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Aquiles Olivo Morel

Aquiles Olivo Morel


Que no se te apague la luz de la esperanza


  • 01.04.2020 - 12:00 am

Sin importar el credo, la raza, el color, el país, la patria, la nación, las ideologías, los partidos, las iglesias y la distancia todos en este momento somos presas del miedo. El propio vaticano el primero en admitirlo lo fue el Santo Padre, en medio de sus oraciones, en el inmenso salón al invocar al todo poderoso admitió sentir miedo. 

Todos los países están siendo sacudidos por la presencia del Ángel de la muerte; no se percata del color ni de la riqueza; tampoco se preocupa por quien; si trata de una figura renombrada como una persona común; el virus que hoy acorrala al mundo en un encierro está llenando de luto a la humanidad; a diario las pasmosas estadísticas dando cuenta de los fallecidos a causa suya  nos llenan de un temores; no salir de la casa y las avenidas que alguna vez y a todo instante fueron populasas lucen desiertas.

Los toques de queda, una vieja práctica de los días oscuros de las dictaduras vuelven a implantarse; declarar el estado de emergencias y paralizar las fábricas; frisar la vida cotidiana también empieza a calar psicológicamente en los ciudadanos. Se trata de resistir e imponer nuevos estilos de vida, donde la congregación al parecer será algo del pasado o deberá esperar para imponerse nueva vez.

Sin dudas que el COVID19 altero la cultura de las grandes mayorías; las agendas deberán reajustarse a las circunstancias y miles de seres humanos, alejados de sus familias procuran regresar a sus casas en medio de la pandemia. 

En la misma medida en que se expande el virus y se asumen las medidas preventivas también se va desarrollando por parte de grupos de irresponsables la divulgación de la noticias falsas. 

La medidas de salud más efectivas conocidas para combatir los brotes infecciosos hasta el momento son aquellas orientadas a lograr el aislamiento; aquellas poblaciones y personas que no se someten a las cuarentenas ponen en riesgo a quienes se encuentran sin contagios. 

A la gran mayoría de las personas en la vida moderna se le hace extremadamente difícil frenar de repente y sumergirse en una cuarentena, dejando de lado su vida cotidiana, someterse por completo a una nueva realidad. La angustia días después parece apoderarse de ellos; la desesperación con solo pensar en los grandes compromisos a los cuales se sienten aferrados le producen esta sensación de estrés.

En realidad dejar de lado todo esto representa un acto de conciencia al cual nadie puede renunciar; se sabe  que cientos de miles de trabajadores fueron suspendidos; también, las empresas se encuentran en una situación difícil por el hecho de haber cerrados temporalmente. Los trabajadores y las empresas constituyen el motor de sustento de las familias; sin embargo, la realidad ante la muerte se coloca por encima de todas estas cosas.

Las enfermedades están presentes en la especie humana conjuntamente con las medicinas lo cual garantiza la recuperación de los enfermos al momento de contraerlas. En este caso, no se dispone de un remedio, aunque prueban a través de diferentes alternativas con tratamientos, en algunos casos efectivos.

Hay una legión de científicos de todas partes; laboratorios y organizaciones de investigación; agencias especializadas procurando dar con una vacuna capaz de contrarrestar la rápida expansión de este virus. Las señales son alentadoras porque en esta ocasión se disponen de los recursos y de la voluntad de los gobiernos de empezar a desplegar todas sus capacidades con la finalidad de conseguir el fármaco capaz de lidiar con tan terrible mal.

Los países pobres o países en vía de desarrollos, carentes de recursos de todos los tipos, con sistemas de salud muy precarios afrontan esta pandemia a través de diversas medidas creativas. Los epidemiólogos –especialistas en brotes, salud colectiva- se las ingenian a través de los cordones sanitarios para disminuir la expansión de la pandemia.

No faltan quienes consideran que este virus salió de los laboratorios experimentales fruto de las guerras libradas por las potencias. Diferentes teorías de la conspiración aparecen cada día; se culpan uno a otro de ser los autores; de perpetrar una especie de guerra biológica.  

En definitiva el mundo empieza a ver como cada vez se requieren nuevas medidas y métodos para administrar los recursos. La especie humana ha visto a través de la historia varias plagas con alto saldo de muertes humanas. La de ahora parece ir en la misma dirección muy a pesar de la creencia de que el desarrollo tecnológico estaba listo para responder a este tipo de desafíos. 

Los humanos como especie empiezan a valor las cosas sencillas, aquellas que en su momento no fueron digna de su justo valor, ahora por lo visto todos pensamos en que no debe apagarse la luz de la esperanza.  


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