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Redacción

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¡Nochebuena!


  • 24.12.2020 - 12:00 am

Hoy 24 de diciembre el mundo cristiano celebra la Nochebuena previo al Día de la Natividad del Señor, cuando el hijo de Dios se hizo hombre en la tierra con la misión de redimir a la humanidad del pecado y salvar su alma.

En tan significativa fecha los dominicanos se preparan para reunirse en familia, como todos los años, para servirse la Cena de Navidad en conmemoración simbólica de aquel momento del nacimiento del niño Jesús.

Para esta época del año soplan aires frescos del invierno tropical, que identifican el período de la Navidad, donde el cielo se hace más azul claro y transparente y la foresta más limpia y reverdecida. En ese ambiente pródigo y apacible, nos disponemos a          reunirnos en familia y celebrar la venida del Señor con su mensaje de salvación.

Empero, en esta ocasión ese clima de paz y de alegría apacible ha sido sacudido por la presencia de un virus que ha puesto en zozobra a la población mundial, alterando la sana convivencia y poniendo de rodillas a la humanidad misma, al dañarle su institucionalidad sanitaria y económica, agravando los crónicos problemas del desempleo, de pobreza y de desigualdad.

La conmoción causada por la pandemia del coronavirus no solo ha puesto al descubierto las fallas de los sistemas de salud en todos los países sin distinción, sino que descubre también los ascentrales problemas del sistema económico mundial, en especial del sistema económico que se ha globalizado bajo los designios de la doctrina del “libre mercado”, el cual no solo viene agravando los problemas de la desigualdad y la pobreza, sino que también viene desequilibrando las relaciones de la humanidad con su medio ambiente natural, poniendo en peligro la vida humana en el planeta tierra, por efecto del calentamiento climático.

Esos problemas en presencia del coronavirus y su secuela de contagio y muerte, obligan a la humanidad a través de su inteligencia colectiva, a una honda reflexión, donde se reconozca la situación dramática que viven los pueblos del mundo, por efecto de lo que la Iglesia Católica ha  denominado “el capitalismo salvaje”, al tiempo que se determinen las urgentes reformas que requieren los sistemas sociales aplicados a los servicios necesarios para la vida humana y a una economía que se edifique sobre los principios de la solidaridad y la subsidiaridad, de modo que los sistemas económicos se transformen, para que garanticen la vida humana. Como dice el pensamiento crítico y filosófico latinoamericano: una “economía para la vida” y no para el fetiche del dinero.

La pandemia debe servirnos para esa necesaria rectificación del rumbo suicida que sigue la humanidad regida por la vigencia de las leyes objetivas de la economía capitalista, sobre todo dirigida por una versión extrema y errada del “libre mercado” con escasa regulación.

Mientras esas nuevas líneas de acción se formulan y se apliquen, dispongámonos a celebrar la Nochebuena con prudencia y comedimiento cumpliendo los protocolos de lugar, para que disfrutemos en familia de la Cena Pascual.

¡Feliz Navidad! 


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