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Redacción

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Optimismo para pensar


  • 31.03.2021 - 12:00 am

El Banco Mundial vaticina que República Dominicana crecerá 5.5 % para el 2021, colocándose entre las primeras economías  de mejor comportaiento de la América Latina, comparable con Chile y superando a Colombia y Mé­xico. Se trata de una perspectiva optimista que habla del dinamismo y recuperación de la economía nacional. 

Esa situación se produce luego que el Covid hizo caer el PIB en alrededor del 6 % durante el 2020, año en el cual la pandemia semiparalizó el desempeño de la economía, así como a gran parte de las economías del mundo.

Pero si las perspectivas que estima el Banco Mundial son optimistas y entusiastas, a lo interno de nuestra economía se acentúan tendencias que deberían poner a pensar a nuestros académicos y profesionales de la economía, al igual que a los líderes de las instituciones desarrollistas.

En efecto, las cifras sobre los resultados económicos para el año 2020, hablan de un decrecimiento negativo de la economía nacional, por efecto del impacto de la pandemia. Sin embargo, en ese período de crisis, los reportes de las entidades financieras que han salido en la prensa, reflejan resultados muy optimistas para la banca, revelando indicadores de expansión y rendimiento del capital muy por encima de los dos dígitos en cuanto a cartera de préstamos, activos y beneficios netos.

Esa situación es como si dijéramos que el bienestar de la banca es inversamente proporcional al descalabro de la economía y principalmente de la sociedad, es decir, de la gente. Este último resultado queda evidenciado en un reportaje aparecido en la prensa nacional, en el que se establece que durante la pandemia el ingreso salarial por hora cayó en 8.3%, siendo los más afectados los trabajadores  de hoteles, bares y restaurantes, los de la banca y los del transporte, en tanto que los relacionados con los empleos públicos fueron los más protegidos. 

Esas simples cifras son claras señales que nos deben poner a pensar y cuestionar el modelo de economía capitalista que se ha implantado en el país bajo el modelo doctrinal neoliberal, y de cuya interioridad emanan tendencias claras a la concentración de la riqueza, la desigualdad social y la creciente pobreza.

Esas condiciones, por su parte, reproducen las tendencias económicas al monopolio y al oligopolio, las que a su vez sustentan a las oligarquías y la autoridad caudillista, estructuras fácticas que reproducen el círculo vicioso de la pobreza y del subdesarrollo nacional. 

Frente a ese cuadro de situación, es correcto el énfasis en las políticas públicas por expandir a las clases medias, mediante la canalización de recursos públicos financieros a favor del desarrollo basado en los medianos, pequeños y micro empresarios, como generadores de empleos y de riqueza mejor distribuida en beneficio de la gente.

¡Ese es el énfasis estratégico para el desarrollo y destino dominicanos!  


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