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Samuel Reyes

Samuel Reyes


Las piedras de los políticos


  • 25.10.2019 - 06:39 pm

Dice la Biblia que mientras Jesús enseñaba a la multitud, sobre el amor, la paciencia, la bondad, la misericordia, el perdón o de cualquier otro de sus temas de su doctrina fue interrumpido por un barullo de ruido, quejas, gritos y dolor. Unos hombres trajeron ante el Maestro una mujer sorprendida en adulterio.
   
El ambiente tierno, de paz, de gozo que habría en el círculo donde Jesús estaba contrastaba con el ambiente que venía con los partidarios de la hipocresía: ira, contienda, rabia, injusticia, dolor, miedo. Traían a una mujer adúltera, que merecía el castigo de sus actos, y piedras lo suficiente grandes como para matarla con una sola.
En nuestro país, después de concretarse la división del Partido oficial se repitió la triste historia de la pobre institucionalidad de nuestros partidos políticos, grandes y pequeños, los cuales sufren del flagelo de la división interna.  
   
Y junto con la división viene también la tiradera de piedras. Y los líderes de esas organizaciones que históricamente se han dividido en su turno no se han conformado con tirarse piedras entre sí, sino que ponen piedras en las manos de sus seguidores con argumentos hirientes y mordaces para que se las arrojen y se provoquen heridas que muchas veces son difíciles de sanar.
   
Y ya de por sí la sociedad dominicana tiene en sus manos piedras preparadas que un día se atreverá a arrojar. La sociedad tiene piedras listas contra los políticos por toda la corrupción y el saqueo de los bienes del Estado, contra el sistema educativo que ni con el 4% del PIB aumenta su calidad, contra la ineficiencia del servicio energético, el pésimo sistema de salud, contra la mala calidad de toda la burocracia estatal, contra el alto costo de la vida, contra la ineficacia de la lucha contra el narcotráfico y la inseguridad ciudadana.        

Tenemos piedras porque hemos aprendido de nuestros líderes que es normal lanzar piedras de odio, rencor, iras, contiendas, celos, y de todo sentimiento negativo.
  
 Así podríamos hablar de los que sufren el incremento de la delincuencia, de los que han sido abusados, de las mujeres y niños que sufren maltrato, de los vacíos en nuestras leyes en beneficio de los desfalcadores, del incremento del costo de la vida y los combustibles y de tantas otras cosas que hacen común que nuestra gente lleve piedras en sus manos.
   
Y si oímos lo que algunos políticos dicen entonces se justifica que un día contra ellos también se lancen piedras, piedras que son fruto de lo que han sembrado entre el pueblo. Sin embargo, el pueblo debe estar libre de pecado para poder arrojarlas.
   
La piedra demoledora que podemos lanzar contra ellos es desvincularlos de la cosa pública y hacer que se les aplique una justicia firme e imparcial. Entonces podremos dejar caer las otras piedras. 

Ya lo dijo Jesús: “Ustedes saben que los gobernantes de este mundo tratan a su pueblo con prepotencia y los funcionarios hacen alarde de su autoridad frente a los ciudadanos”. Por lo pronto cambiemos cada una de nuestras piedras por un voto por candidatos de verdaderos principios y valores.


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