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Ingrid González de Rodríguez

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Ingrid González de Rodríguez | ingridderodriguez@hotmail.com

Letras y Libros Filosofía de la Cultura, de Jesús Mosterín


  • Ingrid González de Rodríguez | 02-11-2020

Jesús Mosterín (1941- 2017). Destacado antropólogo, filósofo​ y matemático español cuyos ensayos abarcan una amplia gama del pensamiento contemporáneo. Sus reflexiones se sitúan con frecuencia entre la filosofía y la ciencia, a las cuales, consideró en constante sinergia. Catedrático de Lógica y Filosofía de la Ciencia en la Universidad de Barcelona, desde 1996 fue profesor de Investigación en el CSIC y Fellow del Center for Philosophy of Science (Pittsburgh). Mosterín es uno de los introductores de la filosofía analítica, la lógica matemática y la filosofía de la ciencia en España y Latinoamérica. Es autor de 28 libros, entre ellos mencionamos:  Filosofía de la Cultura, La naturaleza humana, La cultura de la libertad, Lo mejor posible: racionalidad y acción humana, La cultura humana, Diccionario de Lógica y Filosofía de la Ciencia, Los cristianos, A favor de los toros, y Filosofía de la Cultura.  

La noción de cultura es actualmente central en las ciencias humanas. En el libro “Filosofía de la Cultura”, Jesús Mosterín explica su teoría de la cultura, comparando la información genética con la cultural, considerando a ambas como un código de signos e información para vivir. De ahí que la gran novedad de este libro es, introducir la idea de unidad de información cultural: los memes, implican una concepción de la cultura, no sólo como herencia social, sino también biológica. Mosterín comprendió que actualmente, no es posible filosofar sin saber de biología, lo entendió y aplicó en esta obra.   

  “Los seres vivos somos entidades improbables y enormemente alejadas del equilibrio, sistemas frágiles e inestables que navegan contracorriente, oponiéndose a la tendencia universal hacia la entropía y el desorden, resumida en la segunda ley de la termodinámica. (Mosterín, 1994, pp. 15,16). Es sorprendente que haya seres vivos y que no todo se reduzca a rocas y gases y plasmas. Estos sistemas tan excepcionales solo pueden surgir, mantenerse y reproducirse a base de detectar, procesar, almacenar y usar información. La existencia, por efímera que sea de un ser vivo, por efímera que sea, es casi un milagro, es algo tan inverosímil y asombroso, que solo puede explicarse por la aplicación simultánea y coordinada de miles de trucos sofisticados. Por muy rebuscado e improbable que sea un truco, una vez descubierto, registrado y almacenado, puede ser aplicado una y otra vez en millones de ocasiones y en millones de organismos. Un truco es información. Y, sin esa acumulación de información, la vida sería imposible. El uso de esa información acumulada nos permite a los organismos remontar la universal corriente entrópica y seguir avanzando como funámbulos sobre el abismo. Y aquí estamos nosotros para contarlo. Los animales superiores poseemos dos sistemas procesadores de información: el genoma y el cerebro. El genoma procesa la información de un modo extraordinariamente lento, pero es sumamente fiable como de mecanismo de transmission y almacenamiento. El cerebro, en cambio procesa la información de un modo incomparablemente más rápido. Los cerebros son capaces de registrar los cambios al instante, y de procesar la información de un modo incomparablemente más rápido, aunque es menos fiable y eficiente en su transmisión y almacenamiento. Allí donde los cambios del entorno son lentos y a muy largo plazo, el genoma no da abasto para habérselas con ellos directamente. Algunas líneas genéticas han resuelto el problema inventando el cerebro. Los cerebros son capaces de registrar los cambios al instante, y de procesar la información rápidamente. Además son capaces de transmitir esa información de cerebro a cerebro, creando y acumulando así una creciente red informacional, que recibe el nombre de cultura. La cultura es la información que se transmite entre cerebros, es decir la información transmitida por aprendizaje social”.     

 omprender la etimología de la palabra cultura, al momento de ir tras la pista de su evolución semántica, es el objetivo del texto de Mosterín que transcribimos a continuación.

