Comentarios Recientes

0
Rafael A. Escotto

Rafael A. Escotto


Luis Abinader, La toma de posesión de un jefe de Estado


  • 17.08.2020 - 12:00 am

Por lo general la toma de posesión de un jefe de estado es un evento glamoroso, apropiado para que los modistos exhiban sus grandes confecciones de ropas y los maquilladores de moda o de efectos especiales demuestren su arte en algunos rostros femeninos y masculinos; también se puede apreciar en estos actos la presencia en el salón las cariátides del Palacio Nacional de personalidades del jet set de los negocios, las artes, la música, el cine y la política nacional y mundial, y por qué no decir, de los diplomáticos extranjeros acreditados ante el estado de nuestra nación anfitriona.

Por su alta trascendencia política y social esta clase de acontecimientos compiten, por la elegancia con que son preparados los escenarios, con los concursos de bellezas más importantes del mundo, como Miss Universo, y son vistos por miles de personas, ricos y pobres, con suma fascinación e interés a través de los medios de televisión nacionales a quienes le atraen esta clase de fastuosidad y de glamour. 

El 16 de agosto cada cuatro años es la fecha escogida constitucionalmente en la República Dominicana para la investidura del presidente del país. El día domingo será nombrado presidente de la República el también miembro destacado del Partido Revolucionario Moderno (PRM) ganador de las elecciones, el Licenciado Luis Rodolfo Abinader Corona, de 53 años de edad.

Una parte de la toma de posesión está reglamentada por la constitución y el resto formará parte de unas series de tradiciones. El presidente debe jurar o afirmar una frase que recoge la constitución demostrando el compromiso que él adquiere y se compromete de esta manera: "Juro por Dios, por la Patria y por mi honor, cumplir y hacer cumplir la Constitución y las leyes de la República, sostener y defender su independencia, respetar sus derechos y llenar fielmente los deberes de mi cargo".

Esta vez La juramentación de Luis Abinader Corona como presidente de la República consistirá, según aparece en la prensa nacional, en un sencillo acto, donde estará presente un reducido número de personalidades y se prescindirá de la acostumbrada recepción en el Palacio Nacional y del desfile militar en la avenida George Washington.

Esta decisión de hacer una toma de posesión sencilla debe ser respetada, no sin antes debo apuntar, que a los pueblos como el dominicano, pobres y con crisis de distintas índoles y magnitudes, incluyendo el coronavirus, le gusta y disfruta la grandilocuencia de estos actos oficiales porque la generalidad de los ciudadanos tienen muy escasa oportunidad de divertirse y de ver con ojos propios la investidura de su presidente, tan deseada y esperada como esta, y participar de la historia deja una sensación enorme de sabor en el corazón de los pueblos. Además, tienen algo que contarles a las siguientes generaciones. 

No importa que haya pobreza económica e injusticia social en la base de la población; no importa que menos de un 2 por ciento de la población se llevas el 85 por ciento de la riqueza nacional, y nadie dice nada; tampoco molesta que haya corrupción en el Estado, siempre las ha habido y la habrá, y no pasa nada. 

A pesar de estos estados anímicos, son los pobres lamentablemente quienes más ven telenovelas donde se proyecta un mundo de ostentaciones y de lujos que pone a las personas pobres y de clase media baja a ilusionarse, en el que la verdad es simplemente una fantasía. 

Extraño, como parezca, son a los pobres a quienes les fascina ver la aristocracia pasearse por la alfombra roja, sin darse cuenta que es de ellos, o sea, de los descamisados dominicanos, quienes al denegarse a sí mismos, caen en el terreno de un masoquismo inexplicable para una mente inteligente. Pero este tema es para ser analizado por un psiquiatra social.

   Sin embargo, estamos de acuerdo que esta vez el gozo sea solo entre un reducido grupo de amigos, parientes y relacionados del presidente Luis Abinader Corona, quien será investido este 16 de agosto, para preservar al pueblo de un contagio y evitar que la fiesta se vuelva una celebración popular dolorosa., como la celebrada el viernes anterior al domingo de Ramos, o sea, el viernes de Dolores.

   A lo mejor el presidente Luis Abinader le tiene guardado al pueblo un mejor regalo; a la larga, podría ser más provechoso y más práctico para llevar aliento a la salud espiritual y social de los dominicanos que muchas faltas le hace desde hace tiempo vivir un cambio de gobernanza.

   Volvemos a decir, que habrá críticas, a sabiendas que el pueblo dominicano arrastra una inconformidad casi patológica, contra la medida de la nueva administración al no poder ver a su presidente Luis Abinader Corona recibir los honores militares, ello así porque a los pueblos pobres y vanidosos les encanta ver la hipocresía imperial desplegar su simulación, lo mismo le ofrecen las telenovelas en la que una pobre sirvienta se casa con un príncipe, porque la vida es simplemente eso, una ilusión, pero vivida en la mente de un personaje de novela.

Es posible que el pueblo dominicano pudo haber soñado con ver su presidente Luis Rodolfo Abinader Corona bailando el vals El Danubio Azul de Johann Strauss, en el salón de las cariátides con la Primera Dama doña Raquel Arbaje Soni y tener esta fotografía entre sus recuerdos más preciado seria otras de sus grandes ilusiones, como aquellas sensaciones que llegó a crear en un momento largo de su reinado el rey Juan Carlos I de España.


Comentarios

Name of User
Sé el primero en comentar

Ir arriba