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Isabel Valerio Lora

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Isabel Valerio Lora | isabelvalerio@lainformacion.com.do

El síndrome de retraso de fase del sueño

Foto: Fuente Externa


  • Isabel Valerio Lora | 05-10-2020

“Un hombre que no se alimenta de sus sueños envejece pronto”. William Shakespeare.

Aunque es muy frecuente entre adolescentes, puede estar presente en personas adultas, quienes son incapaces de dormir en el tiempo socialmente estipulado y se le dificulta levantarse temprano. No es por pesadez, es por retraso en la fase del sueño.

El síndrome de retraso de fase del sueño es un trastorno del sueño producido por nuestro reloj interno o ritmo circadiano, que produce que el sueño se retrase dos horas o más al acostarse y que produce dificultad para despertarse por la mañana en el momento deseado, lo que provoca somnolencia diurna excesiva. Giménez Badia,Et al(2016).

El patrón de vigilia-sueño fluctúa de manera regular cada 24 horas, es decir con una periodicidad circadiana. Por lo que nuestro organismo ha de reajustarse cada día con el ambiente y los sincronizadores externos para evitar un desplazamiento progresivo.

La etiología del síndrome de retraso de fase del sueño es desconocida, aunque se propone una interacción anormal entre los mecanismos circadianos y homeostáticos que regulan el sueño y la vigilia, como un periodo circadiano intrínseco más prolongado de lo habitual, anomalías de la curva de respuesta a la luz, o una menor capacidad para compensar la privación crónica de sueño

 Síntomas del síndrome de retraso de fase del sueño:

El ciclo de sueño vigilia está retrasado.

Mucha dificultad para dormirse.

No se duerme lo suficiente.

Le cuesta levantarse.

Se presenta fatiga durante gran parte del día, desatención y bajo rendimiento escolar.

Mayor sensibilidad a la luz.

Recomendaciones para tratar el síndrome de retraso de fase del sueño:

Mejore la higiene del sueño. Cuide el entorno en el que duerme. Evite el consumo de bebidas estimulantes, no use dispositivos electrónicos por lo menos una hora antes de acostarse.

Fije horarios diarios para acostarse y levantarse. Incluyendo los días de fiestas y fines de semana.

Evitar las siestas.

Disminuir la exposición a la luz al anochecer e incrementar en la mañana. Dormir con una persiana levantada para producir exposición a la luz solar en los minutos que siguen al despertar.


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