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Redacción

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Salud, apertura y economía


  • 25.01.2021 - 12:00 am

¿Qué es más importante para la población entre salud, apertura y economía? El derecho fundamental a la salud es apremiante para que las personas puedan incorporarse a las actividades productivas, en virtud de ello, es imprescindible prevenir las enfermedades para que la gente pueda explorar y explotar sus capacidades, talento y competencias.

Es cierto que la pandemia COVID-19 ha trastornado al mundo y que es un reto definir programas que permitan aprender a convivir con esta terrible afección, porque hay que producir alimentos, energía, mercancías y todo lo necesario para subsistir; sin embargo, es una prioridad la sanidad humana para asegurar la producción.

Resulta preocupante la parálisis de  sectores productivos importantes a causa del coronavirus, debido a que eso se traduce en desempleo, decrecimiento económico, pobreza y una crisis en la economía; esa realidad es preocupante y desesperante, tanto para empresarios, gobierno y  trabajadores.

No obstante, es más dramático el panorama que se expresa con el incremento de contagios, muertos, escasez de camas para ingresar en clínicas y hospitales  a pacientes con COVID-19 y el retraso de la aplicación de las vacunas en busca de prevenir e impedir el avance del coronavirus.

Muestras palpables del cuadro deprimente que se registra en República Dominicana, se expresan en el fallecimiento de  94 personas en una semana y la infestación de mil 400 ciudadanos por día, como consecuencia del virus.

Para instituciones como el Colegio Médico Dominicano (CMD), es extraño que frente al recrudecimiento de la pandemia, el Gobierno flexibilizara y autorizara una extensa apertura del comercio, transporte, actos religiosos, restaurantes, deportes y otras actividades que concentran a multitudes, porque se teme que ocurra un rebrote incontrolable de COVID-19, ya que eso podría degenerar en una catástrofe.

Gobernantes de naciones poderosas, con Estados Unidos a la cabeza, han decidido endurecer las restricciones y han afianzado las batallas contra el coronavirus; es contraproducente, entonces,  que en República Dominicana se haga lo contrario.

Si con restricciones la enfermedad se propaga a niveles muy altos, imagínese lo que pasaría con libertad de tránsito y aglomeración,  porque un porcentaje elevado de los dominicanos carece de disciplina, conciencia y civismo, por tal motivo, los contagios se multiplicarían a granel.

Es verdad que es una necesidad la recuperación económica, social y regresar a la normalidad, pero eso no puede basarse poniendo en riesgo la salud humana, pues, con enfermos no se podrá rescatar nada.

Hay que confrontar la situación con sabiduría, sensatez e inteligencia para evitar males pésimos; esto debe ser un compromiso de todos los segmentos que conforman la sociedad.

No obstante, quienes controlan  el Estado no pueden doblegarse por presiones populares, las redes sociales y por grupos de interés que solo piensan en sus intereses particulares; su misión es trabajar por el bienestar de la colectividad y con esos fines es un deber garantizar la salud de la población.

Ojalá que “El remedio no sea peor que la enfermedad”, como reza esa sentencia popular. 

Que la reapertura económica y social se regule, pues, con políticas sanitarias que contribuyan con la preservación de la salud de los dominicanos.


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