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Redacción

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Expectativas encontradas


  • 04.08.2020 - 12:00 am

La transición que se acerca a su término, cuando las autoridades actuales les traspasen el mando a las nuevas autoridades electas el próximo 16 de agosto, viene generando expectativas encontradas y dispersas, las cuales vienen definiendo un clima de cierta intranquilidad.

En torno a los ganadores del pasado certamen electoral, las expectativas se han centrado en la novedosa designación previa de los que formarán parte del nuevo equipo de gobierno. En general las designaciones hechas hasta ahora caen dentro de lo que se esperaba y han sido consideradas muy acertadas. 

No obstante, comienzan a surgir dudas e inquietudes respecto a algunas designaciones pendientes, al tiempo que dentro del propio PRM, que será el nuevo partido de gobierno, comienzan a manifestarse expresiones de contrariedad entre los que aspiran o aspiraban a quedar dentro de la nueva administración, pero que ven que esas aspiraciones o no encontrarán espacios o serán relativamente perjudicadas. Mientras más cerca sea la fecha de la toma de posesión, más elevada será la tensión creada por esas expectativas insatisfechas.

Pero todavía el nuevo Gobierno no asume sus funciones, ya desde la futura oposición se perciben las críticas que habrá de enfrentar, re­lativas a las posibles incongruencias entre las promesas de campaña y la propuesta de gobierno ofertada y las medidas que comienzan a perfilarse con los nuevos anuncios hechos por el propio presidente electo, en torno a cómo se manejarán ciertas áreas críticas como es el caso del sector eléctrico. Al mismo tiempo se anticipan los posibles compromisos del próximo gobierno con ciertos sectores de la oligarquía empresarial, a los que se les atribuyen apoyos a cambio de concesiones privilegiadas.

Esas expectativas encontradas, sin embargo, no deben distraer la atención del nuevo equipo gobernante, sino que éste debe centrarse en terminar de conformar su gabinete de acuerdo a la expectativa de una administración racional y capaz, para que su accionar ya en el gobierno, siente las bases para la transformación de las prácticas  de gobernar con eficiencia, ética y honradez, de modo que se eleve la capacidad del Estado para responder a la solución de los grandes pro­blemas nacionales. 

En términos prácticos inme­diatos, el nuevo gobierno debe concentrarse en definir y poner en práctica su plan para encarar la crisis sanitaria atacando la pandemia del coronavirus, condición necesaria para que el virus pueda cohabitar con el relanzamiento de la economía, de modo que ésta se reactive y sufra el menor daño posible a mediano plazo. De igual manera, el próximo gobierno tiene de inmediato el reto de manejar con creatividad y capacidad operativa la reapertura del año escolar, cuyas dificultades mantienen en vilo a la comunidad educativa.

Por último, el nuevo gobierno deberá manejar el problema de la institucionalidad en general y de la Justicia en particular, designando en la Procuraduría y en la fiscalía, personas que al mismo tiempo sean capaces y morales, y que se manejen con la mayor cautela y prudencia, de modo que contribuyan con su eficacia a viabilizar una Justicia efectiva y un Estado organizado institucionalmente, de acuerdo a lo que mandan la Constitución y las leyes de la República. 

¡Las expectativas encontradas no deben confundir al próximo gobierno!


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