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Maximiliano Taveras

Maximiliano Taveras


El General Gregorio Luperón, espada gloriosa de la Restauración


  • 08.08.2019 - 05:11 pm

En este 156  Aniversario de la epopeya más gloriosa que se registra en los anales de nuestra historia, debemos recibirlo con todas las banderas hacia el tope con efluvios de admiración y respeto a los patriotas que un 16 de agosto de 1863 se sublevaron en el Cerro de Capotillo izando nuestro sagrado lienzo tricolor, dando inicio a la guerra restauradora culminando un 25 de mayo de 1865, poniendo en vigencia la Constitución de Moca de 1858 y en una Convención Nacional se eligió al Gral. Pedro Antonio Pimentel.
   
El Gral. Gregorio Luperón, quien según el historiador Emilio Rodríguez Demorizi, “es una de las grandes figuras militares y civiles de la República”, se consagró por su trayectoria de lucha por la libertad, la independencia y la soberanía nacional, como héroe y prohombre de la gloriosa restauración dominicana.
  
Gregorio Luperón nació el 8 de Septiembre de 1839, hijo de Pedro Castellanos y Nicolasa Duperrón; mujer vigorosa, trabajadora infatigable y sostén del hogar de quien su hijo aprendió el amor al trabajo responsable y honesto, asi como su fuerza y valor ante los afanes del diario vivir. Su educación y formación cultural los adquirió conjugando el deseo de aprender, su curiosidad por el conocimiento y el apoyo de hombres como el misionero protestante William Towler, quien le enseñó las primeras letras, le infundio el hábito por la lectura y despertó en el su capacidad comprensiva que le ayudaron a alcanzar una amplia cultura universal y nacional. Trabajó como capataz en un corte de maderas en Jamao, propiedad del francés Don Pedro Eduardo Dubog; allí desarrolló su liderazgo, una gran resistencia física y el carisma de don de mando, cualidades que le favorecieron en sus posteriores hazañas militares y políticas como defensor de los ideales patrios. También tuvo acceso a la biblioteca del señor Dubog, formándose una sólida instrucción.
   
La vida militar de Luperón se inició cuando fue escogido para el puesto de comandante auxiliar en el Cantonal de Rincón, manifestando su carácter enérgico y disciplinado. La anexión de la República Dominicana a España proclamada por el presidente Pedro Santana el 18 de Marzo de 1861, las protestas del pueblo frente a este hecho, su amor al suelo patrio y a la libertad
   
“La libertad para los pueblos es una necesidad tan suprema y necesaria como el aire, como la luz, como la sal y el agua”.

Gregorio Luperón le impulsaron a mostrar su oposición y tomó la firme decisión de unirse a las acciones conspirativas contra el gobierno español. Fue encarcelado en Puerto Plata, se escapó y perseguido pasó a Haití y los Estados Unidos, luego fue a México, Jamaica. Consiguió entrar al país de manera clandestina en febrero de 1863. Se unió al movimiento contra la anexión organizado por los pueblos del Cibao, siendo reconocido como general por su magnetismo, capacidad, y sagacidad militar y nombrado Jefe Superior de Operaciones en la Zona de Santo Domingo por el Gobierno Provisional. En esta misión se enfrentó a las tropas españolas comandadas por Pedro Santana; logró su cometido haciendo retroceder al ejército español manteniendo triunfante la bandera tricolor en el noroeste del país, gracias a su patriotismo y valentía.
   
Al lograr el pueblo restaurar la República y el retiro de las tropas españolas, comenzó un periodo histórico que se conoce como Segunda República, a partir de 1865, periodo que se caracterizó por graves crisis económicas, políticas y sociales.
   
