Comentarios Recientes

0
Redacción

Redacción


Resistencia al cambio


  • 22.10.2020 - 12:00 am

La resistencia al cambio es un concepto que recoge las experiencias que llevan a individuos y grupos a rechazar todo nuevo patrón de comportamiento que trate de romper con las rutinas habituales de la conducta social.

En nuestro caso y a propósito del “cambio” son claras las señales de grupos sociales y políticos que se manifiestan en contra de los asomos oficiales dirigidos a desmantelar las estructuras de la co­rrupción que han instaurado los partidos y grupos gobernantes asociados a los nuevos y viejos estamentos de la clase dominante. Por eso esos grupos definen como difícil la lucha contra la corrupción atribuyéndole a esa conducta ser propia de la naturaleza humana: “el hombre es corrupto por naturaleza”.

Por esa razón también vemos como los partidos mayoritarios y minoritarios en su mayoría, re­chazan la idea propuesta por el presidente Abinader de reducir el financiamiento público a los partidos para el año que viene, pro­puesta que constituye un gesto de sacrificio y compromiso con la calamidad que ha significado la pandemia del coronavirus. 

Similar actitud de rechazo es expresada por buena parte de los congresistas que se resisten a la idea de eliminar el “barrilito” y el “cofrecito”, instrumentos establecidos por los congresistas que distorsionan sus funciones constitucionales para responder a las demandas clientelares, los cuales forman parte de los meca­nismos de apropiación privada de los bienes y recursos públicos, (corrupción). Esa corrupción de la función congresional, ha respondido a la estrategia de la gobernabilidad clientelar aplicada por la partidocracia dominicana, sobre todo a partir del 1996.

La gobernabilidad clientelar ha tenido su origen en dos procesos sociopolíticos convergentes: la incorporación del país a la estra­tegia de la globalización neoliberal, que convirtió la política en negocio y en oportunidad de ascenso social, teniendo como criterio central el dinero como expresión de la política fáctica no democrática; y la tradición caudillista que concibe al Estado y sus bienes y recursos como un patrimonio personal de los caudillos que se reparten a conveniencia para consolidar el apoyo de sus clientelas.

Esos procesos han impactado de tal manera en el país que la mayoría de la población se orienta por la expectativa de que el Estado se concibe como la mejor oportunidad de vida y de realización. La “iniciativa privada” y el “libre mercado” dejan de ser atractivos como fuentes de vida y realización: “todos quieren vivir del Estado y de sus recursos”.

Por eso la vida corrompida y degradada fundada en el dios “dinero” logra tener a tantos defensores que entienden que República Dominicana es ya otro país, con sus reglas basadas en “mafias” que se resisten al “cambio” y que aspiran a una sociedad de hombres igualados en la co­rrupción, en vez de una sociedad fundamentada en hombres “decentes”, dispuestos y preparados para responder a los anhelos democráticos que inculcaran los tres padres de la Patria.  

Combatir la corrupción y sus diversas modalidades instituciona­lizadas, exigirá de mucha voluntad, inteligencia y fuerzas políticas, conjugada con el apoyo de una firme movilización de la ciudadanía consciente, de modo que se crean las condiciones que permitan vencer la “resistencia al cambio”. 

¡Venzamos, pues, la resistencia al cambio!


Comentarios

Name of User
Sé el primero en comentar

Ir arriba