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Redacción

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Se clarifica el panorama


  • 25.07.2019 - 05:53 pm

Se ha percibido que con la decisión del Presidente Medina, se ha despejado el panorama político y se ha restaurado la tranquilidad y la estabilidad, como han expresado ciertos representantes del sector empresarial. Sin embargo, los escenarios electorales se mantienen difusos, alimentando un clima de incertidumbre donde no se sabe cuál será el final del proceso político y electoral.
  
La clarificación de ese estado de confusión debe partir del entendimiento de que la política es una actividad que se ejerce en el Estado, fuente institucional de los poderes, los cuales residen en el pueblo, el que lo delega a sus representantes legítimos a través de elecciones libres, donde se ha de expresar la “voluntad popular”.
   
Para conquistar el apoyo del pueblo surgen los partidos políticos, organizaciones intermediarias que compiten entre sí para obtener el favor del pueblo, dentro del cual se mueven y manifiestan las clases sociales que conforman el “magma social” del cual brotan los intereses y designios que se proyectan a través de los partidos en el Gobierno y en todo el cuerpo social.    
   
De esa estructura de clases sociales que, en el capitalismo tienen su origen en el seno de las empresas y su consecuente apropiación de la riqueza dentro del sistema de intercambio, surgen las categorías de clases gobernantes y dominantes, cuyos intereses y estrategias son articulados por los partidos a través de la agenda programática que formulan o ponen en ejecución cuando llegan, mediante las elecciones, a ocupar las funciones del Estado.
   
Tradicionalmente las clases gobernantes y dominantes en nuestro país han operado como oligarquías que han monopolizado la función de gobierno y la función económica, imponiendo su estrategia de estabilidad para garantizarle la mayor proporción de la riqueza que produce la nación. De esa forma la mayoría de la población ha quedado excluida, en gran medida, de los beneficios de la economía, cayendo en el estado de pobreza que ha caracterizado por siglos a la población dominicana.
   
Con la democracia a partir del 1978 ese dominio oligárquico empezó a modificarse, iniciándose un proceso de movilidad social que permitió la emergencia de los excluidos que comenzaron ascender al poder y a sus beneficios. Este proceso se acentuó de forma más coherente con la llegada al poder del PLD, el cual en sus dos versiones, leonelista y danilista, pasaron a controlar los poderes del Estado, al tiempo de dirigir la apropiación de los recursos públicos, al objetivo de convertirse, además, en la nueva clase gobernante y también dominante, desplazando relativamente a la vieja oligarquía dominicana, quien fuera la impulsora del desarrollo capitalista dominicano luego de decapitada la vieja tiranía.
  
Esa dialéctica que traza los ejes de la política, ha provocado la escisión de la nueva clase peledeísta en dos clases antagónicas, que luchan a lo interno del partido por mantener el control de su función como clase coordinadora de las fuentes del poder.
   
Ese antagonismo está generando un vacío de dominio, que bien podría ser aprovechado por la vieja oligarquía, que estaría en disposición de intervenir e imponer la fórmula electoral de su conveniencia y con la potencialidad para desplazar la fórmula electoral más probable que luce ahora dentro del PLD.

¡El panorama empieza ahora a clarificarse!   


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