Comentarios Recientes

0
Maricela Ortiz

Maricela Ortiz


Toda transición gesta una espera


  • 19.01.2021 - 12:00 am

Cuando Jesús recibe públicamente el Espíritu Santo, daba lugar al cumplimiento de la palabra profética en Ezequiel 36:27: “Y pondré dentro de vosotros mi Espíritu, y haré que andéis en mis estatutos, y guardéis mis preceptos, y los pongáis por obra.” En este sentido, es necesaria la participación activa del Espíritu Santo para la edificación de la iglesia de Cristo.   

El Espíritu Santo es Dios, porque Dios es Espíritu. En este orden, la estrategia divina de salvación es la ecuación perfecta de la trinidad: El Padre lleva a cabo lo que se había propuesto antes de la fundación del mundo; envía al Hijo quien representa el plan eterno de salvación, el Hijo viene y lo consuma; dando comienzo a un nuevo pacto, el pacto de la gracia. Con Cristo glorificado, era necesario dar seguimiento a Su iglesia (cuerpo de Cristo), ya no por la ley, ni por una nube ni fuego ni humo, ni por profetas, sino por el Consolador, el Espíritu Santo, quien era necesario que nos habites para de este modo poder ser guiados en la nueva naturaleza de la ley del Espíritu. 

Desde la creación vemos la presencia de la trinidad en todo lo creado, somos testigos de cómo nos han preservado la vida; siempre han estado ahí para nosotros. En el AT lo vemos operando como sombra y figura de lo que vendría, ahora en el nuevo pacto lo vemos manifestarse en nuestro hombre interior de manera espiritual directa con cada vida, y esto es lo precioso de la vida en el Espíritu, la multiforme gracia de Dios manifiesta. Por tanto, tenemos un Dios trino habitándonos, operando “en” nosotros (dentro de nosotros). Y cuando aquel día llegue, lo veremos a cara descubierta. Dios siempre ha tenido cuidado de Sus hijos; leamos como operaban en el AT:   

“Porque no quiero, hermanos, que ignoréis que nuestros padres todos estuvieron bajo la nube, y todos pasaron el mar; y todos en Moisés fueron bautizados en la nube y en el mar, y todos comieron el mismo alimento espiritual, y todos bebieron la misma bebida espiritual; porque bebían de la roca espiritual que los seguía, y la roca era Cristo.” 1 Corintios 10:1-4 

“Y él es antes de todas las cosas, y todas las cosas en él subsisten; y él es la cabeza del cuerpo que es la iglesia, él que es el principio, el primogénito de entre los muertos, para que en todo tenga la preeminencia;” Colosenses 1:17-18 

Era necesario que el Espíritu nos habite, pues, Él es el medio para Dios hacernos entender Su propósito, y de este modo, poder nosotros cumplir sus estatutos y mandamientos en el espíritu, y en este orden andar en Su naturaleza. Cada dispensación de Dios gesta una transición. Podemos decidir a quién servir, o, permitimos que los hechos de Dios sigan su curso, estando nosotros firmes y seguros de que Él tiene pleno control de los hechos; entendiendo, además, que todos los que creemos en Cristo, tenemos una vida eterna y plena con un reino inconmovible y un Rey eterno; o nos dejamos llevar por los sistemas colapsados y de hombres viles que con artimaña y astucia manipulan la genética creada por Dios, para lograr sus maquiavélicos planes en contra de la humanidad. Lo que ellos no saben es que Dios solo permite lo que está dentro de Su propósito; y como un Dios Omnisciente, Omnipresente y Omnipotente nada se escapa de Su voluntad.   

No subestimemos la presencia del Espíritu Santo, Él es parte de la edificación de la iglesia de Cristo. No nos dejemos engañar, la Palabra nos da conocimiento de todo lo que es Cristo, pero el Espíritu nos confirma en nuestro Espíritu esas verdades presentes y eternas que nos hacen permanecer firmes sin que nuestra fe se debilite. El Espíritu Santo es quien sella la Palabra para que se haga una impronta en cada creyente. Es decir, Él es el canal para que la Palabra alcance el propósito en cada vida, porque es quien renueva nuestra mente para que podamos entender. Todo lo demás sin Él son solos palabras. El evangelio es integral, en todo lo sentido. 

Hablando del Espíritu Santo, es propicia la ocasión para comprender una acción referente al Espíritu Santo, que se llevó a cabo en un período de la iglesia primitiva, y que hoy día se practica; sin tomar en cuenta que la misma tenía una connotación con una profecía que no tardaría en cumplirse. El objetivo de este aclarando es que tengamos conciencia y seamos entendidos al hacerlo. Para esto, permítanme hacer una breve introducción: En artículos anteriores venimos viendo que la iglesia primitiva al ser perseguida fue despatriada, a acepción de los apóstoles que se quedaron en Jerusalén, pero en su gran mayoría se marcharon. Felipe, se va a Samaria y allí predica a los samaritanos. Esta persecución dio lugar a un tiempo kairós de Dios en el cumplimiento de la salvación a los gentiles.   

