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Ateneo Amantes de la Luz de Fiesta: Natalicio de Peña y Reynoso


  • Elsa Brito de Domínguez | 01-12-2020

En mi labor educativa y cultural, uno de mis grandes anhelos es buscar cada día una identidad más plena y vigorosa de la ciudad de Santiago de los Caballeros, es lograr que en este momento histórico Santiago vibre en el Corazón del Ateneo Amantes de la Luz.

Propicia es la ocasión para resaltar la figura de Manuel de Jesús de Peña y Reynoso, que un día como hoy, 2 de diciembre de 1834, llegó a la vida como signo de esperanza para la nación dominicana.

Algunos datos relevantes de su vida testifican que nació en Licey, provincia de Santiago. Sus padres de origen canario fueron, Diego de Peña y Juliana Reynoso.

Humanista de múltiples facetas, maestro, político, pensador, periodista, crítico literario. Su labor educativa e intelectual fue fecunda. Entre sus obras importantes, fundó el Colegio La Paz y el Periódico el dominicano.

Se destacó como Director ejemplar de distintos centros educativos, incluyendo en el año 1902, la dirección de la Escuela Normal de Santiago de los Caballeros, pero su obra inolvidable fue la creación de la sociedad literaria Amantes de la Luz, el 4 de Junio de 1874, institución que a través de la historia representa uno de los centros de más prestigiosy símbolo de la ciudad Corazón.

La historia se moldea con acciones repetitivas, que con vehemencia, constancia y entusiasmo, llega al corazón de los pueblos.  Nos complace recordar que una atinada resolución del Consejo Directivo del Ateneo, resolvió señalar el día 2 de diciembre, como día memorable para rendir tributo a su ilustre fundador. La convocatoria educativa se realizaría en la plazoleta del Ateneo y agregaba la resolución, que la Escuela Peña y Reynoso sería siempre invitada especial, en honor a tan ilustre dominicano. 

Con pasión lírica y moralista, se evoca la vivencia de que prestigiosos estudiantes llevaban a escena la fábula "Las dos palmas", preciosa enseñanza, donde Peña y Reynoso plantea el eterno contraste entre las situaciones humanas y la profunda filosofía del sentido común de la vida.

Que la enseñanza moralista de esta inspiración nos anime a todos en el lugar que estemos, montañas, valles o llanuras, a entender el mensaje de Dios sobre la fraternidad universal.

Me complace transcribir esta fábula de grata memoria para mí:

Sobre un cerro empinado

-columna solitaria,

gallarda, majestuosa

una palma se alzaba;

y en un valle profundo

-majestuosa, gallarda,

solitaria columna-

alzábase otra palma.

“Yo soy, sí, la señora 

de esta bella comarca;

los arboles más altos

vegetan a mis plantas,

y mi soberbia copa,

del viento acariciada,

oculta entre las nubes

su agreste pompa y gala”

Así habló la del cerro

-con la voz de las auras-

a la palma del valle

que replica enojada:

“-¿Para qué tanto orgullo?

¿Por qué soberbia tanta?

Es acaso diverso

nuestro origen, hermana?

¿Acaso es diferente

nuestro fin, desdichada?

¿No cubre el mismo cielo

nuestra copa lozana?

¿No es una nuestra savia?

 cuando el rayo truena

y cuando el noto brama…”

No sigue: hiende el rayo

lamajestuosa palma

del empinado cerro,

y el noto la arrebata.

Empero, calla el rayo, 

el noto airado calla, 

y la palma del valle

compadecida exclama.

“Así la elevación 

de las criaturas pasa”

¡Oh! no hay más diferencia

entre las cosas criadas

Que las que ha establecido

-en la esencia preciada,

con justicia infalible-,

Naturaleza sabia”.

Peña y Reynoso es una figura señera en la historia de nuestro querido Santiago. Se recuerda que el 2 de agosto del año 2015, con motivo del centenario de su muerte, ocurrida en Cuba el 2 de agosto de 1915, se celebró en la Catedral Metropolitana de Santiago una hermosa liturgia, presidida por nuestro arzobispo, Monseñor Freddy de Jesús Bretón, con la presencia del cuerpo directivo del Ateneo y representantes de instituciones culturales y educativas.

Sean mis palabras un deseo ferviente de los miembros directivos del Ateneo,que tan dignamente preside el señor Blas Caba, de que todos abrazados en un mismo ideal y como fieles Ateneístas, siempre recordaremos el histórico 2 de diciembre, fecha memorable del nacimiento de Manuel de Jesús de Peña y Reynoso.


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