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Redacción

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Restauración de las relaciones RD-EE.UU.


  • 19.11.2020 - 12:00 am

Las relaciones político-diplomáticas entre RD y los EE.UU experimentaron un malestar durante los gobiernos del PLD, en especial en los que encabezara el expresidente Me­dina. 

En ese período de ocho años el Gobierno dominicano decidió profundizar las relaciones con Venezuela como proveedor de combustibles, y con Brasil a través de sus multinacionales, las cuales fueron privilegiadas con la adjudicación de importantes contratos de obras de infraestructura y de equipamiento, como lo fueron la red vial y las plantas energéticas de Punta Catalina. 

La exclusión de las multinacionales estadounidenses, pese a sus ofertas a veces más atractivas, fue minando las tradicionales buenas relaciones entre los dos países, relaciones que se han justificado por dos razones fundamentales: Primero, porque los EE.UU constituyen el principal socio comercial del país; y segundo, porque los EE.UU son el principal país receptor de emigrantes nacionales, dando origen a que las remesas sean hoy día una de las principales fuentes de divisas en dólares.

A esa situación comercial y económica, se le une la tradicional influencia política que ha ejercido el gran Imperio del Norte en la estabilidad política de la nación, influencia que ha llegado hasta la intervención militar del país por parte de los EE.UU. en dos ocasiones.

La relación del país con las multinacionales brasileñas dio lugar al desplazamiento de los EE.UU en su rol de tutor de la gobernabilidad de la República. Odebrecht en nuestro país no solo desplazó a las multinacionales americanas, sino que pasó a financiar las campañas electorales, tal como lo revelara un alto dirigente del PLD, quien públicamente confesó que recibió dineros de la empresa brasileña, mientras el propio gobierno dominicano era asesorado electoramente por un alto estratega brasileño financiado por la Odebrecht. 

En ese contexto la diplomacia norteamericana, en diversas ocasiones, manifestó su inconformidad por la situación, la cual se agravó aún más, cuando en un acto de soberanía del gobierno dominicano, éste decidió establecer relaciones con China, el gigante asiático, con el cual los EE.UU se encuentran enfrascados en una competencia sin tregua, aún dentro de un sistema que ambas naciones profesan como lo es el de “libre mercado”.

Esa última decisión provocó una fuerte reacción norteamericana, donde se manifestó su rechazo a que China se insertara en el país, apoyando técnica y financieramente importantes pro­yec­tos como lo hubiera sido el Puerto de Manzanillo.

El descontento de los EE.UU, luego de varias manifestaciones, tuvo un momento cumbre cuando el presidente dominicano, intentó reformar la Constitución para abrir la posibilidad de su reelección, propósito que fuera  abandonado por Medina, cuando recibiera la famosa llamada de Pompeo.

De ahí en adelante el gobierno dominicano comenzó a retroceder en su intención de abrirse a las relaciones con China, situación que se ha mantenido en el presente Gobierno, de Abinader, el cual ha delimitado el espacio de relaciones con China, disposición que se confirma con la adhesión del país a la iniciativa de los EE.UU sobre la red 5G, excluyendo a China.

¡En conclusión, la república vuelve a alinearse con los intereses de los EE.UU!  


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