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Aquiles Olivo Morel

Aquiles Olivo Morel


Un nuevo “Contrato Social”


  • 05.02.2020 - 12:00 am

A partir de la ola de protestas en  toda América Latina (AL) ocurridas al finalizar el tercer trimestre del recién concluido 2019, teóricos, filósofos, economistas y pensadores  procuran encontrar una manera de equilibrar el Estado, el mercado y sociedad, lo cual permitirá impulsar las acciones para cerrar la brecha de la desigualdad. 

Abundan los programas auspiciados por los Organismos Internacionales (OI) dentro de los cuales propician estrategias para disminuir la creciente pobreza y desigualdad en aquellos países donde se expresan los indicadores de este comportamiento de forma más pronunciadas. Estos programas enfatizan la inclusión de los grupos de mayor vulnerabilidad primordialmente incorporándolos a la producción con un acompañamiento de formidables contenidos educativos.

Para el premio nobel de economía Joseph Stiglitz el mundo necesita un “nuevo contrato social”, enfocado en buscar un equilibrio entre el mercado, el Estado y la sociedad, una reflexión suya a partir de un minucioso análisis de las causas que empujaron a los chilenos, a los bolivianos, a los latinoamericanos envueltos en las incesantes protestas. 

Lo primero que ocurrió en todos estos países fue el movimiento de concienciación de que la ultra derecha al parecer empieza a encontrar grandes escollos, en medio de un mundo interconectado y con aspiraciones de formar parte, a través de la vinculación con los efectos de la producción, esto es, gozar de un modelo de seguridad social donde puede disfrutar de un retiro digno, al concluir su vida apartado ya de los fabricas y los centros de producción.

Este tipo de preocupación fue considerada por el filósofo Jean-Jacques Rousseau en “El Contrato Social”: O los principios de derecho político,  publicado en 1762. Es una obra sobre filosofía política y trata principalmente sobre la libertad e igualdad de los seres humanos bajo un Estado instituido por medio de un contrato social.

En todas partes las condiciones a la hora del retiro laboral no parecen ser las mejores. La insatisfacción por los escasos recursos del Plan de Pensiones; los seguros de salud y su cobertura; los alquileres y su repercusión entre trabajadores al momento de apartarse de la edad las fábricas ha servido de acicate para que estos movimientos fortuitos irrumpan en todas partes.

En la medida en que las condiciones de desigualdad aumentan surgen estos cuestionamientos sobre cómo alcanzar nuevos acuerdos, entre trabajadores y empleadores; los pactos colectivos a los cuales se arribaron en el pasado carecen de los fundamentos para acoplarlos a las condiciones de vida de los días actuales. 

Para  Stiglitz en su condición de visionario de las ciencias económicas el modelo capitalista prevaleciente no parece encontrar su nivel de acomodamiento para atender las condiciones de desigualdad surgidas a partir de los efectos de la producción y las propias condiciones impuestas por los mercados. 

Peor aún, encuentra en el Estado moderno poca flexibilidad para impulsar normas, leyes, restricciones capaces de limitar la voracidad de esta expansión, la cual no crea estos mecanismos para distribuir los excedentes. Reconoce como única vía una especie de “Un Nuevo Contrato Social”, donde se reconozcan nuevos roles entre los actores –incorporación de beneficios- sin menospreciar la capacidad de producción de riquezas –rentabilidad- de los modelos económicos   actuales. 

Thomas Piketty (Clichy, 7 de mayo de 1971) es un economista francés especialista en desigualdad económica y distribución de la renta. Sus trabajos en investigación económica se centran en los estudios de las estadísticas históricas. Concluye en que “los propietarios del capital se enriquecen cada vez más rápidamente que el resto de la población”. 

Alcanzo nombradía por su trabajo intitulado “El capital en el siglo XXI”,  donde hace un asombroso estudio de la evolución del capital y su distribución en los últimos 250 anos.  Identificó en este trabajo  que cuando la tasa de acumulación de capital crece más rápido que la economía, entonces la desigualdad aumenta.

De igual manera propone remedios contra este mal, enfermedad que la considera bajo el nombre de capitalismo patrimonial, el cual solo puede ser controlado  a través de la imposición de impuestos progresivos y un impuesto mundial sobre la riqueza, con la finalidad de ayudar el problema del aumento de la desigualdad. 

En todas partes  de AL los grupos conservadores o fuerzas de derechas como se le considera políticamente –según estas dos celebridades del pensamiento económico- no disponen de los elementos suficientes para impulsar estos sacrificios; el Estado en consecuencia retarda los pactos sociales –pacto fiscal, pacto educativo, pacto eléctrico- incluyendo reformas sectoriales, a la espera de encontrar el apoyo de los mercados y los actores de las fuerzas productivas.

Para todos los autores la desigualdad se encuentra correlacionada con la corrupción y escasa capacidad del estado para solucionar los problemas; Sistemas fiscales injustos; el crecimiento demográfico; movimientos demográficos internos; llegada de inmigrantes; el desempleo y subempleo; distribución injusta de la tierra y acceso desigual al capital, conocimiento y tecnología. 

La concentración de las riquezas se evidencia con lo sucedido en los últimos 50 años y la evolución de los capitales; la forma en que se afrontaron recientemente los acuerdos de libres comercios; el surgimiento de nuevos tratados; y, por último, las discusiones con fines de reorientar todo el comercio mundial con reglas mucho más estrictas en la concerniente a lo circulación de los productos en los mercados. 

Muy pocos lo ignora, la extrañeza y las dificultades de los británicos en su tortuoso camino para salir con el menor trauma posible de la zona del Euro; las nuevas discusiones para arribar un tratado donde se afecten en menor medida sus productos, al tiempo de aprovechar su experiencia de sus años como parte de la Unión Europea (UE) y su intercambio comercial; y, por último, los efectos de las negociaciones de los Estados Unidos con los Chinos imponiendo nuevos aranceles y revisando una amplia gama de productos, lo cual refleja el asomo del surgimiento de un nuevo capitalismo, al que los economistas le ven un espacio o oportunidad para también  propiciar el “Nuevo Contrato Social”.


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