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Luciano Filpo

Luciano Filpo


La justicia en manos de Lutero


  • 13.03.2020 - 12:00 am

La iglesia en manos de Lutero es una frase acuñado en el siglo XVI, a propósito de sus 95 tesis, que el fraile Martin Lutero clavo, en la puerta de la iglesia de Wittenberg, donde desafiaba la infalibilidad papal, las indulgencias, simonías y otros vicios de la iglesia católica de la época. Se procuró satanizar al monje, pero sus esfuerzos por cambiar la situación putrefacta que vivía la iglesia cristiana eran distintos a la supuesta maldad. Es decir, la frase tiene un contenido capcioso, soez, falaz, no representa la misión histórica que corresponde llenar a ese personaje renacentista que desafía la brutalidad de la jerarquía eclesiástica y del santo oficio o la santa inquisición. No es el caso del ministro de justicia de República Dominicana, el cual urde la mentira, el cinismo, lo bajo, perverso, fabulador y hasta escatológico si es necesario para echar adelante sus caprichos. Es un denegador de justicia, es la versión del hombre en estado natural, según establece Thomas Hobbes en el Leviatan: Homo Homini Lupus, el hombre es un lobo para el hombre.

Según el filósofo materialista inglés, Hobbes, el hombre en estado natural vive en una guerra de todos contra todos, acompañado de bajos instintos como: vanidad, egoísmo, lujuria, envidia, necesidad de reconocimiento. Esas pueden ser las características de ese sujeto etéreo, artero, mendaz, demagogo, sicofante, gamberro y rábula de la justicia. Es una caricatura de funcionario, es el títere movido por el titiritero que se halla en el palacio articulando continuamente los hilos de la mentira, la demagogia, la falacia y la necesidad de usurpar espacios institucionales. Desde Grecia los arcontes intervenían en la aplicación de justicia, pero en Roma donde aparece la figura del pretor o el administrador de justicia, era la magistratura que, en la época de la República, se colocaba por debajo de los cónsules, quienes ejercían el poder ejecutivo- un pretor era un ciudadano digno, patricio, acompañado de un aura que lo elevaba a la condición de jurisconsulto, cualidad cuasi sangrada en el mundo romano.

Este personaje podía conceder indultos y perdones en épocas especiales del mundo romano. Para esa sociedad latina, la justicia era sagrada, jamás empleada para el vilipendio, el denostar a un reo. Tampoco la justicia empleada para extorsionar, al contrario. Los pensadores del liberalismo político pensaron en la necesidad de crear un Estado con órganos separados e independientes: ejecutivo, legislativo y judicial. Ya Aristóteles había hablado de justicia distribuida y separación de poderes. Marsilio de Padua al final de la época medieval plantea una necesaria separación del poder terrenal y poder divino.

En la visión de los pensadores modernos, el respeto al contrato era la base de la vida social. Eran contractualitas: Jean Bodín, Hugo Grocio, John Locke, Jean Jacques Rousseau, Montesquieu, Voltaire, Diderot, Thomas Hobbes. Para estos pensadores de los orígenes del liberalismo político la justicia era uno de los poderes de la democracia, un elemento cardinal para mantener el orden y el control social, así como el equilibrio entre los diferentes actores de la sociedad civil. En la sociedad moderna todo se regula por medio de una ley, hasta la intimidad de la gente ha sido legislada y acomodada al orden jurídico institucional.

En República Dominicana la justicia ha sido puesta en manos de un títere, marioneta o zombi, el cual procura consagrar el reino de la impunidad. Cuando se inició la presente gestión gubernamental (2012) se estableció de manera pública, que por el simple rumor se tramitarían por ante la justicia a los prevaricadores de los bienes públicos, pero eso fue pura pamplina, el reino de la corrupción se apodera del palacio y la justicia ha santificado la impunidad. Un país sin justicia independiente es una jungla, el paraíso del crimen, el reino de los facinerosos, inseguridad ciudadana. La intimidad de la gente se ha violado, se ha conculcado la capacidad de disidencia, se ha censurado a voces independientes. Desde 1978, con el llamado fallo histórico, donde un partido se apropió de varias senadurías y diputaciones no ganadas, se procuraba controlar la justicia y por consiguiente la impunidad.

Hasta 1994, los senadores elegían a los jueces, quienes eran sumisos y leales a su patrocinador. Desde la reforma introducida con El Pacto Por La Democracia En 1994, se creó el consejo nacional de la magistratura, que elegiría a los jueces de corte. Se ha creado la carrera del poder judicial y del ministerio público, pero esto no ha coadyuvado de manera cualitativa al fortalecimiento de la justicia ya que aquí no existe separación de poderes, por el contrario, el poder judicial está postrado a los caprichos del ejecutivo. Los gobiernos del PLD han prostituido la justicia, han impedido la independencia de los jueces, fiscales, erosionaron la composición de las altas cortes, la suprema corte de justicia es un comité de base del partido de gobierno.

Aquí la justicia está en manos de Lutero, no existe la posibilidad en la presente coyuntura de contar con un poder judicial que pueda actuar fundamentando sus actos en la ley y la equidad. El títere y el titiritero malearon la suprema corte, vilipendiaron a los jueves probos so pretexto de alejarlos de las altas cortes, minaron las bases del ministerio público haciendo pseudos concursos, amañados para colocar a fiscales venales, genuflexos y dóciles al poder corruptor.   La ex fiscal Yeni Berenice y un grupo de fiscales con criterio propio han objetado la componenda de un supuesto concurso para fiscales importantes que permitan garantizar la impunidad después de agosto. Han interpuesto un recurso de amparo por ante el tribunal superior administrativo. El reino de la impunidad, las trapisondas y subterfugios están terminando. La sociedad dominicana se aboca a una revisión de viejas prácticas políticas que debilitaron instituciones que deben garantizar el orden social. “En su mejor momento, el hombre es el más noble de todos los animales; separado del derecho y la justicia es el peor”, Aristóteles.

El autor es Dr. en educación. 


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