“El verbo latino colere significa originariamente cultivar. Así agrum colere significa cultivar el campo y vitem colere quiere decir cultivar la vid. La forma de supino colere es cultum, y de ella proviene la palabra cultura, que en latín significa primariamente agricultura. Así agriculturae son las diversas formas de cultivar el campo, y cultura vitium es el cultivo de las viñas. De ahí proceden palabras castellanas como “viticultura”, “silvicultura”, “piscicultura”, etc. El adjetivo latino “cultus” indica la propiedad de un campo de estar cultivado. Todavía ahora llamamos “incultos” a los campos sin cultivar. Originariamente, pues, “cultura” quería decir agricultura, y culto, cultivado. Y esa es la primera acepción que atribuye a esas palabras el Diccionario de la Real Academia Española. Quien cultiva un campo lo cuida constantemente. De ahí que el sustantivo “cultus” adquiriese también el sentido de cuidado, y se aplicase a las acciones con las que los sacerdotes cuidaban a los dioses, es decir, al culto que les rendían. Con esa acepción pasó al castellano como “culto” religioso. Posteriormente se abrió paso la metáfora que mencionamos arriba, según la cual, el espíritu de un hombre rudo es similar a la de un campo sin cultivar, y su educación análoga con el cultivo de ese campo, y se empezó a hablar de cultura animi, cultivo del alma. En el siglo XVII español la metáfora se aplicó sobre todo al lenguaje. Quienes hablaban o escribían con un estilo especialmente cultivado (o rebuscado) se llamaban a sí mismos cultos. Sus detractores los llamaban culteranos que sonaba a luteranos. Quevedo los llama culteros, que aún suena peor. Dos siglos más tarde la palabra cultura era asociada sobre todo con las actividades recreativas con que las personas educadas entretenían sus ocios: lectura de novelas, asistencia a conciertos, y representaciones de teatro, visita de exposiciones de pintura, etc. De designar algo tan fundamental para la sociedad romana como la agricultura, la palabra cultura había ido evolucionando semánticamente hasta acabar refiriéndose a algo tan superficial como los pasatiempos de la clase ociosa. Esta concepción vulgar, romántica y superficial de la cultura fue posteriormente eclipsada (al menos en el ámbito científico) por el uso que de la palabra cultura han hecho desde el principio los antropólogos. Cuando los arqueólogos nos hablan de la cultura magdaleniense o musteriense, se refieren al conjunto de las técnicas (sobre todo de producción de armas y herramientas de esos períodos). Cuando los etnólogos describen las culturas de los diversos pueblos aborígenes que estudian, se refieren tanto a sus técnicas productivas (en especial las agrícolas, si es que las poseen), como a sus formas de organización social, a sus creencias religiosas, a sus códigos morales, a sus costumbres, fiestas y pasatiempos. La noción romana de cultura como agricultura y la noción romántico-vulgar de cultura como pasatiempo prestigioso quedan así combinadas en una noción más amplia de cultura, que es la noción actual. Su primera formulación explícita se debe al antropólogo   británico Sir Edward Burnet B. Taylor: “cultura es aquel todo complejo que incluye conocimiento, creencias, arte, moral, ley, costumbres, y otras capacidades y hábitos adquiridos por el hombre como miembro de una sociedad. La cultura abarca así todos los conocimientos, capacidades, y hábitos adquiridos en sociedad, es decir, no heredados genéticamente. Franz Boas aceptó la definición de Taylor. Edward Sapir incide en la misma idea cuando caracteriza la cultura como el conjunto socialmente heredado de prácticas y creencias que determinan la textura de nuestra vida”.

Nuestra condición esencialmente simbólica es también la base de la importancia de la cultura en nuestras vidas. La cultura es el modo como los seres humanos modelan la naturaleza constituyéndola en su mundo por medio de una creación colectiva de símbolos y significados que son transmitidos a través de generaciones. Concluimos que el concepto de cultura hace referencia al cultivo del espíritu humano y a las facultades intelectuales y espirituales del hombre, en su sentido más general la cultura es el tejido social que abarca y define las distintas formas y expresiones características de una sociedad humana determinada.   

Ficha técnica:  

Autor: Jesús Mosterín  

Título: Filosofía de la Cultura  

Año de publicación: 1994  

Editorial: Alianza  

ingridderodriguez@hotmail.com


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