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Redacción

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Sensatez para regresar a las aulas


  • 08.03.2021 - 12:00 am

Resulta complicado y difícil regresar a las aulas escolares  para  retomar la docencia presencial, un año después de la educación virtual y a distancia, debido a la COVID-19.

Para el Gobierno, por intermedio del Ministerio de Educación, constituye un gran desafío la presencialidad escolar, porque debe garantizar la salud del personal docente y administrativo, así como de los estudiantes y sus fami­liares.

La reapertura de las clases con la asistencia masiva a escuelas y colegios debe basarse en un programa elaborado con conciencia, por consiguiente, no es factible que se responda a presiones de empresarios y padres que muestran desesperación por la reanudación  del proceso de enseñanza-aprendizaje en los planteles.

Es contraproducente, por ejemplo, que la dirección de la Asociación Dominicana de Profesores (ADP) no fuera convocada a la redacción del plan  protocolar, porque ese gremio es columna vertebral en el sistema de educación nacional, ya que son sus miembros y los alumnos quienes  estarán en la línea de  fuego frente a los embates del coronavirus.

Procede definir un proyecto orien­tado a conjugar las clases en las aulas con procedimientos que se apliquen en los hogares, puesto que se percibe que no se está preparado para regresar a la normalidad plena.

Una investigación realizada por la cúpula de la ADP revela que el 76 % de las escuelas públicas no está en condiciones de impartir docencia presencial y podría ser un escenario que contribuiría con la propagación del coronavirus por  escasez de agua, acumulación de malezas y la existencia de focos de contaminación.

No obstante, es importante encaminar una cruzada con los fines de retornar a la normalidad, pero actuar en ese sentido requiere de sensatez y madurez, ya que hay que evitar que la enfermedad se incremente a niveles incontrolables.

Hay que ponderar, sin embargo,  los esfuerzos, sacrificios y los recursos económicos que articulan las autoridades para asegurar la edu­cación virtual, lo que ha sido determinante en el desarrollo de los programas académicos durante un año matizado por serios contratiempos, como consecuencia de la pandemia.

En esa dirección se inscribe la planificación y el protocolo presentado por el Gobierno, pero se debe establecer que la salud es prioritaria con el objetivo de proteger la sanidad de la población escolar, pues, solo así podrá asimilar, comprender e interpretar los procesos académicos.

A nivel mundial no ha sido posible regresar con seguridad a las escuelas y colegios; incluso, hay países donde los gobiernos res­tablecieron la docencia pre­sencial y tuvieron que dejar sin efecto esa disposición, porque el coronavirus se disparó de manera alarmante.

Cierto, la nación, la sociedad y los padres necesitan que niños y jóvenes se formen y desarrollen su intelecto, porque es una condición para el desarrollo de un país atrasado como República Dominicana.

El éxito del regreso a las aulas amerita de la integración gradual y progresiva de todos los actores de la educación o de lo contrario precipitar la docencia presencial podría constituir un fracaso, tanto educativo como a nivel de la salud de la población escolar y en ge­neral.

¡Qué no se precipite, entonces, el regreso a la docencia presencial.


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