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Ingrid González de Rodríguez

Reflejos

Ingrid González de Rodríguez | ingridderodriguez@lainformacion.com.do

En Israel, tras los pasos de Jesús (2 de 4)


  • Ingrid González de Rodríguez | 20-10-2020

Llegamos a Miskenosh Ananin, una residencia para académicos situada en Jerusalén justo detràs del Muro de los lamentos. La contemplación de Jerusalén desde el Monte de los Olivos asombra al visitante, hasta allí se llega por un llamado de la fe.   

“Y vosotros lo veréis y se alegrará vuestro corazón, y vuestros huesos reverdecerán como la hierba”. Fue con estas palabras, que el profeta Isaías (66:14) expresó hace más de 2.500 años, los sentimientos que animarían a su pueblo a la vista del esplendor de Jerusalén. Unos mil años después, un judío anónimo establecido en el monte del templo se hizo eco de las palabras del profeta bíblico grabándolas para siempre sobre las monumentales piedras, remanentes de la época del Segundo Templo. Eterna como la ciudad, esta frase no es menos adecuada hoy en día para describir la reacción de la gente ante el espectacular renacimiento de Jerusalén. En 1967 se completó el círculo de la varias veces milenaria saga de Jerusalén. Ingresó en la historia hace 3, 000 mil años, con el rey David, como capital del reino de Israel. Su destrucción por Tito en el año 70. EC. Fue el preludio de 19 siglos turbulentos de conquistas y reconquistas de potencias foráneas, hasta 1948, con la restauración del Estado de Israel, la parte occidental de Jerusalén volvió, a ser una vez más, la capital política del Estado Judío”.   

Edificada sobre doce colinas, Jerusalén, centro de peregrinación de tres grandes religiones, es actualmente más universal que nunca. Cumplió tres mil años de existencia y su larga vida de treinta siglos se sintetiza en haber sido testigo de excepción de la historia espiritual de la humanidad. La historia de Jerusalén, destruida y reedificada varias veces, conquistada y reconquistada otras tantas, hoy día reunificada como profetizó Isaías, es la materialización de un símbolo espiritual y cultural que perdura a lo largo de tres mil años: La ciudad Santa para cristianos, musulmanes y judíos, tras 19 siglos, crece y se desarrolla dentro y fuera de las murallas, al fulgor de su milenario esplendor.    

De Jerusalén Conservo vívida, la visión de la magnífica explanada del monte de los olivos, la carretera que serpentea hacia el valle de Cedrón, el paradigmático centro histórico y nuestro recorrido por los lugares santos de la cristiandad, en compañía de amigos muy apreciados del grupo de rectores de universidades de Latinoamérica y sus esposas.

Nos conmueve visitar la iglesia del santo Sepulcro, uno de los lugares más venerados del cristianismo, el sitio donde fue enterrado el cuerpo de Jesús después de la crucifixión. El templo cristiano incluye también bajo su techo: “El lugar que se llama Gólgota, que es dicho, el lugar de la calavera, del Calvario (Mateo 27:33) así como las estaciones 10ª. 11ª. 12ª. de la Vía Dolorosa.  

Este templo cristiano y su conjunto de edificios, que incluye las Estaciones10a., 11a. y 12a. de la Vía Dolorosa, contiene también la Iglesia de Santa Elena y la Capilla  de la Cruz. Cada una de dichas secciones ha sido construida en un período diferente y en estilo distinto. Todas están como aglomeradas en un edificio extenso. Aunque la Iglesia del santo Sepulcro se encuentra hoy en el centro del Barrio cristiano de la Ciudad Vieja de Jerusalén, tanto en Gólgota como el sepulcro estaban originalmente al aire libre, fuera de los muros de la ciudad. Su ubicación en extramuros, distinta de hoy, había sido determinada por una costumbre judía estrictamente respetada en los días de Jesús, consistente en la separación absoluta entre los quehaceres de la vida y los actos relacionados con la muerte –ejecución y sepulcro-, que siempre se llevaban a cabo fuera de los límites de la ciudad. Según parece, no lejos del noroeste del muro circunvalador en ese tiempo, había dos sitios adyacentes: el Gólgota –lugar de las ejecuciones- y una colina sin nombre donde José de Arimatea había preparado para sí- un sepulcro abierto en la roca, conforme a las costumbres de las familias judías opulentas. El sepulcro, probablemente, era una cueva funeraria judía normal, con un espacio cortado en la roca, de donde una puerta llevaba al interior de la cámara sepulcral. La puerta había sido cerrada por medio de una piedra rodante grande y pesada, que planteó un problema a María Magdalena y María, madre de Jacobo y Salomé, que preguntaron preocupadas: “¿Quién nos resolverá la piedra de la puerta del sepulcro?” (Marcos 16:3). En la cámara funeraria había nichos abiertos en la pared, donde se ponía al difunto. La configuración natural, tanto del Gólgota como de la colina del sepulcro, cambió fundamentalmente cuando, en  l siglo IV-EC, la mayor parte de la roca fue desplazada con el objeto de alisar el piso para construir la basílica. Hoy la roca natural puede verse solo dentro de la tumba, detrás de la Rotonda y a los pies del Gólgota. Los lugares Santos del Gólgota mantienen viva la tradición cristiana desde la antigüedad”.   

En el centro de la iglesia, del santo sepulcro que tiene la forma de un pequeño edículo, en el interior hay dos cámaras pequeñas, la primera es la llamada “Capilla del Ángel” guarda un banco de roca sobre el cual, narra la Biblia que tres mujeres habían visto al Ángel que les anunció el mensaje: “Resucitado ha” (Marcos 16:5-6), refiere el hecho del misterio de la resurrección de Jesucristo.   

Esta Iglesia, tiene asociaciones bíblicas de gran trascendencia y es uno de los lugares más venerados de cristianismo.  

ingridderodriguez@hotmail.com


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