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Ingrid González de Rodríguez

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Ingrid González de Rodríguez | ingridderodriguez@lainformacion.com.do

Cuidemos el planeta


  • Ingrid González de Rodríguez | 27-10-2020

Pocas historias hay tan apasionantes como la del origen, evolución y arquitectura de la tierra. Una historia que arranca desde la explosión primordial o Big Bang que dio inicio al nacimiento del universo con los primeros átomos y partículas, prosigue con la formación de las estrellas, las galaxias y el sistema solar,  continua con el surgimiento de la vida en la tierra y culmina con la aparición de los mamíferos primates, un género que se llama a sí mismo Homo Sapiens, al cual pertenecemos.  

A menudo la comprensión humana de la naturaleza, el ámbito en que existimos y vivimos, resulta ser menos abarcadora de lo que se piensa. No obstante, la astronomía una de las ciencias más antiguas y profundas, con impacto desde que nuestros antepasados empezaron a observar los movimientos del sol y de las estrellas, realizando descubrimientos que han transformado profundamente nuestra concepción del cosmos; ciertamente pensamos en la función importante de la astronomía y su fácil comprensión pues es, una ciencia básica bellísima, esclarecedora, que puede llegar a convertirse en una afición emocionante.

El avance de la tecnología en el siglo XX y  XXI

Durante el siglo XX, el avance de la tecnología permitió incrementar el ritmo de los descubrimientos. En el nuevo siglo XXI la astronomía adquiere nuevos planteamientos que han revolucionado las teorías del universo desde la perspectiva de la ciencia moderna. Por ejemplo, desde 1918 se conocen las formas y dimensiones de nuestra Vía Láctea y su lento movimiento de rotación y en 1929 se formuló la teoría de que las galaxias tienden a alejarse entre sí. Eddington lo explicó mediante la expansión que experimenta en su conjunto el universo. Lemaitre formuló la teoría de la formación del universo hace 17 mil millones de años a partir del Big Ban.  

Todo esto nos hace pensar en la majestad de la creación de DIOS, ciertamente evidente gracias a los actuales avances científicos y técnicos. Del mismo modo, la radioastronomía ha logrado establecer la diferencia entre una estrella gigante roja y una enana blanca, e indagar sobre la edad de la tierra, que ya en el presente siglo, ha sido fotografiada desde lejos, desde diversas naves espaciales en un solo campo visual.

Finalmente hemos podido ver nuestro planeta como realmente es, una esfera habitable, relativamente diminuta, suspendida en el insondable vacío de los cielos y que se desplaza a 30 kilómetros por segundo, en una órbita sutilmente equilibrada, alrededor de un sol dador de vida, pero potencialmente letal. La tierra está colocada en un punto preciso, para acceder a la vida.  

Desde la Prehistoria, el ser humano ha mostrado supremo interés por su casa: el planeta tierra, el único objeto del sistema solar, y hasta ahora del universo, del que se sabe que puede dar sostenimiento a la vida. Muy valioso es para nosotros, saber que la tierra es el único planeta del sistema solar en que nosotros y nuestra descendencia puede vivir en condiciones naturales. De ahí que nos preocupa realmente el mundo que nos ha tocado vivir. Cuando pensamos en los retos y desafíos del futuro debemos recordar la crucial afirmación del eminente biogeólogo Preston Cloud, según la cual merece la pena, que tratemos de comprender nuestro planeta indudablemente finito, con su limitado y frágil sistema de sustento de la vida y la necesidad de tratarlo con sumo cuidado. 

El escenario futuro del siglo XXI no puede ser más retador, pues nos coloca frente al progreso y la esperanza que han traido como concecuencia los grandes avances científicos y tecnológicos, pero también nos pone frente a mundo en crisis, con problemas sociales, políticos, económicos y medioambientales, sobre los que debemos reflexionar.  Si el progreso moderno, el de la técnica, las máquinas, el consumo desmedido y la explotación indiscriminada de los recursos naturales, es sinónimo de calentamiento global, polución, y destrucción del campo, las aves, y los ríos, entonces no es verdadero desarrollo.

Debemos abrazar una idea de progreso que logre el equilibrio armónico entre naturaleza y técnica, entre desarrollo y humanismo. 

A pesar del brillante panorama que trajeron a la humanidad los grandes avances científicos de los siglos 20 y 21 , el hombre y la mujer de nuestro tiempo han sido testigos de amenazas que pueden ensombrecer el futuro: el armamentismo, la progresiva degradación del medio ambiente, y la inédita pandemia del covid -19 que ha generado una sensación de contingencia y crisis, son entre otros, los temas más  retadores de la actualidad.

ingridderodriguez@hotmail.com


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