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Ingrid González de Rodríguez

Reflejos

Ingrid González de Rodríguez | ingridderodriguez@hotmail.com

El Fenómeno de la connotación literaria

Kasimir Malevich. Suprematismo. Óleo sobre tela: Amsterdan, Museo Stedelikj.


  • Ingrid González de Rodríguez | 17-11-2020

Todo lo que es importante en la vida debe ponerse por escrito. La literatura es el arte que presenta los más diversos pensamientos, sentimientos, vivencias y emociones del ser humano, con toda la hondura, fuerza e intensidad que concede el poder de la palabra escrita. No es fácil precisar con exactitud dónde, cómo y cuándo comenzó a existir la literatura. Sin embargo, resulta conmovedor el darse cuenta de hasta que punto los sumerios, los egipcios, los hebreos, los griegos y los romanos, sentían las mismas emociones, experimentaban las mismas inquietudes y se entretenían en desarrollar temas humanos universales, en géneros literarios muy parecidos a los de uso actual.   

En casi todas las lenguas el concepto de literatura está íntimamente vinculado al documento escrito, pero si por literatura se entiende únicamente el conjunto de obras escritas, se consigue sin lugar a dudas, una limitación, ya que no se tiene en cuenta el patrimonio oral que generalmente precede a la redacción escrita y que en muchas culturas es la única manifestación literaria. La lengua escrita puede asumir cualquiera de las variedades de la lengua oral puesto que aquella funciona, en principio, como reproducción de la lengua oral, pero si se analiza con profundidad el lenguaje escrito, vemos que este no puede ser considerado simplemente como la transferencia del lenguaje hablado a otro medio, pues la escritura de la lengua desarrolla formas particulares y elementos específicos que son realidades distintas de las que produce la lengua oral. Lo cierto es que el lenguaje literario se distingue de cualquier otro, por su valor estético, o connotación (la relación con varios significados de una palabra).  

Tanto si es oral como si es escrita, la literatura se apoya siempre en un factor fundamental, el lenguaje, en su vertiente más asombrosa, la de poder dar una forma precisa al pensamiento, por medio del valor estético. En este orden, la literatura implica poesía, por lo tanto, esta realidad creadora debe expresar ante todo, la  belleza por medio de la palabra. No obstante, en una historia de la literatura entran también obras de carácter documental, en virtud de que puedan ser los únicos textos referenciales de un pueblo, y para un conocimiento profundo y una exacta valoración de la literatura no se puede olvidar el factor histórico que con frecuencia sostiene el estético. Aún en las sociedades tecnócratas e instrumentistas del mundo actual, la literatura permanece como un tema de cultura general de gran interés. Son innumerables los autores que a través de los siglos han iluminado el mundo con sus ideas, arrojando luz sobre los problemas más álgidos de la condición humana y siguen haciéndolo, pues la literatura descubre y devela, infinitos aspectos de la condición humana.   

“La literatura está presente en todos los tiempos, en todos los lugares, y en todas las sociedades. Podría incluso decirse que es una actividad inherente a la naturaleza humana y que, sea cual sea la forma en que se realice esta actividad, constituye uno de los medios más eficaces para relacionarse con los demás. A través de la literatura, el ser humano ha transmitido sus emociones, sus miedos, sus esperanzas y sus sueños etc. Y al mismo tiempo ha hecho disfrutar al otro, al oyente o lector, dándole la oportunidad de participar de esos mismos sentimientos”.

Si nos remitimos a lo señalado en la Biblia, el propio Adán, el primer hombre, ya comenzó a recoger en registros los primeros pasos del género humano, y en Altamira, una cueva, de seguro se entretenían con relatos. Sea como sea, lo cierto es que el impulso literario es muy antiguo en el ser humano y, de alguna manera ciertamente significativa, los temas que aparecen en los primeros escritos nos resultan sorprendentemente especialmente cercanos.   

Al observar la variedad de los factores que intervienen en el hecho literario,  llama la atención su heterogeneidad y complejidad, razones suficientes, para considerar que no existe un método único capaz de agotar en su totalidad el principio de la literariedad y los elementos de orden textual y extratextual que conlleva el arte literario.  Ante esto es importante señalar que el hecho de la interdisciplinariedad, presente en  las múltiples aproximaciones metodológicas que se emplean en el estudio del fenómeno literario han de tomarse en cuenta. Disciplinas tan variadas como la estilística, la sociología, la psicología, la hermenéutica, la filología, o la historia con sus propios métodos de trabajo e investigación son pertinentes en el estudio del fenómeno literario. Entre los métodos más empleados, señalamos, el método comparatista, historicista, filológico, de crítica textual, Histórico descriptivo, Psicoanálisis y crítica. Métodos estructurales, Nuevo historicismo, Desconstrucción, etc., indican las diversas perspectivas a la hora de situar los autores y sus obras en una visión coherente y la ubicación en un contexto histórico y cultural, a la vez que de tiempo y espacio.    

El lenguaje literario  

El lenguaje literario se distingue de cualquier otro, principalmente, porque amplía y enriquece el léxico, creando matices significativos con una incesante labor creadora. Eligiendo unas formas expresivas portadoras de belleza, el lenguaje literario difiere del lenguaje común. Si bien es cierto que el lenguaje humano es uno solo, el que utiliza la literatura en gran medida es distinto del lenguaje común que se emplea corrientemente. La expresión escrita y el habla poseen los mismos sonidos y los mismos procedimientos gramaticales, no obstante, entre ellos hay una gran diferencia, pues al escribir siempre hay un afán de superación: pero su diferencia más radical está en su fin ulterior, como ya sabemos, el lenguaje literario sirve para exteriorizar lo que sentimos, pensamos, o queremos, dotando las expresiones de emoción, afectividad y belleza. La información puede ser la misma, pero la realidad construida, ni tampoco, por supuesto, la reacción que debe sentir el receptor de uno u otro mensaje será la misma. El lenguaje literario ha dispuesto una serie de recursos formales (tropos, figuras de pensamiento, ambigüedad, hondura, extrañamiento etc.) Desde donde emergen rasgos singulares como la plurisignificación o inagotable plurivalencia de sentido: El mensaje y su capacidad de sugerir tantos significados, como lecturas e interpretaciones puedan hacerse de un texto.    

ingridderodriguez@hotmail.com


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