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Luis Córdova

Luis Córdova


Más cerca del 2030


  • 26.11.2020 - 12:00 am

Hace unos días un amigo me compartió la preocupación que un dirigente nacional de un partido le había planteado: “en los actuales momentos no políticos que promuevan un proyecto de nación”.

Al parecer la persona, que es miembro de su generación, argumentó muy bien porque parecía convencido. Conociendo a ambos no alcanzo a reponerme del asombro: ¿gente actualizada que no conoce el marco legal con el que aspira a dirigir la nación? ¿Hasta qué punto están informados nuestros “dirigentes” de la realidad, dimensión y herramientas que dispone el Estado?

Que alguno, o quizás muchos, no se enterare de la evolución de la agenda nacional es hasta cierto punto comprensible. Al fin y al cabo, como nos revelara Moscoso Puello, “en este país la ignorancia de los hombre y la belleza del paisaje compiten en grandeza”.

Lo penoso, peligroso y preocupante es que estamos cada vez más cerca del 2030 y el inventario de pendientes continúa ahí, petrificado, a pesar de que hace mucho tenemos una Agenda.

El 19 de diciembre del año 2006 se promulgó la Ley No. 498-06 que creó el Sistema Nacional de Planificación e Inversión Pública y planteó la concertación de una Estrategia de Desarrollo como instrumento de planificación: “la Estrategia de Desarrollo definirá la imagen-objetivo del país a largo plazo y los principales compromisos que asumen los poderes de Estado y los actores públicos, económicos y sociales del país, tomando en cuenta su viabilidad social, económica y política. Para ello identificará los problemas prioritarios que deben ser resueltos, las líneas centrales de acción necesarias para su resolución y la secuencia de su implementación. Será resultado de un proceso de concertación y deberá ser aprobada por ley del Congreso de la República”.

En un esfuerzo del gobierno dominicano prácticamente todos los sectores participaron en la construcción de esa visión de país, la nación que todos y todas nos comprometimos desarrollar. Una concertación como pocas veces se ha producido en la historia republicana donde el liderazgo empresarial, la sociedad civil organizada, los partidos políticos, en fin toda una sociedad que entre esperanza y escepticismo intentó vencer     el “pesimismo dominicano”. 

Definido el Norte solo era cuestión de ajustar las velas de la nave nacional, teniendo como carta de ruta la Ley No. 1-12, la Estrategia Nacional de Desarrollo 2030. 

Marcando un hito en la forma de conducir la Nación, un cambio en el modelo de desarrollo, mediante la definición clara de hacia dónde se quiere conducir el país en el largo plazo y cómo se hará. 

La Visión de la Nación para el largo plazo, es decir el 2030, aspiraba a que la “República Dominicana es un país próspero, donde las personas viven  dignamente, apegadas a valores éticos y en el marco de una democracia participativa que garantiza el Estado social y democrático de derecho y promueve la equidad, la igualdad de oportunidades, la justicia social, que gestiona y aprovecha sus recursos para desarrollarse de forma innovadora, sostenible y territorialmente equilibrada e integrada y se inserta competitivamente en la economía global”.

Ahora que hablamos de cambios y que en efecto muchas cosas están presentado transformaciones, insistimos en lo mismo que se nos requería cuando la fiebre de los planes institucionales y las metas alineadas a ejes era la principal ocupación de los que integraban instituciones públicas: para lograr ese país se debe garantizar una correcta planificación de sus recursos para la consecución de las metas y objetivos que le permitan lograr niveles de desarrollo adecuados y sostenibles.

La Estrategia Nacional de Desarrollo contiene 4 ejes estratégicos, divididos a su vez en 19 objetivos generales, 58 objetivos específicos y 460 líneas estratégicas de acción. No hay que inventar la rueda.

Volver a su lectura, revisar los porqués de la postergación de los grandes pactos y asumir las prioridades sin sustituir lo necesario por lo urgente. 

Ahora que Navidad viene con un indefectible encierro es oportuno recomendar la lectura de la misma a quienes dirigen y a los que pretenden dirigir. A los que la conocen también les va bien una relectura, sobre todo en los tiempos poscoronavirus que se avecinan.

En mi caso junto a esta relectura también he vuelto sobre mi viejo ejemplar de “Cartas a Evelina”.


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