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Redacción

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Riqueza y pobreza de un debate


  • 01.10.2020 - 12:00 am

El primer debate entre el presidente Trump y Joe Biden de cara a las próximas elecciones en los EE.UU, parece haber frustrado al gran público global, al ver que los temas tratados sirvieron más bien de pretexto para dar paso a los insultos y descalificaciones perso­nales.  

Los comentarios sobre el debate se han resumido así: mientras Trump acusa a Biden de “socia­lista”, éste llama a Trump “mentiroso” y de conducta “poco presidencial”. Esos calificativos vienen de la visión de Trump de que los demócratas quieren eliminar los seguros privados de salud, para irse por la “vía socialista”, mientras Biden ripostó indicando  que él responde al partido demócrata que defiende políticas sociales, al tiempo de llamar a su contrincante como “un mentiroso”.

La pobreza del debate, debe hacer reflexionar a los propios estadunidenses sobre cómo la nación más avanzada y poderosa del mundo, ha caído tan bajo en la dirección política de esa nación, con un presidente que Biden identifica como “poco presidencial”.    

Por qué este presidente de los EE.UU no se comporta como un presidente y prefiere convertir un debate por la presidencia en una lucha cuerpo a cuerpo de tipo callejera que arrabaliza un debate que debe ser conceptuoso y orientador, no solo para los electores de su país, sino para todos los ciudadanos del mundo, sobre todo en circunstancias en que los EE.UU han terminado por “norteamericanizar” a todas las naciones imponiéndole un modelo económico único, del “libre mercado”.

La respuesta a esa cuestión puede ser compleja y para muchos incomprensible, pero de forma sintética la misma se encuentra en el hecho de que con la globa­lización acelerada, estimulada por las innovaciones tecnológicas cibernéticas y de la inteligencia artificial, aplicadas a los métodos y organización del trabajo, las sociedades capitalistas pos modernas han fundido y confundido los roles de empresario y de político.

Mientras en las sociedades industriales modernas esos dos roles eran institucionalizados como dos expectativas de conducta diferenciada y especializada, con la glo­balización neoliberal han quedado fundidas y confundidas de modo que ahora el empresario se hace político y el político se hace empresario, suplantando el viejo principio de la “diferenciación y especialización de funciones”, donde una cosa era ser empresario, manejador de empresas y de negocios; y otra muy distinta y distante que era ser político operador de los órganos y políticas del Estado.

La presencia de Trump como líder político de los EE.UU, siendo lo que es, un puro empresario, es el ejemplo más elocuente de esa confusión de roles, que ha traído a la humanidad la incertidumbre y la angustia, así como la descomposición social y desmora­lización en muchas naciones del mundo.

En ese contexto no hay nada que debatir, solo que hacer negocios entre políticos y empresarios y por cualquier vía con el “libre mercado”, incluyendo la descalificación personal y la corrupción, sin guardar ningún principio ético y humanista, más que la eficiencia y la competitividad para aumentar la rentabilidad de los capitales, aunque ello encierre la apropiación excluyente de los bienes colectivos, la generación de la pobreza y la desigualdad social, así como la destrucción del medio ambiente.

¡En ese mundo “salvaje” no cabe el debate “inteligente’’ de nada!


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