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Pedro Mendoza

Pedro Mendoza


Un palo del Gobierno: la designación del doctor Daniel Rivera en el Ministro de Salud


  • 07.03.2021 - 03:39 pm

John le Carré, el famoso escritor y espía británico, cuya notoriedad intelectual estuvo a la vista del mundo cuando en medio de la Guerra Fría publicó su muy comentada novela  El espía que surgió del frío (1963), dice en Volar en círculos (2016), la última obra que escribió, que los servicios de inteligencia de un Estado son como la instalación eléctrica de una casa de alquiler: cada nuevo inquilino que llega enciende la luz pulsando el mismo interruptor. Y yo digo que los gobiernos de nuestra nación, a diferencia de los inquilinos de una casa de alquiler, no siempre logran acierto al oprimir el botón  con que designan un  funcionario del gabinete. Pero en este caso, el jefe del Estado, al nombrar al doctor Daniel Rivera como Ministro de Salud Pública, dio un “palo” gaitoso, como se dice en lenguaje callejero, pues el Dr. Rivera es, indudablemente, uno de los poquísimos médicos dominicanos que posee el raro atributo de ser organizado y cauto en las labores que ejecuta. 

El doctor Rivera lleva al cargo ministerial no solo su formación en alta gerencia de empresas de servicios de salud, sino que también lleva incorporado en su estilo de trabajo eso que en Psicología organizacional llamamos “coherencia asociativa”, es decir, las habilidades para ver claramente separadas las líneas de la dirección ejecutiva de la línea de la confianza subjetiva, cosa esta última que se pone de manifiesto cuando el ejecutivo o gestor de un cargo público importante confunde los halagos y sutilezas de quienes le rodean como subalternos y como agentes de negocios con las aptitudes de aquellos que defienden el interés de la institución pública puesta bajo su dirección. 

Claro, el presidente le ha confiado al colega y amigo Rivera, el Ministerio que posee la mayor cantidad de vasos comunicantes con el mundo-sombra del país y esa circunstancia obligará al nuevo ministro a aceptar la idea de que en la Cartera que el Gobierno puso a su cargo, nada es lo que  parece ser. Tendrá que vivir como san Agustín, creyendo firmemente en la predestinación pero sin convertirse  en apóstata  del libre albedrío. 

Desde hace muchos años el Ministerio de Salud fue “tomado”  por una especie de Guaraguao-100 garras cuyas destrezas ponen en aprieto al más brillante de los ministros que allí designen.  Hasta hoy nadie sabe cómo es que dicho Guaraguao-100 garras descubrió que una ‘borona’ funciona idéntico a la “lógica pinta”, la más útil de todas las lógicas conocidas porque si usted sabe cómo usarla para sus fines, usted puede entrar y salir de la constelación lógica de las compras del Ministerio sin ser visto porque el único que lo ve, lo vigila y escucha todo es el Guaraguao-100 garras que anda por los pasillos mostrando su cortante pico, sus vistosas plumas y afiladas garras sin el menor riesgo de ser cazado cualquier día. Pues parece que en el Ministerio de Salud nadie tiene una licencia de Interior y Policía para portar una escopeta. 

Creo que el nombramiento del doctor Rivera fue oportuno, ahora cuando nuestra población  está siendo diezmada por una epidemia, porque a pesar de que el Ministerio de Salud es la institución del Estado responsable de afrontar la plaga y de diseñar los métodos y estrategias para su ataque y de la aplicación de la vacuna, la verdad monda y lironda es que no siempre  dicho Ministerio ha sido gerenciado por un experto, y aprovecho para decir que cuando digo “experto” me refiero a una persona que posee el mérito de constar con un sinnúmero de aptitudes o competencias capaces de inyectarle confianza a los subalternos para que estos aprendan  a centrar su atención no en el chisme y las nimiedades, sino en las arduas tareas que se realizan.  Y en situaciones como  esta lo sensato es que el Ministerio sea dirigido por una persona con una mente cuyas funciones cognitivas trabajen en una cascada estrictamente organizada y secuenciada donde la distracción no tenga lugar. 

La gente con  mente  organizada tiene la ventaja de que mientras dirige la puesta en marcha de una estrategia, un programa piloto o un ensayo, a media que supervisa su desarrollo es capaz de avanzar predicciones sobre los resultados y de prever fracasos. Sé que en el MSP hay gente capaz y honorable, impermeable a la pestilente zorrería, con los que el doctor Rivera puede contar, pero también abundan los que se comen un caballo muerto y tal vez al otro día evacuan solo el galillo. Enhorabuena, doctor Rivera


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