Comentarios Recientes

0
Ingrid González de Rodríguez

Reflejos

Ingrid González de Rodríguez | ingridderodriguez@hotmail.com

El perfil humano de Nuestro Señor Jesucristo


  • Ingrid González de Rodríguez | 29-03-2021

El elemento específico de la fe cristiana no consiste en aceptar como verdaderos los enunciados teológicos elaborados a lo largo del tiempo mediante deducciones lógicas, basadas principalmente en las categorías de las filosofías de la antiguedad y promulgados como “dogmas”. En cambio, el contenido fundamental de la fe es una persona: Ser cristiano significa creer en Jesucristo, en lo que Él es, en lo que significa.   En la Semana Santa los cristianos reiteran su compromiso con Jesús: seguirle y asumir la causa de la paz y la fraternidad entre los seres humanos creados por DIOS, procurando ayudar a transformar el mundo y su realidad, propiciando el humanismo ejemplarizado por el maestro. El perfil humano de Jesús de Nazareth. Nos coloca frente  a la existencia real de un hombre, cuya vida está documentada por los historiadores de la antigüedad por una serie de hechos que se registran hacia el año 50, es decir, apenas 20 años después de los acontecimientos que narran los evangelios.  

La mayor cantidad de referencias históricas documentadas giran alrededor de su muerte y crucifixión, un dato seguro de su biografía es que el fallecimiento ocurrió el Viernes 7 de abril del año 30, coincidiendo con la luna llena que viene inmediatamente después del equinoccio de primavera en el Hemisferio Norte. Han pasado 20 siglos desde el tiempo en que se desarrollaron su vida y su prédica, la hondura y permanencia de su mensaje adquieren a cada momento más fuerza y verdad. 

A lo largo de la historia la figura de Jesús ha sido contemplada desde diversas perspectivas (Gispert, Océano, 263) interpreta quién ha sido la persona que ha inspirado tanto amor, postulando una verdad revelada que los creyentes adoptan mediante un acto de fe.     

“Comprender quién ha sido Jesucristo y cuál ha sido la naturaleza de su trabajo ha ocupado las mentes y los corazones de innumerable cantidad de autores, investigadores y religiosos de todos los credos y escuelas a lo largo de la historia. De todo este trabajo, el realizado por los científicos y los historiadores en los últimos cien años es el más considerable de todos los tiempos. La figura de Jesús ha sido contemplada y analizada en el curso de la historia desde numerosas perspectivas. Un hombre manso y piadoso que se somete a los designios de Dios, que soporta sin quejas los sufrimientos, y por otro lado, un gran profeta, como taumaturgo dotado de poderes curativos preternaturales o como revolucionario radical que proclamó la subversión del orden establecido para liberar a los hombres de las cadenas de la esclavitud económica y social. Una lectura atenta de los evangelios revela en su conducta, y en su prolongación en las parábolas una personalidad riquísima y compleja con una inabarcable gama de matices.  

Es patente, ya desde el primer momento, su inequívoca inclinación hacia los pobres, los niños, los desamparados, los pecadores, las capas más humildes y marginadas de la sociedad. Jesús es compasivo y parece incapaz de negarse a socorrer a quienes acuden a Él en busca de ayuda. Se conmueve cuando piensa en que la muchedumbre que le sigue carece de alimentos, o en la suerte de sus discípulos cuando él muera, ya que se quedarán desvalidos y desorientados como ovejas sin pastor. No tiene ningún apego a los bienes materiales. Es clara su afirmación al decir:  “Las zorras tienen madrigueras y las aves nidos, pero yo no tengo donde reclinar la cabeza”. Sin embargo, no ofrece la imagen de rigor y austeridad de Juan El Bautista. Jesús se comporta como una persona sociable, acepta la invitación de una boda en Caná, come en compañía de publicanos y pecadores, pero también se sienta a la mesa de fariseos, o del acaudalado Saqueo, hasta el punto de ser acusado de llevar una vida regalada; tiene un elevado sentido de la amistad; llora con desconsuelo la muerte de Lázaro, y al traidor Judas le dirige un reproche dolorido: “amigo, ¿con un beso me entregas?  

Es notable la sensación de seguridad que se desprende de sus actos. Respetaba la admiración del pueblo porque enseñaba con autoridad, y no como los escribas. Se enfrentó con ánimo firme y sereno a los poderes militares, políticos y religiosos. No vaciló en presentar su propia doctrina, no sólo contra las tradiciones y las enseñanzas de los doctores y maestros, sino también contra los preceptos de la Ley Mosaica. Vivió también instantes de turbación que le llevaron a suplicar a Dios en Getsemaní que le ahorrara el suplicio de la muerte. Pero recobra el autodominio y acepta con serenidad su destino. Es en las horas de agonía en la cruz donde se revela el insondable abismo de sus vivencias definitivas, desde el angustiado lamento: Dios mío, Dios Mío ¿Porqué me has abandonado? hasta la entrega final confiada: “En tus manos pongo mi espíritu”. y dicho esto, murió”.    Jesús es la verdad, la Resurrección y la vida Eterna. 

ingridderodriguez@hotmail.com


Comentarios

Name of User
Sé el primero en comentar

Ir arriba