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Redacción

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El modelo presidencial


  • 27.11.2020 - 12:00 am

Al cumplirse los 100 días del presente período de gobierno, el Presidente Abinader en un programa televisivo, resumió sus logros más sobresalientes en lo que va del período gubernamental, al tiempo de reafirmar sus prioridades y su nuevo estilo. 

Esas prioridades se pueden resumir en: crear oportunidades de empleos; controlar y superar las pandemia del Covid y su secuela de efectos dañinos; recuperar el ritmo de crecimiento de la economía, manteniendo la estabilidad macroeconómica, mediante el estímulo del turismo, la industria y la agricultura, así como mejorando la calidad del gasto público; salvar el año escolar mediante una moda­lidad que transformará la escuela dominicana para garantizar su ca­lidad y cobertura; apoyar los programas sociales con énfasis en la ampliación de la seguridad social; y fortalecer la institucionalidad del Estado garantizando la independencia de la Justicia para ponerla en capacidad de prevenir y perseguir la corrupción y eliminar la impunidad.

Esos ejes de la gestión de go­bierno, se acompañarán de la realización de obras y proyectos de infraestructura, varios de los cuales se han anunciado y con los cuales se espera que impacten y beneficien a toda la geografía nacional, de modo que toda la población reciba los beneficios de una gestión de gobierno que se esfuerza por promover no solo el crecimiento de la economía, sino al mismo tiempo el desarrollo sustentable que debe ser el norte de la gestión de gobierno.

La agenda de gobierno que traza el Presidente Abinader está compelida a lograr una mayor eficiencia en la operatividad de todo el aparato burocrático de gobierno, al mismo tiempo que se espera que la eficiencia pública esté acompañada de un comportamiento de sus funcionarios apegado a los proce­dimientos de ley, así como a la ética y la moral, criterios éstos que han estado ausentes en gestiones pasadas, las cuales han caído víctimas del peso fáctico del dinero y de la motivación por la movilidad social.

La agenda operacional del gobierno de Abinader no es sustancialmente distinta a la de los go­biernos pasados, a no ser por su compromiso con los criterios de la racionalidad en el gasto público y en la ética y la moral. Esos énfasis con los que aspira a someter a sus funcionarios, eliminando la permisividad de que los mismos hagan negocios con los recursos públicos y prohibiéndoles caer en el conflicto de intereses y el tráfico de influencias, podrían ponerle un “stop”  al estado de corrupción y de impunidad, e iniciar la demolición de los pilares sobre los cuales se ha edificado y legitimado la cultura de la co­rrupción y la ineficiencia.

Si a esas orientaciones le adicionamos la forma sencilla, franca y sin malicias larvadas de comunicarse con los medios y la población, se puede concluir razonablemente que el país está frente a un nuevo modelo de li­derazgo presidencial, más apegado al liderazgo racional-legal y formal que describiera el famoso soció­logo alemán Max Weber, al referirse al tipo de liderazgo en  las sociedades modernas y desarrolladas. Ese nuevo liderazgo de Luis Abinader, tiene la oportunidad de superar la tara histórica que ha significado el liderazgo personalista y caudillista, que ha predominado en la historia dominicana.

¡Observemos, pues, los signos del “cambio”!


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