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Rafael A. Escotto

Rafael A. Escotto


El sistema de votación doble, una prueba extraordinaria


  • 20.01.2020 - 12:00 am

A Luis José Rodríguez Tejada.

A los magistrados de la Junta Central Electoral Julio César Castaños Guzmán y  Roberto Saladín.

«La fe está dando el primer paso, incluso cuando no se ve toda la escalera». Martin Luther King

A ceptar unas elecciones con dos sistemas de conteo, electrónico y manual, es una decisión un tanto aventurera que podría comprometer la diafanidad de las elecciones y, al mismo tiempo, daría lugar a una batalla de alegatos y contra alegatos jurídicos. Cada sector político tratando de demostrar que hubo fallas razonables por sospechar que la Junta Central Electoral (JCE) aceptó los dos métodos solo para agradar a las partes envueltas en el proceso y erigirse en un instrumento deliberante generoso o complaciente.

A veces nos exponemos a creer que siendo condescendiente en extremo con alguna gente recibiremos el agradecimiento por nuestras bondades sin detenernos a meditar en el proverbio que dice: «Si ayudas a un hombre por tres años y lo tratas mal un día olvidará esos tres años y recordará ese día por el resto de su vida». 

Eso mismo sucede con los políticos. En política no se cumple con lo que dice la escritura «amar al prójimo como a ti mismo». Cuando estamos en puestos públicos de importancia tenemos que apovechar la oportunidad para hacer las cosas no por generosidad o para agradar simpatías sino porque con nuestras actuaciones organizamos la vida de los pueblos.

En la medida en que este procedimiento de la doble votación sea permitido se abriría la probabilidad de enfrentamientos que harían los resultados electorales interminables y se correría el riesgo además de provocar un vacío institucional peligroso al no poderse declarar a tiempo los ganadores del certamen, cuestión que lesionaría la frágil democracia dominicana.

Es imposible tratar de convivir con varios métodos a la vez sin que no haya disgustos. Partiendo de esta presunción y dada la heterogeneidad de ambas fórmulas y sospechando asimsmo que cada uno de estos sistemas ameritarían una modalidad propia y un personal con entrenamiento diferenciado. Esto nos hace colegir que podrían surgir problemas humanos por agotamiento físico y técnicos que sobrecogerían al más confiado entendido en materia electoral.

Queremos aceptar que la JCE está trabajando en el diseño del concepto más pertinente para afrontar la administración racional de ambas metodologías de conteos para reducir los riesgos de tensiones humanas y de fracaso causado por los imprevistos de los aparatos que ambos sistemas provocan. 

Al mismo tiempo los nuevos jueces de la JCE han perseverado en darle a esa nstitución una imagen de pureza, lo que nos parece un esfuerzo plausible, pues con  ello se trata de rectificar viejos comportamientos negativos que pusieron la diafanidad del organismo electoral en serios y razonables recelos. Entre esos afanes observamos el empeño de los magistrados en mostrar prudencia y escrupulosidad en la administración de los recursos, humanos y  materiales, a su cuidado.

Sin embargo, hemos visto que los constantes apremios de los intereses políticos que inciden en  la institución han tratado de desorientar la sensatez de los jueces, de tal manera que se ha  podido notar ciertas indecisiones en la formulación de políticas llamadas a reorientar el sistema electoral dotando el mismo de procedimientos administrativos modernos sin caer en vía de hecho, o sea, sin prescindir del ámbito de su competencia establecida.

No se trata de acomodar triunfos de determinadas candidaturas municipales o presidenciales. Pienso que el trabajo que está haciendo la JCE está enfocado a proveer el organismo de  dispositivos funcionales que proyecten de afuera hacia dentro credulidad en la estructura y, sobre todo, evitar el uso de arbitrajes en el conteo final de los votos sufragados de instituciones como la Organización de EstadosAmericanos (OEA).

El país debe de procurar a como dé lugar alejarse de criaturas desacreditadas a nivel regional como la OEA, la cual suele emitir informes tendenciosos de carácter electorales que en vez de vigorizar la democracia lo que engendran sus decisiones son monstruosidades que desfiguran el pluralismo político que se diferencia de la teoría elitista, la cual es un sistema social que sostiene que la élite es superior moral, cultural  e intelectualmente al pueblo, considerado este último «peligroso, deshonesto y vulgar».

Debemos tener en cuenta que el mundo está dominado por una tripolaridad, cada pie del trípode se complementa para poder mantener la simetría. En este ejercicio, nstituciones como la OEA, la ONU y la OTAN son influenciadas por estas fuerzas políticas, económicas y militares cuyo único interés es tratar de controlar las inmensas riquezas de las naciones periféricas y lo hacen a través de imponerle gobiernos títeres que respondan a sus pretensiones particulares.

Regresando a mis consideraciones sobre el sistema de votación dual debo advertir que si la JCE no llegara a crear mecanismos que aseguren el conteo final de los votos el país podría amanecer inflamado por la incertidumbre a que pudieran dar lugar, por un lado, el conteo  manual y del otro el conteo electrónico.

En medio de toda la sacudida que crea en el sistema político esperar el voto final ganador estaría el organismo electoral tratando apresuradamente de dar los resultados definitivos el mismo día y a la hora comprometida, sobre todo en un país altamente politizado en donde nunca el candidato se cree perdedor, por aquella frase expresada por el coach y jugador de fútbol estadounidense Vince Lombardi, que «los ganadores unca abandonan y los que abandonan nunca ganan».

Opino que el pueblo dominicano debe tener confianza en la JCE y en quienes dirigen la eficiencia de este organismo, pues si no tenemos ese aliento de que todo saldrá bien el sistema democrático que tenemos también habrá naufragado. Recordemos la siguiente expresión: «Un diamante no puede ser pulido sin fricción al igual que un ser humano no puede ser perfeccionado sin pruebas».

Mientras tanto debemos terminar este artículo diciendo que los sistemas de votación manual y electrónico quedan sometidos en estas elecciones municipales a pasar una prueba extraordinariamente peligrosa y la JCE habrá de contener la respiración esperando que todo este experimento salga bien. Roguemos por ello y por el país que sea así.


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