Gregorio Luperón tuvo que enfrentar las ambiciones de poder de los antiguos restauradores, las luchas internas, combatiendo con arrojo cualquier medida política tendente a lesionar la soberanía nacional, rechazó nombramientos y honores si estos representaban menoscabo de los principios nacionalistas que defendió con alma y corazón. Rechazó por más de cinco ocasiones la presidencia de la República, por considerar que ejercer esta función pública limitaría su liderazgo y la trascendencia de sus acciones militares y políticas. Por circunstancias históricas tuvo que volver a enfrentar con valor revolucionario los intereses políticos de hombres que, como Buenaventura Báez, trabajaron incesantemente por quebrantar la integridad nacional. Así en 1866 y durante el gobierno de los seis años de Báez (1868-1874) se enfrentó a éste con el propósito de detener las negociaciones de arrendamiento de la Bahía de Samaná y su gestión por anexar el país a los Estados Unidos de Norteamérica. Este capítulo de la vida de Luperón se considera como el momento más dramático y emocionante de su trayectoria en defensa del nacionalismo y enfrentamiento de las ideas anexionistas y las ambiciones imperialistas del gobierno de los Estados Unidos en toda la República Dominicana y en el exterior, Luperón simbolizó las “fuerzas patrióticas nacionales”.
   
Para combatir al gobierno de Buenaventura Báez buscó apoyo en la Antillas hermanas, en países del Continente latinoamericano y en el corazón de los nacionalistas. En esta tarea el Gral. Luperón escribió una carta al secretario de Estado de Asuntos Exteriores norteamericano donde expresó que “La República Dominica no quiere ni tiene voluntad de desprenderse de ninguna porción de su territorio”. Más tarde, manifestó al presidente norteamericano, Gral. Ulises Grant, que; “si es cierto que es humillante para el pueblo dominicano tener mandatarios traidores no es menos indecoroso para el gran pueblo americano el que su gobierno consienta en tan ruines achicamientos. Para ambas naciones el hecho es afrentoso. “En esta tarea degradante, los traidores pierden el tiempo, el trabajo y el honor”. Combatió con las armas el gobierno de Báez enfrentándolo y atacando los puertos principales del norte y sur del país al mando del vapor El Telégrafo llegando apoderarse de la ciudad de Samaná.
   
En 1879 Luperón asumió la presidencia de la República movido por ese perfil progresista, nacionalista y liberal con los ideales del Partido Azul, tomando medidas de carácter económico que favorecían el desarrollo del país e impulsando la educación, la industria y la cultura. Le sucedió en el gobierno el padre Fernando Arturo de Meriño, a quien confió Luperón el bienestar de la nación por considerarlo hombre de carácter, cultura y patriotismo que continuaría las reformas que inició su gobierno. Fue designado como enviado extraordinario y Ministro Plenipotenciario en Europa, promoviendo los recursos del país y propiciando el inicio de acciones de desarrollo como fue la instalación del primer cable transatlántico. Buscó nuevos mercados a los productos agrícolas y gestionó la reducción a la deuda externa contraída por los gobiernos de Báez.
   
Regresó al país en las elecciones en las que obtuvo la presidencia Ulises Heureaux (Lilis). En 1882 al convertirse Lilis en dictador, corrupto y antagónico con los valores y principios del Partido Nacional, decidió salir del país fijando su residencia en Saint Thomas. En esta isla escribió su obra Notas Autobiográficas y Apuntes Históricos. Afectado de una enfermedad incurable y enterado el presidente Heureaux de su estado de salud, fue a visitarlo y lo invitó a regresar al país.
  
Embargado de gran nostalgia por su amada patria llegó a Puerto Plata y a las pocas semanas murió el 20 de Mayo de 1897. Sus restos hoy reposan en el Panteón Nacional, la espada invencible del Gral. Gregorio Luperón sirvió de inspiración nacionalista a los hombres probos y al pueblo identificado con los ideales de los febreristas y plasmados en la figura excelsa de Juan Pablo Duarte.

¡Loor al prócer Gregorio Luperón!
¡Loor a los demás próceres restauradores!
El autor es educador y ex secretario del Instituto Duartiano, filial Santiago.


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