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Rafael Baldayac

Rafael Baldayac


Terremotos, profecías bíblicas y usted


  • 16.01.2020 - 12:00 am

Los terremotos son fenómenos naturales que ocurren súbitamente, sin aviso. A diferencia de los huracanes, los terremotos no son pronosticables. Un terremoto es un movimiento violento del terreno ocasionado por la liberación de energía que surge del interior de la Tierra. Esta energía puede surgir de una fuente natural como es el rompimiento de rocas de la corteza terrestre, por una erupción volcánica, o por fuentes no-naturales como son las explosiones.

Cuando las rocas de la corteza terrestre se rajan, dividen o rompen, ocurre una liberación de energía acumulada, y a esos terremotos se le conoce como de origen tectónico o fallas geológicas, que a su vez están asociados al movimiento de placas tectónicas. 

Jesús predijo sucesos y condiciones que probarían que este mundo habría entrado en “la conclusión del sistema de cosas”. Explicó que sería un período marcado por pestes, escaseces de alimento y guerras de alcance mundial, y que “en un lugar tras otro” ocurrirían “grandes terremotos” (Mateo 24:3,7; Lucas 21:10, 11). ¿Se refería a nuestros días?

Según el geólogo Osiris de León existe una relación de estos fenómenos con las profecías del apocalipsis:

Son muchos los predicadores, cristianos y ciudadanos, que después de haber leído los textos del Apocalipsis, escritos por el apóstol Juan, en el año 95 después de Cristo, han dado crédito absoluto al concepto de que «el próximo fin del mundo» vendrá con la ocurrencia de un gran terremoto como no lo ha habido nunca desde que los hombres existen sobre la Tierra.

La primera mención que el Apocalipsis hace del gran terremoto aparece en el Capítulo 6:12, donde dice: “Y cuando el Cordero abrió el sexto sello ví que se produjo un gran terremoto, el sol se puso negro, como tela de luto; y la Luna entera se volvió roja como la sangre, y las estrellas del cielo cayeron a la tierra como una higuera arroja sus higos cuando es sacudida por un fuerte viento. El cielo se desvaneció y toda montaña y toda isla fueron removidas de sus lugares».

La segunda mención apocalíptica del gran terremoto aparece en el Capítulo 8:5, donde Juan escribe lo siguiente: «Después el Ángel tomó el incensario, lo llenó con el fuego del altar y lo arrojó sobre la tierra. Y hubo truenos, gritos, relámpagos y un temblor de tierra», asociando el fuego del altar celestial con el fuego que sale de un volcán con erupción explosiva e incandescente.

La tercera mención del Apocalipsis, asociada a un gran terremoto, aparece en el Capítulo 11:13, donde escribe que «En ese momento se produjo un violento temblor de tierra que derrumbó la décima parte de la ciudad, y el terremoto ocasionó la muerte de siete mil personas, y los sobrevivientes quedaron atemorizados y alabaron al Dios del cielo».

La cuarta y última mención que hace el Apocalipsis sobre el gran terremoto se lee en el Capítulo 16:18, donde dice: «Y Entonces hubo relámpagos y voces y truenos, y un gran temblor de tierra, un terremoto tan grande, cual no lo hubo jamás desde que los hombres han estado sobre la tierra. Y la gran ciudad fue dividida en tres partes, y las ciudades de las naciones cayeron; y la gran Babilonia vino en memoria delante de Dios, para darle el cáliz del vino del ardor de su ira».

Estos versículos, escritos por Juan, habitante de una zona mediterránea sísmica, donde los terremotos y las erupciones volcánicas eran frecuentes, nos hablan de un futuro gran terremoto que provocará derrumbes de montañas, islas y ciudades, asociado a erupciones volcánicas cuyas cenizas cubrirán la tierra de tal manera que no brillará el Sol la Luna se verá roja.

Recordemos que entre los años 69 y 31 a.C, en el Mediterráneo oriental ocurrieron 3 grandes terremotos que destruyeron a Palestina, Israel, Siria y Antioquia, por lo que los ciudadanos de la zona temían morir durante los terremotos, y recordemos que Juan, uno de los 12 apóstoles de Jesús, nació en Galilea en el año 6 d.C, y murió en Éfesos, en el año 101 d.C, lo que indica que antes de escribir el Apocalipsis, fechado en el año 95 d.C, había vivido las traumáticas experiencias del terremoto de Italia en el año 18.

Otros hecho telúricos fueron la crucifixión de Jesucristo en el año 33, donde la tierra tembló y el cielo se oscureció; dos terremotos en Italia en los años 37 y 62; el incendio de Roma y la injusta persecución de los cristianos en el año 64 por parte del emperador Nerón; la destrucción incendiaria de Jerusalén y su templo, en el año 70 d.C, por parte de los romanos.

La cataclísmica erupción del volcán Vesubio, el 24 de agosto del año 79 d.C, la que sepultó por completo las ciudades y habitantes de Pompeya y Herculano; y las persecuciones de los cristianos entre los años 81 y 96 d.C, durante el mandato del emperador Domiciano, quien murió asesinado en el año 96 d.C.

Esto hizo que Juan pronosticara que un gran terremoto, tan grande como nunca antes había ocurrido, provocaría la destrucción de las ciudades de las naciones, siendo ese un castigo de Dios para quienes perseguían, apresaban y mataban a los cristianos.

Los grandes terremotos liberan suficiente energía capaz de destruir grandes ciudades construidas sobre suelos de mala calidad, donde pueden morir cientos de miles de personas, como ha ocurrido en China y en Haití hace 10 años, pero a su juicio, esa energía sísmica nunca será suficiente como para destruir todo el planeta y producir el fin del mundo.

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