Comentarios Recientes

0
Pedro Mendoza

Pedro Mendoza


En la RD la paternidad completa y verdadera no abunda


  • 03.08.2020 - 12:00 am

Con motivo de la celebración del Día del Padre, la conocida antropóloga, Tahira Vargas, publicó un artículo en un matutino capitalino  el día 25 de julio, titulado “Qué pasa con la paternidad en nuestra sociedad?”, en el cual  dice:“La paternidad en nuestra sociedad está desprovista de orientación y educación.”Con dicha oración  la autora deja entrever que en la sociedad dominicana es común que millones de papás no lleven sobre sus hombros todo el rigor ni toda la connotación envuelta en una de las vivencias humanas más envolvente y reclamante de cumplimento estricto por la sociedad como es una paternidad responsable y verdadera, puesto que es la antesala del alto grado de dignidad, decoro, crecimiento moral, equilibrio emocional y conducta ajustada a las normas de la convivencia social que se espera del individuo, porque aquellos crecieron sin haber recibido la enseñanza, la orientación apropiada para tales propósitos. 

Cientos de miles de papás en nuestro país no tienen la menor idea del significado, del alcance de esa frase “paternidad responsable” y, por supuesto, no saben “con qué se come eso.”  Es como si desconocieran la receta de cómo “cocinar ese plato”. Un padre responsable, de la misma manera que un chef de cocina internacional conoce perfectamente  los distintos modos, ingredientes y  viandas con que se preparan cientos de platos para sus clientes, tiene el deber y la obligación de conocer al dedillo todos los ingredientes que hacen falta para hacer uno de los platos más difíciles de hacer en la más compleja de las cocinas de este mundo, la “cocina familiar-matrimonial”, es el plato de ser un papá verdadero de pie a cabeza. Un papá de horario continuo, día y noche, aunque ese horario lo abrume. 

Con frecuencia escucho algún  papá decirme que “se siente orgulloso de su hijo”. Sin embargo, cuando uno pregunta a ese padre qué ha hecho su hijo que motive su orgullo, casi siempre responde que está orgulloso de él porque es muy estudioso o muy laborioso y respetuoso. Cuando un padre me habla de tal satisfacción con su hijo, sin ningún rodeo le comento: Bueno, ahora quiero charlar con su hijo para preguntarle si tiene motivos para sentirse orgulloso de tener un papá como usted. Aunque al lector le parezca cosa sorpresiva, descubro a menudo que muchos de esos hijos declaran que no sienten orgullo al decir que Fulano es su padre porque ese padre apenas aportó en su vida la simiente para su engendro. 

Lo curioso es que este padre cuando es informado acerca de lo dicho por su vástago, en vez de sentirse avergonzado con su hijo, recurre a su autodefensa acusando al muchacho de ser “mal agradecido”. O sea, que en vez de acudir al ‘producto de su simiente’ para pedir perdón por su indolencia voluntaria de no haberle sido el buen padre que el chico quiso, lo que hace es acusarlo de  hijo “mal agradecido” por decir la única verdad que el muchacho supo: ¡que su padre nunca desempeñó el papel de verdadero papá para él! Este falso papá pretende presentarse como el mejor padre pero al verse desenmascarado por su hijo, recurre al desplazamiento de la culpa de él hacia su hijo con la inmoral  intención  de convertirlo en una doble víctima: la del abandono y la de ser reo de  hijo ingrato.

Ahora bien, ser buen padre es una carrera, un oficio aprendido en la sociedad y la familia. Nadie debería hacerse la ilusión de que “José” cumplirá el deber de una paternidad responsable cuando tenga sus hijos por el simple hecho de que eso es lo que se espera de todo hombre cuando inicia la formación de una familia. Pues si “José” proviene de un hogar donde nunca esa ‘asignatura’ llamada “paternidad responsable” fue enseñada  por el padre, “José” no pudo haberla aprendido  por sí solo. Necesitaba un profesor que se la enseñara y explicara que no era otro que su propio papá. Pero como éste no le enseño y ni siquiera le explicó la primera lección de la ‘asignatura’, lógicamente, sobre paternidad responsable,  “José” no aprendió absolutamente nada. Entonces, ¡era imposible que “José” se convirtiera en un buen padre!.

El joven que previo a la etapa de formar una familia no recibió de su propio padre en el hogar largas lecciones apropiadas sobre los deberes y sacrificios que conlleva ser un padre real y verdadero, solo una viga, solo un milagro podría convertirlo en un padre responsable. 

Desgraciadamente, las vigas difícilmente “caen” si no ocurre un terremoto  y los milagros solo suceden cuando hay una intervención divina y lo divino no es un fenómeno terrenal. Por tanto, padre lector, si aún no ha dado a su hijo la primera lección de paternidad responsable, empiece a dársela hoy mismo para que él pueda decir orgullosamente: ¡yo tengo un verdadero papá!

El autor es Terapeuta familiar

Centro Médico Cibao-Utesa

  

            


Comentarios

Name of User
Sé el primero en comentar

Ir arriba