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Redacción

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Luis y la oportunidad duartiana


  • 26.01.2021 - 12:00 am

El natalicio de Juan Pablo Duarte es una oportuna fecha para recrear el ideario duartiano que nos legara el Patricio, ideario que dio lugar a la fundación de la República Dominicana en 1844.  

Duarte sembró la idea en la conciencia nacional de una nación libre e independiente de toda potencia extranjera, la cual debía organizarse políticamente según el ideal democrático. Ese ideario fue su legado fundacional, el cual yace en el psiquismo de la dominicanidad patriótica y que en ocasiones provoca estallidos de rebeldía nacionalista que afirman la idea original de Duarte.   

Ese ideario duartiano debía ser la base para la edificación de un régimen político que desde el nivel municipal hasta el poder central, se habría de organizar de acuerdo a los principios democráticos de la separación e independencia de los poderes del Estado, así como bajo el principio de la alter­nabilidad del poder, que son los principios guías para que el soberano pueblo, sede donde reside el poder, delegue en sus representantes, con legitimidad y limpieza, su poder para que desde las instituciones que conforman el Estado se promueva el bienestar y la felicidad de la población dominicana. 

Duarte nos ofrece, así, el primer esquema institucional para llegar al ideal de la demo­cracia, tal como la fueron perci­biendo los pensadores clásicos, entusiasmados con el flore­cimiento del sistema socioeconómico capitalista  y su mensaje liberador a través de la aspiración institucional del “libre mercado”. 

En nuestro país ese desarrollo económico capitalista no pudo desarrollarse con la eficiencia y alcance como en los países avanzados de Europa y después de los EE.UU, quedando rezagado e incoherente, con ideas de avanzada coexistiendo con ideas y prácticas atrasadas, propias de los esquemas culturales tradicionales y feudales. 

Por eso el legado democrático de Duarte fue desvirtuado por aquellos que, aferrándose a las ideas políticas autoritarias tradicionales, impusieron regímenes políticos que más que democráticos tradujeron  y reprodujeron regímenes autoritarios en forma de dictaduras o tiranías, violadores de las leyes y la Constitución, y ejercidos de forma totalitaria por los grupos que se hacían del poder, negando las ideas y prácticas democráticas que nos legara el ejemplo de Duarte. 

Esa comprensión de la historia en ocasión del Día de Duarte, es pertinente recrearla en ocasión del  cambio en el poder que se produjera en el país en las elecciones del 2020. Ese cambio abre una oportunidad para que desde el poder, las nuevas fuerzas políticas que dirigen el Estado, retomen el legado de Duarte para conducir a la nación hacia una República Democrática, con libertad y justicia y con independencia de los poderes.

Ese es el camino que parece estar recorriendo el Gobierno que encabeza Luis Abinader, quien ha reiterado su compromiso con un Estado regido por la independencia de los poderes y administrado por un Ejecutivo respetuoso de la Ley y la Cons­titución, honrado y honesto, promotor del desarrollo y el bienes­tar y decidido a luchar contra la impunidad y la corrupción y el atraso empobrecedor.

¡Fortalezcamos, pues, el ideario de Duarte!


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