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Servio Cepeda Baré

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Servio Cepeda Baré | serviocepeda@yahoo.com

Interlíneas edición 15 de enero 2021


  • Servio Cepeda Baré | 15-01-2021

¡Buenos días amigos!... “La esperanza es una de las tres virtudes que el apóstol Pablo enumera en 1 Corintios 13:13: Ahora permanecen la fe, la esperanza y el amor, estos tres; pero el mayor de ellos es el amor. La esperanza se suele emplear en alusión a un deseo o aspiración; sin embargo, la esperanza cristiana implica la expectación de obtener el bien que se desea. “A la esperanza se la llama el ancla del alma (Hebreos 6:19) por cuanto otorga estabilidad a la vida cristiana”.

 “La vida está hecha de millones de momentos, vividos de mil maneras distintas ó diferentes. Algunos, buscamos amor, paz, armonía, comprensión, ternura. Otros sobrevivimos día a día, semana a semana, mes a mes, y de año a año. Pero no hay momentos más plenos que aquel en el cual descubrimos con alegría, que la vida , con sus constantes alegrías, y sus penas, debe ser vivida a plenitud día a día.

La esperanza ese sentimiento que experimentamos cuando las cosas no van bien y nos llega ese presentimiento o fé de que las cosas mejoraran o irán por mejor camino en un tiempo indefinido pero antes de que ocurra lo peor.

La esperanza esa confianza en que ocurrirá o se logrará lo que deseamos, puede ser una gran motivación y como dice esa vieja y conocida frase popular “La esperanza es lo ultimo que se pierde“. El estar esperanzados de que lograremos nuestros objetivos es algo muy importante, pero debemos de tener cuidado de que esta esperanza no se convierta en un refugio para no tomar las acciones necesarias que contribuyan a resolver nuestros objetivos.

Para que la esperanza tenga valor, debe ser puesta en acción. La esperanza no puede ser un subtituto de la acción. Si esperamos que las cosas se mejoren y usamos la esperanza como una razón para evitar el esfuerzo que contribuirá a lograr la mejoría, la esperanza no servirá para nada. 

Hay que tener esperanzas, pero no para refugiarnos en ella. Nadie puede prosperar solo con esperanza. Podremos encontrar el poder de la motivación en la esperanza y dedicarnos a la acción que es lo que necesitamos para convertir nuestros objetivos en una realidad. 

La acción es lo que hace que produce los resultados que queremos y para tener acción hace falta motivación que es donde puede jugar su mejor papel el tener esperanzas.Luchemos siempre enfocados en nuestros objetivos y sin nunca perder las esperanzas”.

Vamos a tener casi un año que “la vida nos ha cambiado de manera drástica y determinante como consecuencia de la odiosa pandemia de este COVID-19 que asola nuestra tierra. Es imposible no sentirse vulnerable ante esta situación, sobre todo por la incertidumbre de su verdadero alcance, por las implicaciones que tendrá para nuestra vida futura que con certeza experimentará cambios de forma y de fondo, y por las mujeres y hombres que aún serán impactados por ella en los días, semanas y meses por venir.

Y, más aún, duele saber que muchos están muriendo por más esfuerzos que se hacen en medio de la fragilidad de todas nuestras instituciones y estructuras vigentes en la sociedad; y, tantos más seguirán viendo sus vidas apagadas ante una situación que nos produce una sensación de impotencia.

Ante esto, es imprescindible procurar hacer una lectura de la realidad desde los ojos de nuestra fe para los que somos creyentes en Jesús, y ofrecer, para quien quiera abrazarla, la esencia de nuestra experiencia de ser seguidores frágiles, pecadores redimidos, de un proyecto de Reino aquí y ahora para el que somos llamados a ser co-creadores-as. 

Un proyecto que al final, a pesar de nuestras limitaciones y de nuestro horizonte tan corto, habrá de dar paso a una sociedad nueva de justicia, fraternidad y solidaridad, y que es un proceso atemporal en el que lo antes considerado despreciable o excluido, será la piedra angular para tejer la vida nueva.

En esto nuestra esperanza, y la invitación a transformar nuestra realidad paso a paso, aquí y ahora. En ese sentido, toda mirada sobre esta situación, habitando en las entrañas de la pandemia, debe ser en clave de ESPERANZA como el elemento imprescindible. 

Sin ingenuidad, es decir, sin miradas idealizadas o alienantes sobre una realidad inexistente, sino con la certeza de sabernos llamados a ser partícipes dando una respuesta firme y consistente para la conversión, con la fe que profesamos, según nuestra realidad y posibilidades particulares.

Estamos llamados a hacernos conscientes de que nuestra actuación será copartícipe del itinerario para salir adelante de esta crisis en clave comunitaria, y desde una opción ineludible e irrenunciable por los más vulnerados y vulnerables de nuestra sociedad, en el tiempo de esta PANDEMIA, y más allá de ella”… Dios los bendiga en cada amanecer.


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