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Dariel Guzmán

Dariel Guzmán


Ruidos vs propuestas: ¿Por qué apostar a Gonzalo?


  • 01.07.2020 - 12:00 am

Reflexionando sobre los acontecimientos políticos de nuestro país (desconociendo los eventos que marcarían el siguiente año preelectoral para ese entonces), por el año 2017 exponía lo que a mi juicio explicaría el comportamiento político de algunos hombres de nuestra sociedad. En aquel momento lo hacía citando al profesor Juan Bosch quien nos enseñó que "cuando actúan en función política, los hombres no son buenos ni malos; son el resultado de las fuerzas que los han creado y los mantienen, y con cierta frecuencia son juguetes de esas fuerzas o son sus beneficiarios" (Introducción a Trujillo: causas de una tiranía sin ejemplo, 1959). 

Bosch en sus enseñanzas explica los peligros del desconcierto en el accionar político “cuando (un individuo) no reconoce oportunamente el contexto histórico, social y económico de la nación; y no se da cuenta que ningún ser humano escapa a la atmosfera de su medio" (Crisis de la Democracia de América en República Dominicana) indicando el citado razonamiento como una aplicación directa del pensamiento filosófico de Ortega y Gasset “del hombre y sus circunstancias” (Meditaciones del Quijote, 1914). 

Al pensamiento y las actuaciones políticas no se les debe observar bajo los presupuestos básicos de la lógica formal o intentarlos comprender como a las operaciones ordinarias de las matemáticas, sino que precisan del estudio de factores tan diversos como lo serían lo económico o social, así también el contexto local o internacional. “Es por ello que, al pensar en el futuro del país en el orden de lo político, ninguna decisión debe movernos al asombro”, concluía en aquel momento.

Dos años después, algunas batallas internas dentro del principal grupo de liderazgo político del país concluirían con la salida de un destacado representante de la vida política nacional de las últimas dos décadas. Muchas hipótesis se manejaron del hecho ya histórico, sin embargo, no todos advirtieron tal decisión como un impulso del contexto y entorno.

La reflexión inicial de Bosch podría explicar las razones por las que ese liderazgo, guiado por pretensión de poder, intenta a cualquier precio mantener vigencia, incluso en un contexto histórico-social adverso, para lo cual evidentemente encuentra el irrestricto apoyo de algunas fuerzas que en el pasado han sido beneficiarias directas. 

No obstante, ese es un caso que quedará para análisis en el porvenir, y que no interesa más que como elemento de estudio para el aprendizaje político. 

Sin embargo, importa sobre manera la táctica llevada a cabo por otros grupos para hacerse con el poder; medio, comúnmente confundido con el fin, para el cual se hace política. 

Su modo de comunicar, nada novedoso, pero si efectivo, ha tenido como pilar fundamental dos elementos altamente estudiados en años recientes. 

En primer termino, un discurso (no propuesta), que apuesta a la mentira emotiva, cuya distorsión de las ideas lleva de forma deliberada a la confusión de los receptores del mensaje. Apelan a las emociones y creencias para influir en el comportamiento social, base fundamental del trivial y exiguo slogan “se van”, y la débil articulación de “lucha contra el secuestro del poder”.  

El segundo, pero no menos importante elemento táctico de su comunicación se centra en la creación de falsas tormentas de indignación (shitstorm “tormenta de mierda”), que aprovechan hoy el fenómeno de la comunicación digital. 

En su estrategia por la búsqueda del poder, y la táctica que pretende destruir la genuina figura del candidato del oficialismo, apelan a dañar la fe o confianza que puede depositar el pueblo a través de la destrucción del buen nombre. Usar los medios o canales digitales para llevar un mensaje distorsionado (aprovechando los conocidos “bots”), permite hoy separar el mensaje del emisor, generando la falsa percepción de la crítica originada en “grupos anónimos”. 

El propósito está claro, se trata en palabras del Filósofo Alemán de origen coreano Byung-Chul Han, de crear una cultura de la falta de respeto y la indignación. En sus reflexiones, explica como los shitstorms destruyen el respeto y construyen la sociedad del escándalo.  (En el enjambre, Herder, Barna 2014).

Este modo de comunicar tiene como principal aliado la temporalidad, ya que genera un efecto mayor en el corto plazo que la comunicación analógica. Así se logra el conocido efecto de ruido comunicativo. 

En esta nueva cultura, traída al ámbito político por quienes apuestan al caos y reniegan los métodos democráticos, es lo que ha llevado a colmar las redes y medios digitales de falsos mensajes, que distorsionan y menosprecian aspectos relevantes y altamente conocidos del candidato oficial, como su demostrada capacidad gerencial o su liderazgo.  

Es en este espacio donde nos dice el propio Han, que desaparece el respeto y surge la ruidosa tormenta de indignación. Quienes generan la explicada distorsión no son capaces de cuestionar las dominantes relaciones de poder; se precipitan solo sobre las personas, de esta manera convierten cualquier aspecto, por poco relevante que parezca, en un motivo de escándalo. 

Finalmente, y como complemento a los dos aspectos antes analizado, debo destacar que en el espectro discusivo que contiene las penosas acusaciones que desde la oposición han sido vertidas sobre el hoy candidato del partido de Gobierno, abrazan el nivel más repugnante y desacertado del debate en cualquier ámbito.

Lejos de las propuestas u objeciones, y abrazados como hemos dicho en el tétrico eslogan de “se van”, el opositor postulado y sus partidarios, a penas llegan al nivel de los ataques personales, bajo el discurso de los insultos o expresiones ad-hominen, que intentan sin éxitos denigrar a su contendor principal.

Esto explica las razones por las que, al observar las pocas propuestas que ha podido exteriorizar el candidato opositor, consciente de los éxitos del gobierno actual, a penas llega a explicar su interés de mantener o aumentar las inversiones centrales en temas como los programas sociales o educativos. 

Sin dudas nos encaminamos a un encuentro histórico, en el que corresponde a los ciudadanos decidir si abrazar la continuidad del desarrollo social y económico del país, la apuesta por la creación de oportunidades para los jóvenes y la ampliación de los programas sociales, o promover un pseudo cambio vacío de propuestas y anclado en un discurso que busca desconocer la institucionalidad y las conquistas sociales, económicas, culturales y políticas de esta última década.


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