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Luciano Filpo

Luciano Filpo


La violencia de género


  • 27.11.2020 - 12:00 am

En un marco sociocultural noviembre es el mes de la familia y la no violencia hacia las mujeres en República Dominicana. La sociedad dominicana tiene un fuerte componente patriarcal. La cultura machista se ha inculcado en el tejido cultural, invisibilizado, pero se manifiesta en el quehacer y modus vivendi donde se congregan seres humanos. El patriarcado es una expresión del autoritarismo y la intolerancia del hombre, ha sido el reflejo del control del poder político, económico y social por el padre; su rol de proveedor, dueño del espacio público, así como amo de horca y cuchillo en la toma de decisiones en el hogar.

Para el patriarcado el tiempo es perenne no varía, las relaciones de poder no cambian, la autoridad del hombre es incuestionable, ¿será autoridad o poderío? Esa misma cultura patriarcal ha contribuido a fortalecer hechos y comportamientos misóginos, que contribuyen a etiquetar o estigmatizar a la mujer en la condición de inferioridad en la sociedad. La misoginia es un estereotipo que coloca a la mujer como un ser inútil para ciertas tareas, un sexo débil y frágil con las lágrimas a flor de piel. Este edificio cultural se resquebraja, cada vez las mujeres ganan más espacio y muestran sus capacidades y habilidades para el trabajo. Las universidades tienen mayoría de mujeres, Los mayores lauros académicas son para mujeres, pero existen diferentes factores socioculturales y políticos que segregan a la mujer por su condición. En el pasado y en la familia patriarcal la mujer tenía un rol pasivo y subordinado.

En la actualidad, como dicen Giddens y Touraine, la globalización ha influido en la conformación familiar y en el rol de los miembros. En ese mismo orden Daniel Bell habla de los cambios sociales que se dan en la sociedad post-industrial. Los roles familiares han cambiado, cada vez la familia es una institución más frágil. En el mundo crece la composición familiar con la mujer como cabeza o jefa de familia, en el caso dominicano más del 40% de los hogares son dirigidos por madres solteras, deben laborar y producir para echar hacia delante su prole. Casi siempre es el hombre quien abandona por diversos factores el grupo familiar.

Noviembre es un mes emblemático para la memoria social y cultural de la sociedad y la mujer, varias heroínas han caído en la fecha. Las hermanas Mirabal (Patria, Minerva y Teresa, así como Mamá Tingo) mujeres que se levantaron contra la exclusión y la marginalidad de una época, Las Mirabal contra el oprobio y la brutalidad de la tiranía trujillista mientras que Mamá Tingo cae en defensa de la mujer campesina excluida de la posesión de la tierra. Este mes ha estado cargado de violencia física hacia las mujeres, varios feminicidios han lacerado las familias y la sociedad dominicana. La violencia física es la forma más brutal en que el hombre procura mantener una hegemonía cultural que ha colapsado.

Existen otros mecanismos solapados de ejercer control, ya sea con subterfugios extraeconómicos o con eventos psicológicos que procuran colocar a la mujer en una condición de servidumbre. La mujer es etiquetada como un objeto erótico y capaz de elevar pasiones y bajo instintos en los hombres, instrumento para promover mercancías culturales, es decir la sociedad la sigue golpeando como objeto de placer, promover una bebida, una llanta, un vehículo, un calzado. Donde hay un desenfreno de forma visual se coloca una mujer con escasa ropa; como plantea Byung Chul Han “Eros se ha debilitado, cosificado la intimidad y prevalece lo porno”, el mismo autor sostiene que se está ante la sociedad de la transparencia, donde se exhibe todo en las redes sociales existe una necesidad perentoria de mostrarse, colocar las peripecias de la vida donde se vean.

Supuestamente la exposición al público da sentido a la existencia. En los textos de la sociedad líquida y la generación líquida Bauman habla de los cambios sociales, de la crisis de las relaciones íntimas y de su volatilidad, no existen relaciones duraderas, se vive el imperio de lo efímero, incertidumbre y lo momentáneo. En Centroamérica y el Caribe existen estadísticas sobre violencia de género que espantan... Honduras, El Salvador, Nicaragua, República Dominicana y Guatemala son de los países con más violencia hacia la mujer.

Hay que transformar la cultura política y democrática en los estilos de convivencia entre las comunidades, grupos e instituciones sociales. En la región se deben incluir políticas públicas de género, las cuales se orienten a eliminar o reducir a su mínima expresión la violencia y el acoso. En la sociedad dominicana el matrimonio infantil ha sido una fuente de abuso y violencia hacia la mujer, muchos hombres han creado harenes y sistemas de dependencia de las adolescentes hacia ellos.

En la actualidad el congreso estudia un proyecto de ley que impide en todas sus vertientes el matrimonio infantil. Una ley no es suficiente hay que atacar las raíces culturales y sociales, pero dicha ley era necesaria. Por otro lado, la feminización del hogar y la feminización de la pobreza son hándicap en contra del progreso y avance de la mujer. De las grandes riquezas, el 98% pertenecen a hombres mientras las mujeres tienen menos oportunidades económicas que ellos, son excluidas y marginadas por su condición.

Por otro lado, la feminización del hogar es la tendencia más evidente, es la mujer que mantiene los vínculos sociales, educativos y expectativas de progreso entre los hijos. En ese marco de estereotipos culturales y estigmas sociales la mujer avanza en base a su esfuerzo y superación mientras que la cultura androcéntrica se resiste y recurre a violencia como instrumento de dominación y control social. Más allá de las teorías feministas y androcéntricas hay que fomentar una cultura de equidad de género, la cual potencia una nueva masculinidad y feminidad.

El autor es Dr. en Educación.


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