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Ingrid González de Rodríguez

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Ingrid González de Rodríguez | ingridderodriguez@lainformacion.com.do

Belén, el lugar donde nació Jesús


  • Ingrid González de Rodríguez | 21-10-2020

Por cuáles caminos ha llegado la humanidad al concepto del monoteísmo, es decir a la idea de la existencia de un Dios único, cuya sustancia se sitúa infinitamente por encima de todos los seres de la creación? Se dan variadas respuestas a esta pregunta. Los antropólogos han descubierto en todas las culturas primitivas la creencia en fuerzas sobrenaturales tras las realidades visibles del universo. Estas fuerzas han generado cultos y creencias (fetichismo, totemismo, politeísmo, animismo etc.). En una segunda etapa los antropólogos han descubierto en las altas culturas de la antigüedad múltiples formas de organizar un conjunto de seres ultraterrenos, fijando sus características particulares. Un paso definitivo, en esta interpretación de la divinidad, se da cuando las altas culturas con operatividad racional llegan a la conclusión de que las cosas creadas y tangibles, han de tener un primer principio, un motor inmóvil (postuló Aristóteles) increado infinito, es el Dios cósmico de los filósofos de Pascal.   

 “Para las tres grandes religiones monoteístas (judaísmo, cristianismo e islam) la respuesta es de un signo totalmente diferente: el monoteísmo llega a los hombres en virtud de una revelación expresa de Dios, que tuvo lugar en un lugar y un momento concretos de la historia Para muchos pensadores y tuvo como destinatario a un hombre concreto: el Patriarca Abraham. Este Dios no es un ser abstracto, no es un concepto. Es una persona viviente que, que mantiene relaciones personales vitales con todos y cada uno de los seres humanos que pueblan la tierra a través de los tiempos. El monoteísmo no es, pues, producto de la razón. Es don de la fe a través de una comunicación personal con Dios”. Afirma Arturo Uslar Pietri, que una de las grandes fuentes de nuestra Civilización Occidental está en Israel. (Pietri, 1972, p. 11). Del pueblo hebreo nos viene la idea de un Dios único, de misericordia y justicia, el concepto de la moral como amor y nuestra concepción del destino ulterior del hombre. Somos los hijos de Abraham y de Moisés y los redimidos de Jesús”.        

Jesús nació en Belén, una villa pintoresca, situada a 9 kilómetros al sur de Jerusalén. Es una ciudad de montaña a unos 770 metros sobre el nivel del mar, al borde del desierto de Judea. Belén, lugar donde nació David, fue también unos mil años más tarde el lugar de nacimiento de Jesús.  Este hecho le otorga una gran importancia histórica y religiosa, quesiempre ha estado registrada en el sentimiento de muchos grupos: Pueblos, ciudades y regiones de otros países llevan el nombre de Belén. En sus orígenes la población de Belén pertenecía a la tribu de Judá, el rey David, daría una gran fuerza política al naciente reino de Israel, bajo él el reino adquirió un gran esplendor.

Conocer la ciudad donde nació Jesús, el redentor del mundo, y acercarnos a su perfil humano, nos llenaba de emoción. Visitamos la villa y los sitios importantes relacionados con la Natividad. Los más emblemáticos son la Iglesia de la Natividad, la Gruta de la Leche, y el campo de los pastores. Nuestra visita a Belén entrañó una hermosa experiencia espiritual. Recorrimos las calles de ambiente colorido, la Plaza del pesebre en el centro de la villa, un lugar de encuentro de los beduinos del desierto de Judea y otros pobladores de villas adyacentes.   

¡Que bellos los trabajos artesanales en madera de olivo! Especialmente los Rosarios.  Y lo más emocionante, cuando Príamo y yo entramos a la Iglesia de la Natividad, que conmemora el milagro del nacimiento de Cristo, que tuvo lugar en la humilde cueva.     

Al leer las Sagradas Escrituras nos adentramos en un acontecimiento trascendental:  

Dios no se revela en el triunfo o en el poder de un rey, sino en la humildad (el Niño Jesús) que vence a las potencias del mundo. El papa Benedicto XVI lo explica con acierto: “La gloria de Dios no se manifiesta en el triunfo y el poder de un rey, no resplandece en una ciudad famosa o en un suntuoso palacio, sino que pone su morada en el seno de una virgen y se revela en la pobreza de un niño”.   

El Evangelio de San Lucas documenta la razón del nacimiento de Jesús en Belén, en razón de que José, esposo de María, era descendiente de David, y como el país se hallaba bajo dominación romana, sus habitantes debían ir a su lugar de origen para empadronarse, en un censo, de cara a que la potencia dominante realizara el censo fiscal: "En aquellos días apareció un decreto del emperador Augusto ordenando que se censaran los habitantes del imperio. Este censo fue el primero que se hizo durante el gobierno de Quirino, gobernador de Siria. Todos iban a inscribirse a su ciudad. También José, por ser de la estirpe y familia de David, subió desde Galilea, desde la ciudad de Nazaret, a Judea, a la ciudad de David que se llama Belén, para inscribirse con María, su esposa, que estaba encinta".   

Iglesia de la Natividad  

Belén recibe más de dos millones de personas cada año. Las principales iglesias, Santa Catalina, Monasterio Armenio, Iglesia de la Natividad, la Casa de José, y la famosa gruta de la leche que ya mencionamos, forman un conjunto arquitectónico de normas estilísticas que expresan una visión del mundo de profundo contenido espiritual.  La Iglesia de la Natividad es uno de los templos cristianos en uso más antiguos del mundo, fue construida sobre la cueva conocida como portal de Belén. La primera edificación data del siglo IV después de Cristo, y se construyó por orden del emperador romano Constantino, el edificio es una combinación de dos iglesias, cuyos cimientos marcan el sitio preciso dónde nació Jesucristo. Está diseñada como una basílica romana típica, con tres naves y un ábside, y está cubierta en algunos espacios por mosaicos que cubren las paredes laterales, así como el suelo es de estilo romano, en el centro se observa un hermoso iconostasio y una red de lámparas, que iluminan el interior. Al fondo, destaca la caverna subterránea que expone en su centro un altar, que se levanta sobre el punto exacto del nacimiento, marcado por un agujero, en medio de una estrella de plata de 14 puntas rodeada por lámparas. Miles y miles de visitantes observan la estrella que señala el asombroso acontecimiento del nacimiento de Jesús.    


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