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Luciano Filpo

Luciano Filpo


Jorge Cela y la otra cara de la pobreza


  • 04.12.2020 - 12:00 am

Se ha marchado hacia la eternidad el sacerdote jesuita Jorge Cela, quien consagró su vida a coexistir con los pobres, a interpretar su realidad material desde los barrios marginados, desde la exclusión, la invisibilidad o barrera indeleble con que son tratados los excluidos de la fortuna y riquezas materiales. Las comunidades eclesiales de base fueron el escenario desde donde este teólogo, filósofo y antropólogo social coadyuva a la función hermeneuta y exegética de la realidad con la gente. Se desarrolló una verdadera convivencia entre el misionero cristiano y los fieles, quienes se organizan y articulan formas de vida alternativa a la simple aporofobia. El sacerdote contribuye a promover la fe y la esperanza entre quienes han vivido del día a día, quienes han labrado sus caminos con el vigor de sus brazos y el pródigo sudor tropical.

Cela organizó los marginados y excluidos sociales de Guachupita, Los Guandules y otros escenarios académicos, esta experiencia de vida es extrapolable a las otras barriadas. Generar Esperanza cuando no hay utopías posibles, hacer posible la fe en medio de la incertidumbre, esa es la labor del buen pastor quién también organiza la comunidad e induce la idea que la sociedad civil sólo es visible cuando está organizada; cuando es capaz de modular muchas voces comunes que muestran madurez ciudadana y atención del Leviatán o Estado, de grupos empresariales o de fundaciones ONGs que mitigan la situación material y laboral de las comunidades. La visión del jesuita sobre la marginalidad urbana se puede recoger en sus diferentes trabajos en la revista de Estudios Sociales o en el texto "La otra cara de la Pobreza".

Tanto Cela como otros antropólogos han estudiado la cultura de la pobreza, la vida marginal, los estereotipos y etiquetas qué estigmatizan a las personas carenciadas, desatendidas de las políticas sociales. Como dice Oscar Lewis quienes viven en la cultura de la pobreza viven del día a día, de la indiferencia a los movimientos sociales. Pero Cela trabaja para romper la indiferencia social generada por la misma pobreza, la impotencia para encarar la realidad existencial, el sacerdote trabaja en el empoderamiento y el compromiso comunitario en el trabajo local. La creación de comunidades eclesiales de base, la promoción de una red comunitaria de barrios marginados que se organizan y reclaman intervención en la solución de los macros problemas de las comunidades. Los barrios permeados por la acción misionera, pastoral y organizativa de los jesuitas muestran estilos de vida vinculada al compromiso comunitario, a la búsqueda de solución a los problemas del entorno.

Cela hizo esfuerzos académicos e intelectuales para explicar desde el barrio o chabola, la hoya marginada la situación existencial de la gente. La otra cara de la pobreza es un texto escrito a la luz de la experiencia del autor que procura sensibilizar a los excluidos sobre su visión del mundo, la cartografía social que los circunda, su condición material y su eterna vocación para organizarse y reclamar la acción política del Estado. La sociedad civil es un agente relativamente nuevo en República Dominicana, la misma es expresión de la democracia o de su inmadurez. En el contexto dominicano el escaso progreso de la democracia ha obligado a la sociedad civil asumir un rol veedor de las políticas sociales, de las políticas de intervención territorial espacial, en las comunidades marginadas. El padre Cela se consagró a la promoción del desarrollo de una conciencia ciudadana y cristiana basada en el compromiso comunitario y en la interpretación del entorno antropológico de la gente y de la toma de partida a favor del adecentamiento de la vida comunitaria.

La otra cara de la pobreza no es un recetario, pero es un enfoque humanista acerca de la realidad de los barrios marginados de Santo Domingo. Se han asfaltado calles, construido escuelas, pero la esperanza es difícil recuperarla, la descomposición barrial, la delincuencia, el desempleo, la ausencia de políticas culturales para intervenir el ocio en espacios creativos. Las comunidades marginadas desesperanzadas invisibilizadas necesitan de la presencia de esos apóstoles ya sean confesionales o no confesional, pero que tengan la determinación, entereza y compromiso de coadyuvar a su organización y la creación de agendas sociales para alcanzar soluciones colectivas a los problemas más perentorios de los moradores barriales. Acompañar a los excluidos en su realidad existencial. orientar a la organización.

La sociedad dominicana y los barrios marginados han perdido un activo invaluable, aunque Cela no estaba residiendo aquí en la actualidad. Su legado y compromiso con Los condenados de la Tierra como diría Frantz Fanon, es la evidencia de una persona con profunda sensibilidad humana y convicciones cristianas. Hacer voto de pobreza, asumir vivir en los entornos que evidencian las precariedades humanas, educar y orientar con responsabilidad y compromiso seres humanos que viven en las orillas de la sociedad. En definitiva, el compromiso y acervo apartado por el padre Cela en favor de las comunidades humildes de RD.

El autor es Dr. en Educación


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