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Pedro Mendoza

Pedro Mendoza


Que nos engañen con cosas grandes, no con las pequeñas


  • 03.02.2020 - 12:00 am

Cuando un banco presta dinero a un empresario para el desarrollo de algún negocio, el banquero confía en que el prestatario le pagará el préstamo más los intereses. Pero todos los banqueros saben que existe el riesgo de que el prestatario no pague el préstamo, de ahí, que absolutamente nadie consigue un préstamo bancario si no está dispuesto a poner en mano del  banquero una sólida garantía, como una casa, algunas inversiones, certificados financieros, vehículos, una finca o un solar, como respaldo del préstamo recibido. 

Pero, ¿por qué los bancos toman todas esas exageradas precauciones cada vez que le prestan a la gente cien pesos o quinientos mil? Ah, porque los bancos saben que aunque su cliente se haya ganado  cien o quinientos millones de pesos a partir del negocio o la empresa que desarrolló con el préstamo que le hicieron, jamás aquel cliente se aparecerá al banco y le dirá la banquero: “Oiga, señor banquero, esos cuartos que me prestó se convirtieron en la mayor bendición recibida en toda mi vida, tanto así que solo cinco años después de aquellos cien mil pesos que me prestó,  mis ganancias netas andan por encima de los cien millones de pesos. Hoy mismo hice el último pago de mi deuda.  Así que tome, aquí tiene cinco millones de pesos como una compensación adicional por haberme hecho aquel préstamo. 

Describo este caso hipotético para decir que los partidos políticos se hacen los bobos cuando ‘pintándose’ como gente capaz de la mayor nobleza y honorabilidad, empiezan a denunciar que la Junta Central Electoral debe tomar  precauciones apropiadas para “evitar la compra de votos” en las próximas elecciones. Tales denuncias me llevan al colmo de la irrisión porque todo el mundo sabe que en todos los procesos electorales celebrados en nuestro país durante los últimos 50 años los dirigentes de los partidos políticos un 30% de las veces “compran votos” y en el otro 70% “compran” cédulas, mejor dicho, no es que les compren las cédulas a la gente, sino que les pagan a los simpatizantes de los partidos contrarios para que no vayan a votar. Claro, a menudo lo común es que les “guarden” las cédulas hasta el día siguiente de las elecciones. 

De modo, que alertar contra la compra de votos o la compra de cédulas, es actuar semejante  a lo  que hacia el ladrón de perros: logró convencer a todo el pueblo del miedo extremo que le provocaban los perros, pero en las madrugadas recorría las calles y los traspatios de las viviendas, salami en mano, con el cual atraía a los canes, les ponía un bozal y tranquilamente se los llevaba a una gran enramada que usaba como depósito de esos animales y posteriormente los iba vendiendo a clientes localizados en los pueblos cercanos.

Ahora bien, ¿por qué miles de votantes cogen los 300 ó 500 pesos que les dan por su voto o porque les “guarden” sus cédulas hasta después de las elecciones?  Sencillamente, lo hacen guiados por lo que hacen los banqueros, reciben esa pequeña cantidad de dinero porque infieren que es probable que los políticos en campaña no les cumplan las promesas contraídas con ellos como electores. Es como si se conformaran con recibir esa pequeña suma como un beneficio anticipado  o como garantía de aquella bonanza que le han ofrecido.  Los bancos no solo cobran intereses por los préstamos, también exigen garantías materiales a las que ellos llaman “activos”.

No son pocos los ciudadanos  que han descubierto que los políticos en busca del poder, tras llegar al mismo, hacen exactamente igual que cualquier jugador de esas máquinas traga-monedas que en los casinos llaman “ladrón de un solo brazo”: puede que el jugador pierda varias tiradas consecutivas, pero cuando gana “se lo lleva todo”. 

En vez de inducir al electorado al cumplimiento de un deber ciudadano, como es acudir a las urnas para elegir al candidato más “gesticulante”, es decir, al candidato con mayor perspicacia para dirigir un país pequeño y pobre como la RD en medio de un mar de incertidumbres y desafíos, aquel que no tema afrontar el aplastante realismo de la carencia de honradez y de seriedad que predomina en nuestra sociedad, y aquel que “tiene algo que decir” , puesto que se ha leído los libros que nadie más ha leído, y porque conoce la impredecibilidad con que actúan muchos ciudadanos frente a los bienes públicos cuando son designados como funcionarios públicos, lo que hacen muchos de nuestros políticos es dejar estos grandes asuntos  a un lado, para llevar a la población a preocuparse con asuntos pequeños como es ese de que “la Junta Central trate de impedir la compra de votos o de cédulas”.  

¿Por qué muchos políticos recurren a ese tipo de denuncia? Pues por lo mismo que una vez dijera el filósofo y matemático, Bertrand Russel (Premio Nobel de literatura): Besar los labios de una mujer corriente lo hace cualquier tendero, besar los de una bella mujer ya requiere juicio y planificación y ambas cosas conllevan requisitos.  


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