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Redacción

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La democracia amenazada


  • 08.01.2021 - 12:00 am

Ha conmovido al mundo político mundial la insólita rebelión de los simpatizantes del Presidente de los EE.UU, quienes encabezaron un asalto al Capitolio de Washington, Catedral de la democracia global.  

Ese inesperado hecho de violencia instigado y promovido por el propio Presidente Trump, en su afán de desconocer los resultados electorales de su país, no solo produjo destrucción, muertes y heridos, sino que puso en evidencia cómo los valores y principios del régimen democrático pasan por un proceso de va­ciamiento con la globa­lización neoliberal, aún en los propios EE.UU.   

Esos valores y principios democráticos fueron pisoteados con el asalto al Capitolio, por un movimiento de ciudadanos seguidores fanatizados del presidente americano, quien encabeza y encarna la nueva doctrina del “libre mercado” del “trum­pismo”, que no ve en la vida más que negocios y la maximización de ganancias en beneficio de los ricos, la clase media y los trabajadores americanos.

Esa mentalidad  empresarial se ha alimentado de la idea de que los EE.UU debe volver a ser grande y próspero y que para ello tiene que aplicar una estrategia de políticas públicas que promueva el retorno de los capitales, y con ello la vuelta de empresas co­merciales e industriales que se instalaron fuera del país, para lo cual se requiere bajar los intereses bancarios.

De esa manera se crearían más y mejores empleos de calidad tanto para la clase media y la masa de los trabajadores, otorgándoles mayores oportunidades y más elevados sueldos y salarios, condiciones que complementadas con un plan de inversión pública para modernizar y actualizar las infraestructuras de ese país, pongan a los EE.UU en la vanguardia de los países desarrollados del mundo, fortaleciendo la mística y el sueño americanos.

Pero esa renovada doctrina neoliberal aplicada para beneficiar solo a los EE.UU, ha motivado la emergencia de un gran movimiento de derechización radical de apoyo a Trump, movimiento que no puede ver que detrás de esos designios doctrinales de alcance particularista, existe una ideología proteccionista  y  nacionalista, que se enfrenta y choca con la globalización.  

Por esas razones el “trumpismo” rechaza la globalización, el multilateralismo  y el mundo multipolar, orientaciones promovidas por la globalización neoliberal y su “libre mercado”. Por el contrario el “trumpismo” prefiere las negociaciones “bilaterales” y la revisión de los tratados con las demás naciones, al tiempo de re­chazar la realidad de la crisis climática.

Tampoco ese movimiento derechista ve cómo: se agrava la concentración de la riqueza y la pobreza aún dentro del propio EE.UU; cómo se  ahonda la desigualdad y la fragmentación social; cómo ese egocentrismo fomenta la violencia global y la emigración de los desplazados.  Asimismo no ve el “trumpismo” cómo los valores y principios de la democracia comienzan a rodar por el suelo, al tiempo que emergen los intereses, tal como se pudo apreciar en la “rebelión” ante el Capitolio de Washington.   

Cabe, pues, una profunda reflexión, de la cual deben surgir los lineamientos para una reforma del agresivo capitalismo pos mo­derno que amenaza al mundo.

¡Hay, pues, que salvar la democracia y la humanidad!      


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