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Redacción

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Las “acomplejadas” relaciones Haití-RD


  • 04.12.2020 - 12:00 am

Desde el inicio de las dos repúblicas que comparten la isla de Haití o Quisqueya, bautizada por el conquistador como La Española, las relaciones entre las dos naciones han sido complicadas y acomplejadas al mismo tiempo.

Los dominicanos se consideran los herederos de los conquistadores españoles que dominaron la isla, mientras los haitianos, primeros en independizarse del dominio francés, a partir del tratado de Basilea se autoperciben como los dueños de la isla “una e indivisible”, de modo que para ellos la parte este, que corresponde a lo que hoy día es el territorio dominicano, también les pertenece.

Esa percepción histórica se ha modelado por una evolución del pueblo haitiano que ha conformado  un psiquismo colectivo forjado por la combinación de la mística de sus propios  “emperadores” y de la “cultura de la esclavitud” que dividió al pueblo haitiano en dos segmentos que coexisten en una relación de dominación y rebelión: una oligarquía modelada con la mentalidad imperial al estilo francés; y una masa de población empobrecida animada por el sentimiento de la esclavitud al estilo africano, y que han convivido en una relación que ha evolucionado en un trazado en franco deterioro condenando al país vecino a la pobreza y la inestabilidad permanentes.

En ese contexto se pueden entender las expresiones quejosas del Canciller haitiano al pedirle a su homólogo dominicano “ un cambio en la retórica que elimine la narrativa negativa hacia Haití y hacia sus ciudadanos”, pasando a señalar que no es bueno para Haití y RD el uso de expresiones como que “no puede haber una solución dominicana a los problemas de Haití”, tal como lo dijera el Presidente Abinader, o expresiones como la del Ministro de Salud dominicano, quien dijera que “RD no puede asumir el coste económico que generan las mujeres haitianas que acuden a los hospitales dominicanos a dar a luz”.

Esas expresiones no deben, pensando con racionalidad, “acomplejar” a los representantes del gobierno de Haití, porque de esa forma se manifiesta larvadamente el espíritu del inmovilismo que busca que todo siga como va, cuando lo que debería buscarse son soluciones compartidas entre los dos países en la zona de la frontera, donde se podrían instalar centros de salud a donde acudan las parturientas haitianas, así como  zonas francas industriales que generen empleos para responder positivamente a esos problemas que afectan tanto a los haitianos como a los dominicanos en la zona fronteriza. De esa manera, también se promovería un clima de estabilización y control de otros problemas como el contrabando y la inmigración ilegal, entre otros.

Esas soluciones deberían también contar con el apoyo de la Comunidad Internacional, la cual debe convencerse de que los problemas haitianos ciertamente no tienen una solución dominicana en el contexto de la democracia y la soberanía. Esa comunidad tiene que intervenir con profesionalidad y seriedad, y revestirse además de solidaridad y responsabilidad globales.     

Esas perspectivas de soluciones a esos problemas comunes entre Haití y RD, sin embargo, no encuentran un terreno fértil dentro de un psiquismo prejuiciado, tal como lo dejaran ver las quejas del Canciller haitiano.

Las relaciones entre ambas naciones serán siempre necesarias, y hay que mejorarlas, pero lamentablemente han sido muy difíciles y dañadas por la historia.

¡Hagamos, pues, conciencia lúcida de ello!


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