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Pedro Mendoza

Pedro Mendoza


La violencia en la familia….¡prosigue su agitado curso!


  • 18.08.2019 - 04:35 pm

La novela histórica El nombre de la rosa del famoso escritor italiano, Umberto Eco, se publicó en 1980, pero yo la leí en 1983. Es la obra literaria, que yo  haya leído, que describe el   mayor nivel de violencia, intriga, intolerancia, habladurías, torturas horripilantes, prisión  y asesinatos. Sus casi 800 páginas, abruma hasta al lector menos sensible porque es casi imposible creer que la Curia católica de la Edad Media utilizara la más feroz maquinaria de la intolerancia dogmática-religiosa para torturar y condenar a morir quemados vivos aun a sus propios teólogos y sacerdotes, además de miles de simples ciudadanos y de hombres de ciencia, por el hecho de que bastara con que un cura por maledicencia o por envidia acusara a uno de sus compañeros de cometer el “irredimible” pecado de tener sexo, bajo cuerda,  con una de sus feligresas o con alguna novicia, para que se le acusara de hereje, con lo cual el juez de la Inquisición ordenaba quemarlo vivo después de que sufriera los más pavorosos procedimientos de tortura física y psicológica.
   
Bueno, pues  la RD está viviendo un periodo de violencia tan extrema casi de igual magnitud como la  descripta por Eco en aquella obra que ocurriera en la Iglesia de la Italia medieval entre los siglos 12 y 15. La diferencia entre aquella época violenta y la actual entre nosotros, se limita a que la violencia en la Edad Media  la ejercía la Inquisición como institución del Santo Oficio y en la RD la violencia social e intrafamiliar se ejecuta fundamentalmente entre los sectores más pobres y menos educados de la población.

El artículo que ya había redactado  para publicarlo hoy lunes, no tenía nada que ver con el tema de la violencia. Pues resulta que  en agosto del 1859, hace ya 160 años, el gran físico británico, John Tyndall, hombre de fervoroso ánimo científico, demostró la causa de por qué en un día claro y despejado, todos vemos el cielo de color azul. Incluso, todos los cristianos creemos que en ese cielo, enigmáticamente color azul que vemos, allí van a morar nuestros seres más queridos cuando mueren porque allí también reside nuestro Dios, y  además que hacia allí también irán nuestras almas si es que alcanzamos la salvación por la fe. De ahí que tuve que dejarlo, en parte, para otra ocasión.
   
Tyndall se dio cuenta  que el vapor de agua que contiene la atmosfera atrapa la radiación infrarroja que procede desde la Tierra hacia el firmamento, lo que se transforma en sofocante calor, tal como sucede en estos días.  Ese vapor de agua tiene partículas grandes y pequeñas. Si los rayos de luz que proceden del Sol chocan con estas partículas, los rayos se dispersan en todas las direcciones. Si las partículas son pequeñas, entonces la dispersión de los rayos  ocurrirá según la longitud de onda de los colores de la  luz.
   
Si la longitud de onda luminosa es corta como son los colores violeta y azul y algunos verdes, la luz se dispersará más; pero si el rayo luminoso  es de longitud de onda más larga como el rojo y el amarillo, esos rayos atravesarán la atmosfera fácilmente en línea recta sin que nada los perturbe en su trayecto. De esa manera, las partículas contaminantes contenidas en el vapor de agua de la atmosfera desvían la luz del Sol que nos llega entonces indirectamente y solo vemos las ondas luminosas cuyas longitudes son más cortas y corresponden a  colores azulosos. Por eso es que vemos el cielo color azul. Esa fue la razón de por qué cuando los astronautas que llegaron a la Luna en 1969 miraron hacia el Sol, notaron que éste resplandecía con su luz blanca en medio de un fondo totalmente negro. Puesto que en la Luna no hay atmosfera, pues no hay partículas pequeñas ni hay vapor de agua que interfiera la visión de los rayos del Sol; así, si miramos el cielo desde la Luna, veremos que el firmamento no es azul sino oscuro.

Tuve que cambiar ese artículo después de leer lo dicho por la Procuraduría General de la República a principios de semana, cuando dio a conocer los escalofriantes datos sobre los hechos de violencia ocurridos durante el año pasado. Observe el lector y dígame si no es para espantarse:
   
Dijo la Procuraduría que tuvimos 5.245 casos de violencia intrafamiliar que incluyen 561 reportes de violencia de toda índole contra mujeres parejas de hombres; que desde el 2005 al 2018, un total de 1.356 mujeres fueron asesinadas por sus parejas; que los abusos sexuales fueron 554, donde se incluyen 300 casos de violación y agresión sexual y 228  sometimientos por seducción de menores de edad.
   
Por otra parte, también el sistema judicial emitió unas 15.757 órdenes de restricción a hombres por amenazas a sus parejas. Los casos de incesto sumaron varios cientos y la mayoría los cometió el padre biológico o el padrastro, y otros los cuñados.
   
Esos números tan pavorosos deben llenar de preocupación y angustia a toda la sociedad. Desgraciadamente, esos números tan vergonzosos no provocarán “ni pío”  porque la campaña electoral comenzó y ésta se ha convertido en un factor inductor de indiferencia social frente a muchas de nuestras grandes tragedias.

El autor es Terapeuta familiar
Centro Médico Cibao- Utesa


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