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A UTESA en la Semana de la Paz 2020


  • Redacción | 03-12-2020

Nos alegra colaborar y responder a la solicitud de la estimada Doña Minerva Calderón, vicerrectora Universidad-Sociedad, encargada y propiciadora de la celebración de la Semana de la Paz en UTESA, desde el año 2003; a quien felicito cordialmente.

La paz no es la mera ausencia de la guerra, ni se reduce al equilibro de las fuerzas adversarias, sino que con toda exactitud y propiedad se llama obra de la justicia.

Es fruto del orden plantado en la sociedad humana por su divino fundador Jesucristo, y que los hombres, sedientos de la más perfecta justicia, han de llevar a cabo.

El bien común de la humanidad se rige por la ley eterna, pero sus exigenciasconcretas están sometidas a continuos cambios, por eso la paz nunca es una cosa del todo hecha, sino un quehacer permanente.

La paz en la tierra no se puede lograr si no se asegura el bien de las personas y la comunicación espontánea, entre los seres humanos de sus riquezas, en lo intelectual y espiritual. Es necesario el respeto a los hombres, mujeres y los pueblos, como también a su dignidad y la fraternidad, para construir la paz.

Así la paz es fruto del amor, el cual sobrepasa todo lo que la justicia puede realizar.

El mundo necesita testigos convencidos, artesanos de la paz y abiertos al diálogo. La paz es un caminar juntos buscando el bien común y el compromiso de cumplir la palabra y respetar las leyes.

El proceso de paz es un compromiso constante en el tiempo. Es un trabajo paciente en búsqueda de la verdad y la justicia, honra la memoria de las víctimas y se abre paso como una esperanza común más fuerte que la venganza.

Debemos buscar la verdadera fraternidad ejercida en el diálogo y la confianza mutua. 

El deseo de la paz está inscrito en el corazón de la persona.

La familia, la escuela y los medios de comunicación deben educar para la paz.

Es necesario que el mundo y el país amen la paz, la construyan y la defiendan contra la insidia de una táctica de pacifismo que adormece al adversario o debilita en los espíritus el sentido de la justicia, del deber y el sacrificio; es preciso suscitar en los seres humanos de nuestro tiempo y en las generaciones futuras el sentido y el amor de la paz fundada siempre sobre la verdad, la justicia, la libertad y sobre todo el amor, con la oración de San Francisco:

Oh Señor, haz de mí un instrumento de tu paz.

La paz radica en el corazón y se refleja en la conciencia. Es hermana inseparable del amor y madre de la alegría. Alegría y paz se completan y son capaces de transformar una vida cualquiera en una vida nueva.

Vivamos la paz y confiemos a Dios nuestro deseo de mantener la paz.

Como obispo amigo de UTESA envío la Bendición de Dios desde el portal de Belén a toda la comunidad universitaria, presidida por el canciller Frank Rodríguez y la estimada y muy querida amiga, la doctora Lily Rodríguez de Eloy, rectora magnífica de UTESA-Sede. Así como también a todos los lectores del prestigioso periódico La Información, tanto en su formato escrito como en los formatos digitales.

* Antonio Camilo González,

obispo emérito de La Vega;

presidente Comisión Nacional Pastoral de la Infancia.


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