Comentarios Recientes

0
Ingrid González de Rodríguez

Reflejos

Ingrid González de Rodríguez | ingridderodriguez@hotmail.com

Cultura y signos de identidad


  • Ingrid González de Rodríguez | 10-11-2020

Desde su aparición, el ser humano ha aplicado su creatividad y su inteligencia para desarrollar los conocimientos y las habilidades que han transformado el mundo. Es La debilidad de los instintos y la inadaptación biológica al medio natural, lo que le obliga a modificar su entorno para hacerlo más habitable y más humano. Es el desarrollo de la ciencia y la técnica, la transformación de las condiciones de vida. Hay indudablemente una superación entre la vida de las cavernas y la vida del hombre y la mujer de hoy en los grandes núcleos urbanos donde se cuenta con agua potable, energía eléctrica para modificar la temperatura del clima atmosférico.    

Por eso se dice que la cultura toma las necesidades biológicas que compartimos con otros animales y nos enseña a expresarlas de formas particulares.   

El notable filósofo Mario Bunge (1995), nos da sus claves de interpretación sobre el origen de la ciencia y el origen de la cultura como manifestaciones reveladoras de la inteligencia y la creatividad humanas, íntimamente asociadas a un poderoso sentido de cooperación,  propiamente cualitativo y exclusivamente humano.   

 “Mientras los animales inferiores sólo están en el mundo, el hombre trata de entenderlo, y, sobre la base de su inteligencia imperfecta pero perfectible del mundo, el hombre intenta enseñorearse de él para hacerlo más confortable. En este proceso, construye un mundo artificial: ese creciente cuerpo de ideas llamado ciencia, que puede caracterizarse como conocimiento racional, sistemático, exacto, verificable y por consiguiente falible. Por medio de la investigación científica, el hombre ha alcanzado una reconstrucción conceptual del mundo que es cada vez más amplia, profunda y exacta. Un mundo le es dado al hombre su gloria no es soportar o despreciar este mundo, sino enriquecerlo construyendo otros universos. Amasa y remoldea la naturaleza sometiéndola a sus propias necesidades, construye la sociedad y a su vez es construido por ella, trata luego de remoldear este ambiente artificial para adaptarlo a sus propias necesidades animales y espirituales, así como a sus sueños, crea así el mundo de los artefactos y el mundo de la cultura”.  

 “La cultura es un sistema formado históricamente de modelos de vida implícitos o explícitos, que es además compartido por todos los miembros de un grupo”. “La cultura es una construcción empírica del ser humano que desborda su determinación instintiva y le da forma a través del desarrollo lingüístico y el aprendizaje social (…). Es un rasgo constitutivo de la existencia humana y nos determina más de lo que creemos. Más que una serie de producciones y obras humanas dentro de un ámbito artístico determinado, la cultura es la manera que el hombre ha desarrollado socialmente su existencia. Para las ciencias sociales y humanas, la cultura es ese todo complejo que incluye las creencias, el arte, la moral, el derecho, la costumbre y otros hábitos y capacidades adquiridos por el hombre como miembro de la sociedad, es decir todo aquello que sirve de aglutinante colectivo y que determina nuestras conductas como sujetos sociales. En este sentido, no solo todos tenemos y formamos parte de una cultura sino que somos culturalmente constituidos. El hecho de que las características sociales no se constituyan instintivamente lo demuestran las diferencias entre los diversos pueblos, cuyo origen se encuentra en los distintos modos de interpretación de la realidad a partir de la adaptación concreta al medio natura. Tales diferencias no se deben a cuestiones genéticas propias de las distintas razas de seres humanos, sino al aprendizaje social. Además, el amplio significado de la cultura lo expresan las múltiples dimensiones que atraviesa. Así como es un dato significativo la manera en que las tribus antiguas acogían a sus crías o elevaban plegarias al sol, también lo es el arte contemporáneo o la influencia en nuestro tiempo de los medios de comunicación. Nada escapa a la expresión de la cultura, que afecta hasta nuestros comportamientos psicológicos más íntimos. Pongamos por ejemplo el vestido: ¿Qué nos lleva a vestirnos? ¿Una necesidad biológica provocada por la pérdida de pelo? ¿La vergüenza de sentirnos desnudos? ¿El reconocimiento del cuerpo como uno mismo y el rito de estar en sociedad? Desde una perspectiva antropológica, el vestido es un elemento cultural y, en cuanto tal, es un aprendizaje social así como un desarrollo psicológico”.  

Cada época histórica tiene un contexto particular que transmite la tradición, y la tradición significa el traspaso de los hábitos y las lecciones del pasado, al futuro en una progresión de tiempo y espacio que implica inteligencia, imaginación, ingenio e intuición y desarrollo psicosocial.  Nuestra singularidad humana se ve reflejada en la huella que dejamos en el mundo, el mundo mismo adquiere una nueva calidad, mediante la conciencia humana, a través de la relación de los seres humanos con él y las obras que ha ido construyendo a lo largo de la historia.    

Para el antropólogo Clifford Geertz, quien ha escrito un magnífico ensayo sobre el concepto de cultura: “La cultura deviene de ideas basadas en el aprendizaje cultural de símbolos que actúan como mecanismos de control del comportamiento. Las interpretaciones de nuestros impulsos permiten una convivencia social que no está programada naturalmente, sino que es configurada por la libertad. El ser humano, a diferencia de muchos animales, nace demasiado pronto para las capacidades naturales que posee, lo cual lo convierte en un ser indefenso y desprotegido al que es necesario cuidar después de su nacimiento. De este hecho biológico, al que el mero instinto no puede responder surge la formación cultural del núcleo familiar y de los poderes allí establecidos (roles). Es decir, no es el instinto, sino la cultura, la que garantiza la existencia de una organización básica encargada de las crías humanas. Esos procesos son aprendidos por medio de la inculturación o socialización, y de la elaboración de sistemas que atraviesan la sociedad con el fin de desarrollar un sistema de significados del mundo, que permite a los seres humanos aprehender, desde su nacimiento, como comportarse ante las diferentes circunstancias que ha de afrontar a lo largo de su existencia. La enculturación ocurre de múltiples formas: inconscientes, conscientes, intersubjetivas, individuales, etc. dependiendo de los diferentes contextos ambientales, sociales e históricos en los que se encuentre inmerso el sujeto. Esta serie de roles forma parte de lo que podría llamarse cultura inmaterial. Es posible dividir la cultura en material y no material, elemento fundamental para la investigación antropológica ya que implica investigar los supuestos o determinaciones no siempre expresadas de un pueblo. La herencia inmaterial es la que se transmite de manera más potente a través del tiempo, y por eso es posible una aproximación a la era clásica griega e interpretar adecuadamente su herencia, a diferencia de otras culturas. Esas dimensiones impersonales se cuentan entre aquellas formas de ser cotidianas que no son siempre perceptibles con el paso de los años. Por ejemplo, los hábitos alimenticios, o desde un punto de vista más individual, la manera en que se concibe la voz de la conciencia y la comunicación consigo mismo. La dimensión inmaterial de este valor cultural está dada por el lenguaje como elemento que nos determina y cuyo legado desborda las meras obras escritas”.  

“El significado amplio de la cultura se expresa en las múltiples dimensiones que esta atraviesa como proceso de progreso consciente, racional y libre, de todos los individuos que exige a veces elegir en función de valores. El hombre es creador de cultura porque es sujeto consciente y libre que coopera con otros en elaborar un modelo de hombre, unos valores e incluso una concepción global del mundo”. 

ingridderodriguez@hotmail.com


Comentarios

Name of User
Sé el primero en comentar

Ir arriba