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Josefina Almánzar

Josefina Almánzar


La construcción cotidiana del amor


  • 12.02.2021 - 12:00 am

“No es necesario hablar del amor, porque el amor tiene su propia voz y habla por sí mismo” (A orillas del río Piedra me senté y lloré, Paulo Coelho).  

El próximo domingo celebramos el día del amor y de la amistad, según lo establecido en el calendario ordinario.  Ese día la tradición nos motiva a manifestarnos en cariño que expresamos en cartitas, tarjetas, chocolates, rosas, en fin, detalles.  Estos son los que mantienen la costumbre de una manera sencilla, otros, como siempre, se van al terreno comercial y hacen inversiones más costosas con la intención de hacer del día algo especial. Por doquier veremos los peluches que aparecen de la nada, las rosas, las velas, la copa de vino, el rojo de la pasión, la música de la ilusión, los detalles que expresamos y vivimos los 14 de febrero.  

Sin embargo, los días siguientes a esta celebración, un día cualquiera del calendario ordinario opto y elijo construir el amor, ese que se manifiesta en el día a día en nuestra cotidianidad, ese que se manifiesta desde que en la mañana La Divinidad nos regala la bendición de vivir un día más, ese que se vive en el agradecimiento de todo lo bueno que el universo nos regala en cada oportunidad que la vida nos brinda.  

Sí bien es cierto que celebro el 14 de febrero de una manera entusiasta, como suelo vivir la vida, prefiero construir el amor como se hace la zapata en la cual se levantan los grandes edificios para que nos de fortaleza y valentía de espíritu en los momentos de turbulencias y no pueda ser destruido por los vientos que nos azotan.  

Decido construir el amor haciendo caminos de solidaridad, esperanzas, de mejores tiempos, de fe en el porvenir de la humanidad a pesar de los tristes e inciertos momentos que hemos vivido en los últimos meses en el mundo.  

Prefiero vivir en el amor que hablar del amor y en ese vivir me entrego a la Divina Providencia ofreciéndome como su instrumento y servidora para que su voluntad reine en mi vida y pueda ser un canal de luz para mis semejantes en todos los espacios y escenarios donde se desenvuelve mi vida cotidiana. Prefiero seguir tendiendo puentes de amistad, otorgando sonrisas, estrechando manos cálidas, abrazando y sirviendo de hombro en los momentos difíciles que como parte del aprendizaje se nos presentan.  

Sí, definitivamente el amor se construye en el día a día, ladrillo a ladrillo. Formamos su edificio en los encuentros, en los instantes de magia que La Divinidad nos brinda.  

Vivamos en el amor construyéndolo en el día a día no un solo día, así lo tendremos los 365 días del año como nuestro acompañante incondicional en ese lugar nuestro y especial llamado, corazón.   

Desde este espacio, feliz día del amor y de la amistad.  

La autora es Abogada y Docente Universitaria.  


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