“Cuando los apóstoles que estaban en Jerusalén oyeron que Samaria había recibido la palabra de Dios, enviaron allá a Pedro y a Juan; los cuales, habiendo venido, oraron por ellos para que recibiesen el Espíritu Santo; porque aún no había descendido sobre ninguno de ellos, sino que solamente habían sido bautizados en el nombre de Jesús. Entonces les imponían las manos, y recibían el Espíritu Santo.” Hechos 8:14-17  

Los miembros crecían, al expandirse el perímetro de predicar el evangelio, donde se unieron nuevos creyentes con nuevas culturas y razas todo este escenario daba lugar al cumplimiento de la entrada de los gentiles al plan de salvación. Recordemos que en la fiesta de Pentecostés recibieron la promesa del Espíritu Santo, pero solo estaban allí los que creyeron y esperaban la promesa y los que sabían de ella (y los espectadores).  

¿Por qué los apóstoles imponían las manos? Dice la Palabra “porque aún no había descendido sobre ninguno de ellos”. Estos son los gentiles, que en esa estación se convirtieron a Cristo, creyeron en el evangelio, y no habían recibido el Espíritu Santo. No obstante, Dios ya tenía todo preparado para este escenario, como testigo ocular, Pedro en la casa de Cornelio y todos los que allí estaban.  

La imposición de manos significaba la confirmación de los apóstoles cada vez que se integraba un nuevo grupo de personas a la iglesia, porque el objetivo era, que los gentiles que habían recibido el evangelio de Cristo recibieran también el Espíritu en presencia de los líderes de Jerusalén. Recordemos que los que recibieron el Espíritu Santo fueron los de la promesa, pero faltaba por consumarse la salvación de los gentiles, por tanto, como no habían recibido el Espíritu, los apóstoles debían delante de todos los líderes de la iglesia imponer sus manos a los samaritanos (gentiles) para que ellos mismos presenciaran la soberanía de Dios de también impartirles a los gentiles de Su Espíritu, lo cual aseguraría la unidad de la iglesia; ya que, existía una gran enemistad entre judíos y samaritanos. 

Por tanto, esta transición de salvación a los gentiles demandó una espera que no estaba en las manos de los apóstoles, sino de Dios, el cual en Su propósito eterno estaba diseñado que este hecho tuviera lugar públicamente, así como en el Pentecostés. Es decir, dos escenarios de igual impacto, si se puede decir; el primero, para un cumplimiento de la promesa, y el segundo para el cumplimiento de una profecía.   

En ambos casos hubo una espera; en el caso de los judíos, Jesús les dijo que esperaran la promesa del Espíritu Santo, aquí hubo una expectación. Sin embargo, en el caso de los gentiles, aunque hubo una espera no fue expectante, porque fueron asuntos divinos. Pero sí, los acontecimientos sucedidos en el Pentecostés, igual sucedió en la transición de los gentiles. Dice la Palabra, refiriéndose a los gentiles, “oraron por ellos para que recibiesen el Espíritu Santo; porque aún no había descendido sobre ninguno de ellos,” no es porque, haya que bautizar en el Espíritu, es porque, esta espera daba paso a un cumplimiento de Dios con la salvación de los gentiles. Leamos Hechos 10:44-48 

“Mientras aún hablaba Pedro estas palabras, el Espíritu Santo cayó sobre todos los que oían el discurso. Y los fieles de la circuncisión que habían venido con Pedro se quedaron atónitos de que también sobre los gentiles se derramase el don del Espíritu Santo. Porque los oían que hablaban en lenguas, y que magnificaban a Dios. Entonces respondió Pedro: ¿Puede acaso alguno impedir el agua, para que no sean bautizados estos que han recibido el Espíritu Santo también como nosotros? Y mandó bautizarles en el nombre del Señor Jesús. Entonces le rogaron que se quedase por algunos días.” 

Los apóstoles no planificaron este tiempo de espera, tampoco lo dijeron que esperen la promesa del Espíritu Santo, simplemente, hubo una “espera”, dando paso a un cumplimiento del propósito eterno de Dios. Los judíos recibieron la promesa del Espitia Santo, igual los gentiles los recibieron en otro escenario similar. La Palabra lo dice, que lo mismo que pasó en Pentecostés, sucedió con este grupo de gentiles; llevándonos este hecho a ser parte de la familia de Dios. “A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron. Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios;” Juan 1:11-12  

En la medida que los judíos, samaritanos, gentiles y los creyentes del antiguo pacto eran añadidos, era una evidencia de la unidad de la iglesia, donde ya, no solo sería una sola nación, sino que todos los que hemos recibidos a Cristo sin importar nación, raza, lengua y cultura somos la familia de Dios. Nuestro desafío es predicar este evangelio de gracia.  El único medio de alcanzar la salvación es la fe en Cristo. En este tiempo de espera, pongamos nuestros ojos en el Señor y cumplamos nuestra asignación. 


Comentarios

Name of User
Sé el primero en comentar

Ir arriba