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Aquiles Olivo Morel

Aquiles Olivo Morel


La victoria de Joe Biden


  • 11.11.2020 - 12:00 am

Sin importar el escrutinio final de los votos faltantes en algunos Estados el candidato del Partido Demócrata Joe Biden empezó a recibir la felicitaciones de diferentes gobiernos y personalidades de todo el planeta reconociéndole como el próximo presidente de la nación de mayor influencia a nivel global y la que representa a la civilización occidental,  en todos los aspectos de la convivencia democrática. Una parte significativa de la humanidad parece respirar profundamente luego de este certamen electoral en el cual se jugada a la continuidad de una visión encabezada por el Presidente Donald Trump que cambió por completo las relaciones internacionales de esta nación con el resto del mundo. 

El régimen de Pekín sintió los latigazos de un negociador implacable durante cuatro años, llegando al extremo de reconfigurar todas las relaciones comerciales con el gigante asiático. Con la victoria de Joe Biden pudiera pensarse que los líderes del Partido Comunista Chico se enfrentaran en lo adelante  a la mesa a negociar en mejores condiciones por tratarse de alguien cuya característica de diplomático experimentado lo aleja del ruidoso Donald Trump, egocéntrico y con firmes convicciones por devolver a Estados Unidos ese poder hegemónico con el cual cimento el liderazgo mundial, a partir de finalizada la II Guerra Mundial. 

China como un fuerte competidor en la escena mundial disputa a Estados Unidos el liderazgo de primera potencia, logrando alcanzar influencia en algunos países como una potencia económica indetenible si se observa detenidamente su crecimiento económico y como su PIB, cada vez sobrepasa las expectativas de los demás países. 

En Europa, en cambio, la victoria demócrata se recibe con optimismo y esperanza de reencontrarse con la nación norteamericana, luego de los sacudimientos comerciales impulsados por  Trump, con los cuales se afectaba especialmente la economía alemana, un motor de vital importancia para el impulso de la Comunidad Económica Europea (CEU), quien mira la victoria con esperanza al retorno a unas relaciones amistosas con un aliado clave.

A tal nivel de deterioro llegaron estas relaciones que 10% de los alemanes confían en la política exterior del presidente Trump, en los días actuales es más impopular en Alemania que en ningún otro país de los estudiados. Incluso el líder ruso, Vladimir Putin, o el chino, Xi Jinping, salen mejor parados en las encuestas en Alemania.

A Trump se le acusa de haber socavado el libre comercio y desmantelar las instituciones multilaterales, factores de los que Alemania depende económicamente. La victoria de Joe Biden devuelve la esperanza a esta nación y por supuesto, al liderazgo de toda Europa muy atenta a los acontecimientos del 3 noviembre recién finalizados y a este nuevo proceso de reconstrucción de las relaciones internacionales. 

En cambio, durante el mando de Trump las dos coreas fueron de igual manera sometidas a fuertes tensiones, tanto por el programa nuclear puesto en marcha por Kim Jong, como por la negativa de la Casa Blanca por evitar las continuas pruebas de misiles intercontinentales por parte de Corea del Norte. El “Perro rabioso” como le llaman al Presidente Electo deberá enfrentar este viejo conflicto con una nueva óptica, ante una Corea muy afectada por las sanciones impuestas durante el mandato de Trump. 

Otro conflicto de no menos envergadura el de Irán,  se remontan a la época del triunfo de la revolución islámica de los ayatolas y las fatídicas batallas por evitar el desarrollo de un programa nuclear que condujo a una series de sanciones por parte de los Estados Unidos acompañado de una larga lista de puntos controversiales para evitar que los iraníes continuaran su influencia en la zona del Oriente Medio. Fue durante la época de Trump,  donde se le dio muerte en una operación,  aun cuestionada al General Qasem Soleimani, un amigo íntimo del líder supremo iraní. A partir de entonces está en la agenda de los grupos radicales vengar su muerte, promesa dada como cierta desde aquellos días en que las lágrimas se derramaron en diversos sectores del gobierno iraní. 

Bajo las sanciones del presidente Trump y su política de máxima presión, Irán ha quedado tambaleándose al borde del colapso económico. Aun así, toda esperanza por alcanzar algún tipo de reencuentro en la agenda de Trump era vista como imposible. Esta victoria demócrata trae una brecha para abrir las negociaciones con nuevas ideas y echar a un lado los prejuicios con los cuales se estancaron las conversaciones. 

“Mientras los estadounidenses se encaminaban a las urnas el 3 de noviembre, el líder supremo aseguró que la elección "no tendría ningún efecto" en las políticas de Teherán. "Irán sigue una política sensible y calculada que no puede verse afectada por los cambios o por las personalidades en Washington".

El último de los opositores de los Estados Unidos visto como un enigma a la hora de asumir posiciones en los aspectos de política exterior sigue siendo Rusia y Vladimir Putin. El Kremlin tiene un agudo sentido del oído. Así que cuando Biden identificó recientemente a Rusia como "la mayor amenaza" para Estados Unidos, se oyó alto y claro en Moscú”. 

Desde los tiempos de la vice presidencia de Biden en el gobierno de Obama seguir la pista de la corrupción de Vladimir Putin está en la carpeta de los demócratas. En el cielo de la geopolítica no parece que ambas figuras puedan dibujar un escenario ideal. Siempre estuvo latente la injerencia de la Rusia de Putin en las elecciones de 2016, ganadas por el saliente Trump y desde ese mismo momento cuestionadas hasta el día de hoy por los demócratas.  

Hay mucha claridad en que los Estados Unidos de Biden no van a continuar con mucho más presión y sanciones contra Rusia. ¿Acaso llego el momento para hacer pagar al gobierno ruso el precio de haber torcido la historia con la manipulación de una franja importante de electores en 2016, donde resultó ganador Donald Trump? No estoy seguro, sin embargo los comentaristas rusos vaticinan que el gobierno de Biden, al menos, será más predecible que el de Trump. Eso podría hacer más fácil alcanzar acuerdos en asuntos urgentes como el Nuevo Start, el crucial tratado bilateral de reducción de armas nucleares que expira en febrero.

En cada situación se espera un vuelco de extremo a extremo en las relaciones exteriores con todos estos países donde resulto casi imposible la convivencia con los Estados Unidos. Los demócratas irán tras una nueva imagen y para ello deberán estar decididos a emprender una nueva agenda y readecuar, cuando no reestructurar todos los acuerdos estancados con estos países, en franca confrontación. Venezuela con la presencia de Madura y su gran resistencia; Mexico y sus altos niveles de acuerdos en el Acuerdo Comercial; Cuba y los avances alcanzados con Obama en el restablecimiento de las relaciones; Brazil y su vínculos globales con los Indios y Rusia; en todos los casos tendremos a un Estados Unidos validando nuevos elementos para alcanzar aminorar los niveles de confrontación y encontrar nuevas salidas diplomaticas. Este sería el significado de la victoria de Biden para un mundo agitado y con grandes desafíos a nivel global. 


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