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Domingo y Altagracia Then, 61 años amándose como el primer día


  • Mariela López | 10-02-2021

Altagracia pronuncia el nombre de Domingo cantadito. Cuando él la escucha responde presuroso, atento, amoroso.

En una entrevista ofrecida a LA INFORMACION, con  motivo de la celebración del Amor y la Amistad, la pareja con 61 años de casados, cruzaba miradas de complicidad y ternura.

“Nosotros no estamos juntos por costumbre, estamos juntos por amor”, dijo Domingo, un hombre de temple, que le gusta leer y sembrar frutos.

Altagracia lo apoyó diciendo: “Domingo y yo nunca hemos dormido separados y si nos enojamos ese enojo no dura ni dos horas”.

Su historia de amor empezó por vía de un amigo en común, que los presentó.

“Cuando yo vi a Altagracia supe que sería la mujer de mi vida, vi una mujer buena”, afirma Domingo.

Ella en cambio asegura que estaba “indecisa” porque era muy joven para iniciar una relación de noviazgo. 

“Lo que me hizo decidirme fue que mi papá, que era una persona muy recta, dijo que Domingo era el hombre más bueno que había entrado a su casa”, expresa ella.

El acudió a pedir su mano acompañado de personas reconocidas de la comunidad y le llevó a su amada una caja rosada, con varios perfumes.

El 30 de agosto de 1959 se unieron por sacramento del matrimonio, en la comunidad de Licey al Medio. 

Altagracia presume que fue una ceremonia hermosa, donde sus hermanas del apostolado “Hijas de María” le realizaron un arco de azucenas desde la entrada de la capilla hasta el altar. 

De su unión nacieron: Rafael, Clara, Evelyn, Johanny, Kathy y Juan Guillermo, los cuales les han regalado 14 nietos y 10 bisnietos.

“En 61 años, nunca hemos sentido cansancio el uno del otro, si alguno hace algo que al otro no le gusta,  nos sabemos corregir”, cuenta Domingo.

La pareja asegura que para ellos el matrimonio no ha sido una carga.

“Lo importante para una pareja permanecer unida es el diálogo, que juntos tomen las decisiones de la familia y  que compartan funciones”, señalan.

Domingo afirma que desde que iniciaron su matrimonio, construyeron una vida en común en todo y enfatizó el “todo”.

“Aquí no se habla de esto es mío, aquí se habla de todo es nuestro, ni de esto te toca a ti o esto a mí, cuando Altagracia bañaba los niños yo los secaba y cambiaba”, narró.

Altagracia y Domingo, durante muchos años sirvieron a Dios como pareja, ofreciendo cursillos prematrimoniales.

Siempre abrazados o tomados de las manos, recorrieron comunidades y parajes, dando charlas y testimonios de que el amor fiel es posible.

“Yo les aconsejaba a las mujeres que hicieran lo que yo hacía, que cuando Domingo iba a llegar  del trabajo me arreglaba  bonita para esperarlo, ponía flores u otros detalles para sorprenderlo”, contó Altagracia.

Domingo en sus charlas les hablaba a los hombres de la fidelidad, les daba testimonio de ser un esposo fiel,  por su compromiso con su esposa y sus hijos. “Nunca he salido a la calle a buscar lo que tengo en mi casa”.

Según cuenta, muchos hombres reaccionaban asombrados y ponían en duda sus palabras, a lo que él les respondía que “para ser fiel, sólo se necesita ser un hombre”. 

“Se puede ser fiel, yo lo he sido y por eso predicaba y sigo predicando la fidelidad, porque tengo autoridad para hablar, pues  mi vida habla por mí”, resaltó.

Domingo y Altagracia aseguran que vivir 61 años de matrimonio y amor, es posible. 

Mirándose y sonriendo, contaron que  muchas veces  Domingo sorprende a Altagracia con un beso y  ella  confiesa que en ocasiones siente mucha necesidad de abrazar a su esposo.

Los esposos aconsejan a las parejas de este tiempo, que luchen por sus matrimonios, por el hogar y por conservar la familia.

Domingo y Altagracia  han hecho vida sus votos de amor. 

Ellos han cumplido la promesa pronunciada frente a Dios: “Yo me entrego a ti, y prometo serte fiel en las alegrías y en las penas, en la salud y la enfermedad, todos los días de mi vida”.


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