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Luciano Filpo

Luciano Filpo


La agonía del Partido- Estado


  • 03.07.2020 - 12:00 am

Después de 20 años de dominio casi absoluto sobre el poder del Estado, el partido gobernante da coletazos esténtoreos de desesperación y agonía. Como señaló el ex presidente Leonel Fernández esa organización perdió su naturaleza, se constituyó en un grupo sin racionalidad y sólo leal al boato, la prebenda y la emisión de un decreto. El llamado comité político ha funcionado como una corporación partidaria de naturaleza parasitaria, quién calcula los negocios y ganancias que se pueden realizar en el país desde la hegemonía estatal.

Este grupo retrotrajo la dinámica política y productiva del país al final del siglo XIX, a la implementación de una visión patrimonial donde predomina el ánimo de ganancias para los particulares y en perjuicio del bien común. Este grupo corporativo de naturaleza fascista se ha superpuesto a los grupos tradicionales, acogotado la libre inversión, ha construido riquezas obscenas sobre la base del peculado, robo, extorsión y la vinculación a individuos del bajo mundo.

Arturo del Tiempo, Figueroa Agosto, Quirino, Quirinito y Cesar el Abusador. Los grupos empresariales tradicionales ven con asombro la competencia desleal que se hace desde el Estado, las compras que perjudican la libre empresa y el comercio justo. Hay funcionarios que usan los resortes del poder para el beneficio personal, realizar importaciones sin recurrir a licitaciones y concursos de oposiciones. Simplemente han colocado el Estado por encima del principio planteado por Adam Smith de la necesaria libre empresa y libre comercio. Han arrodillado al empresariado, emplean el poder para la prosternación y prostitución de libre comercio. Los agentes de la producción deben observar obediencia y sumisión a los proxenetas estatales, quienes lo prostituyen todo en aras de promover la extorsión y las ganancias particulares. El grupo corporativo o cartel promueve la prevaricación y los negocios turbios, mientras la corrupción está al servicio del partido-gobierno no hay dificultades.

El problema se produce cuando alguien quiere escapar de la Mafia Siciliana, la DGII, el DICRIM, y los organismos de seguridad del Estado persiguen y hasta promueven sicariato, se han producido crímenes de Estado. Como en los regímenes totalitarios se tiene control casi absoluto de la prensa, se coarta la libertad de expresión, se ha pulverizado la justicia hasta tal punto que el representante de la sociedad es un gamberro sin la mínima formación profesional, pero con la capacidad rapaz de distorsionar la función del ministerio público en usar las investigaciones para extorsionar, coartar y chantajear a los implicados más que resarcir a la sociedad por los actos criminales y lesivos al orden público.

En la dirección de la Suprema Corte de Justicia se ha colocado a un activista político seguidor del actual gobernante, pero que nunca había sido juez, es decir, violentando la carrera judicial y asegurando impunidad ante una eventual puesta en marcha de la acción judicial contra el peculado, la artimaña, el soborno, la corrupción y la dilapidación de los recursos públicos. Después de 20 años haciendo negocios desde el poder, prostituyendo todos los estamentos de la vida nacional, la Corporación-Estado se resquebraja el hastío y cansancio de la población ante la falsa campaña, el uso de la demagogia de forma descarada para deformar la realidad. El partido estado se resiste a la idea de salir del poder, de abandonar el control del erario y el presupuesto.

La coyuntura muestra un sentimiento de aversión popular al cartel o corporación estado que usufructúa el ejercicio del poder. Han controlado los resortes del poder para el beneficio del grupo corporativo que subsume la justicia, el congreso y el estamento del poder militar. La recta final del proceso electoral evidencia a un presidente de la República desquiciado que instiga a la violencia cuando sostiene que quienes vayan a los colegios por su partido defiendan su voto con uñas y dientes. Se ha perdido el equilibrio de la figura del presidente de la República para ver a un personaje cualquiera como un militante cotidiano que llama a la subversión, ese mismo presidente dividió su partido e impuso al candidato menos idóneo, el que podía ser su marioneta o títere. Esta situación muestra la agonía de un grupo corporativo que sólo ha pensado en la impunidad, que nunca han creído que tengan que dar cuentas por manejar recursos públicos.

La corporación Partido- Estado no se concibe al margen del control del Estado no visualiza su salida del poder. Dentro de la refundación institucional del Estado muchos de esos que han amasado riqueza sin origen, que han recurrido al bajo mundo para beneficiarse deberían ser llamado a la diestra de la justicia para que den cuenta por sus actos, las falencias que se observan en la salud, la educación, electricidad, disponibilidad de agua potable son en parte la expresión de la ineficiencia, la dilapidación de los recursos públicos.

La sociedad dominicana añora un cambio, apuesta a una sociedad mínimamente organizada y racionalmente orientada al equilibrio. Las aspiraciones populares van más allá del simple Circo, el cambio se legitimará en tanto haya evidencias claras de tramitar a la justicia aquellos que han quebrado el aparato productivo, han extorsionado a sectores de la vida social y han acumulado un poderío descarado, opulento y obsceno.

La vida del Partido- Estado agoniza sin liderazgo que recoja la antorcha maltrecha de un presidente sin futuro, pero con muchas falencias y la posibilidad de que sea tramitado frente a los tribunales. Parece que la partidocracia y los politicastros se van a pique PRSC, PRD y PLD aparentan haber cumplido su misión histórica en la sociedad dominicana.

El autor es Dr. en educación.


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