fallecidos.  

Ciudades como New York han contemplaron la estampida de miles de negocios; en otras partes  cerraron en medio de los prolongados confinamientos; millones de trabajadores se encuentran cesantes, sin la menor posibilidad de retornar a sus anteriores puestos de trabajos; en Chile los legisladores fueron capaces de aprobar se le entregue 5% de los ahorros del fondo de pensiones; y, en la mayoría de los países las medidas para contener la pandemia evidencian un agotamiento, al tiempo de generar protestas como las recientes en Francia, Alemania e Inglaterra.

La OMS reitera una y otra vez la esperanza en la llegada de una vacuna con la cual se pueda inocular a la población mundial y frenar la propagación vertiginosa del virus. Unas 200 compañías se encuentran realizando las pruebas para finalmente poner en marcha el plan de vacunación. Todas las naciones desarrolladas apuestan a encontrar una solución, esta competencia también evidencia una vuelta al nacionalismo y el cese de la globalización. 

Con las actividades económicas paralizadas en un mundo sacudido por la pandemia los expertos no disponen aún de una idea clara del tipo de mundo salido a raíz del control de la crisis sanitaria. En tiempo transcurrido desde el inicio de la misma los economistas más bien se han preocupados por establecer una especie de convivencia entre la pandemia y la producción. Sus esfuerzos se centraron en poner planes y programas de protección a las empresas y a las personas. En casi la totalidad de los países los subsidios y los esfuerzos con la población constituyen una experiencia para el modelo de producción global.

Nadie se atreve a predecir con exactitud por donde se va a enrumbar la producción global; si va a prevalecer la idea de la globalización y si regresaremos a la confrontación de establecer bloques de comercios, tal como acontecía al momento de la detención de la directora financiera de Hawait; tendría algún tipo de valor para el mundo seguir asistiendo a una segregación comercial impuesta por quienes disponen de mayor capacidad o sencillamente saldrá de este crisis sanitaria el mundo solidario al cual apuestan una franja importante de naciones. 

Este reordenamiento –retorno a la normalidad- empieza a preocupar y el agotamiento de las medidas fue el detonante para que este recién finalizado fin de semana las viejas naciones europeas volvieran a las calles con protestas masivas. Un capitalismo en pausa no resulta bueno para nadie; no lo ha sido para la producción y tampoco para los trabajadores. quienes en lo adelante miran la incertidumbre como la condición a la cual deberán adaptarse a cada momento. Con la caída del PIB global se esfuman muchas esperanzas, ahora sencillamente se trata de subsistir. Solo subsistir y salir airoso de esta destructiva y prolongada pausa de la productividad. 

Para aquel entonces,  algunos gobiernos occidentales temían que Pekín obtuviera acceso a las redes móviles de quinta generación (5G),  a través de Huawei y ampliara su capacidad de espionaje, aunque la firma insiste en que no hay control gubernamental. También se pensó en los inmensos beneficios obtenidos con los contratos de desplegar estas redes en toda Europa y otros países. En la actualidad las mayores cuotas de ganancias fueron a parar a las arcas de Pekín,  no con la tecnología innovadora del Internet, sino con los inmensos pedidos de insumos, equipos y todo tipo de materiales requeridos para contrarrestar la pandemia en medio de esta pausa del capitalismo occidental. Tremenda ironía!  


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